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Contratos necesarios (#036)

[Relato (397p.)  de la Parte I de El viaje]
-De la composición y funciones de los entes de gobierno entre mercaderes-

Gobierna el libre mercado, y como tal se va ajustando poco a poco.
Los puestos en el consejo ejecutivo no son vitalicios, mucho menos hereditarios. Todos los años debe salir al menos el 7% de sus miembros, pudiendo ingresar un número indefinido.
Si tal proporción no es removida (por mayoría de dos tercios) ni hay renuncias suficientes, saldrán aquellos miembros que hayan ejercido durante más tiempo.

Aunque es conocido como consejo ejecutivo, es un ente deliberativo cuya principal función es aprobar presupuestos y velar por su cumplimiento.
De su seno se elige un presidente y éste nombra una junta directiva (ente ejecutivo) de entre quienes hayan estado más cerca de alcanzar la presidencia. Dicha junta se debe renovar cada vez que cambie la composición del consejo en un 29%.

El consejo no hace leyes, sólo se encarga de registrar los contratos entre particulares para que exista una referencia clara. Existe todo tipo de contratos, desde comerciales hasta matrimoniales, pasando por los laborales y residenciales. Se registra no sólo el documento en sí, si no todas las modificaciones hechas y los motivos que las hicieron necesarias (vacíos legales que produjeron algún conflicto).
No hay leyes de convivencia ciudadana, los susodichos contratos y la creencia general en el dinero como mediador parecen ser suficiente entre ellos.

Para entrar al consejo se requiere el respaldo público de, al menos, un cuarto de los miembros. Se ve como algo natural la compra de los puestos (demuestra el interés que tiene el oferente).
Además hay miembros de segundo grado, encargados de abogar por intereses colectivos ajenos, que son conocidos como representantes. No pueden formar parte de la directiva y en lugar de requerir respaldo de otros miembros del consejo lo requieren de 1,31% de los contribuyentes de la entidad dada, junto al pago de la membresía, por supuesto.

Se firman contratos para que dichos representantes mantengan una postura determinada ante tópicos específicos (pudiendo mercar con los demás tópicos). Esos contratos suelen incluir reuniones, o asambleas, de rendición de cuentas y definición de objetivos, además de estipular el pago a realizarse según lo que se logre alcanzar.
Los más afamados representantes están entre los llamados sofistas. Dominan la retórica pero no creen en la moral, siento capaces de defender un argumento dado por falso sin el menor remordimiento: Pues todo, si se le detalla bien, puede ser definido como «falso con apariencia de verdad».

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*Nota: Ésta es la continuación de Afluencia por interés (Cap11), y ya que hace mucho que no describo una nueva parada de nuestro viaje, el próximo escrito será sobre los nativos.

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