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Confirmación crucial

[Relato (363 p.) parte de El viaje]
– De cómo los fieles creyentes son guiados para elegir su rol en la sociedad

Cuando lo pensé bien me pareció atemorizante que alguien sepa tanto de mí y de mi vida. No es poca la información requerida para deducir los gustos de alguien y sus necesidades a cada momento. 
¿Y en el caso de una sociedad entera? ¿Cómo se recopila toda esa información?, me pregunté mil veces al recordar aquella época.

Todo empieza desde antes del nacimiento, desde el conocimiento pleno de los progenitores y su entorno.
No tuve que indagar mucho para entrever que la guía espiritual de cada madre asume lo propio del nuevo fiel hasta que éste confirme su vocación, al finalizar la adolescencia, y escoja a quién seguir.

Desde la más tierna infancia los niños son acostumbrados a entregar sus almas enteras a sus guías, todas sus sensaciones, todos sus pensamientos, por medio de confesiones periódicas. Nada puede quedar oculto.
Ello se da de forma directa salvo en el breve periodo de rebeldía que supone la adolescencia. Durante el cual recurren a medios indirectos: implantan modas por las que los fieles-rebeldes dan sus almas sólo por ser parte de un grupo.

Después de la «confirmación» un fiel puede cambiar de guía cuándo y cuántas veces quiera, pero con ello aumenta la incertidumbre de cuál sibila designó Dios para guiarle, alejándose cada vez más de Ella.
Por eso el proceso confirmatorio es tan importante. Por eso toda la educación de los infantes gira en torno al mismo, por ejemplo: se aprende a leer y escribir memorizando preguntas y respuestas relativas a la religión y las matemáticas se ilustran por medio de parábolas moralizantes.

Sobre todo se catequiza a quienes desean convertirse en sibilas.
Una sibila puede tener cuántas aprendices quiera pero sólo una de ellas heredará su cetro. No hay una edad preestablecida para el inicio formal de su formación. Lo usual es que se dé a partir de la confirmación pero ya desde mucho antes la sibila puede empezar a preparar a su aprendiz, dependiendo del apostolado que ha de seguir.

En especial las sibilas encargadas de mantener el orden social tienen muchas aprendices, al ser un servicio latente, que no siempre es requerido pero que cuando lo es, lo es en masa.

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*Este microrrelato es la continuación de A cada quien su carga (del Cap.05)

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