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Principios de un cisma (#059)

[Microficción (401p.) de la Parte II de El viaje]
-De dos visiones encontradas y sus manifestaciones en el tiempo-

En el camino hacia una nueva nación de religiosos pude presenciar un leve altercado, una discusión no muy aireada pero sí llena de convicciones.
Mis padres me habían advertido que la tensión política es común en esa época del año, que por eso lo habían planificado así: cerca del día de la conmemoración del mayor cisma de la historia.

La discusión que presencié giró, como simpre, en torno a si la regente de una de las provincias más grandes de la nación debería asumir un papel más activo o no (sobre un tema que supe olvidar). Los argumentos iban más allá de capacidades gerenciales o de teorías conspirativas; se enfocaban en los aspectos teologales, en lo que Dios quiere de sus enviadas, de sus fieles.

Entre los religiosos hay dos facciones principales que se manifiestan de distintas maneras en cada nación:
Están los más tradicionalistas que creen que siempre ha de pasar lo que Dios desee que pase, para bien o para mal. Para ellos creer tal dogma o no es lo único que está en manos de un fiel, lo único que puede decidir. Volviéndose creyente o impostor en el proceso.
Pero también hay quienes creen que el deber de todo fiel, y más aún de toda guía, es desenmascarar la maldad, a las almas impostoras, es luchar contra el pecado, que es una lucha a muerte, por la vida eterna. Ellos creen que Dios actúa a través de sus enviadas y que evadir tal responsabilidad es el mayor pecado.

Esa discrepancia ha existido desde la antigüedad, desde la época de las guerras santas que dieron forma a las naciones actuales, cuando una pontífice promovió arrebatarle tierra santa a quienes consideraba infieles
Ella creía que su deber era hacer cumplir el mandato de Dios, creía que toda sibila debía actuar según sus creencias, que cada quien debía demostrar su fidelidad a Dios.
Por eso nombró muy pocas regentes (de entre quienes elegir a su sucesora), surgiendo una crisis de estado ante su muerte prematura que conllevó al cisma, a la elección de dos pontífices: Una para gobernar las zonas más antiguas y la otra para hacerlo en los territorios conquistados durante la guerra santa (que conformaron la nación que visitamos).

Esas dos visiones existen en todas las naciones de religiosos, y algunas extranjeras. Aunque nunca se han estructurado en forma de partidos políticos sí que tienen influencia en la toma de decisiones.

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