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Representación absoluta (#062)

[Microficción (367p.) de la Parte II de El viaje]
-De cómo los parleros se involucran a fondos en los asuntos nacionales-

También fuimos al Capitolio, un lugar frío y aburrido, con un hemiciclo encerrado, vetado.
Aunque el Parlamento Nacional es a veces ignorado e incluso despreciado, allí es donde se armoniza la vida de esa nación, allí es donde se engrana y se pone en marcha la política.

Para tratar asuntos nacionales cada cabildo nombra cinco delegados, sin importar su tamaño ni su población ni su poderío.
La elección es autónoma en cada cabildo y se hace en dos rondas: En la primera ronda (de selección) cada votante puede apoyar hasta dos candidatos, así es posible resaltar opiniones ocultas y posibles puntos de consenso.
Los cinco candidatos con más apoyos se someten a la segunda ronda (de redistribución) donde cada ciudadano vota por el candidato que quiere que le represente, por sólo uno de los cinco.
Todo ello para que cada votante sepa con precisión quién representa sus intereses, quién transmite su voz. (Una necesidad espiritual entre ellos.)

Las rondas de selección se hacen cada cinco años a menos que una minoría base (de un tercio de los votos o de los delegados) del parlamento nacional convoque a elecciones. Por otra parte puede haber una ronda de redistribución cada 29 días, si así lo desea una minoría sencilla del cabildo (un décimo de los ciudadanos activos). Esto último no produce convocatorias constantes, una tras otra, sin parar, porque cada ciudadano sólo puede usar dicha prerrogativa una vez cada 353 días.

Según la tradición para cada asunto se puede conformar un parlamento distinto, con distintos delegados, pero en la práctica desde hace mucho el proceso se ha simplificado.
En lugar de ello se da la posibilidad de hacer votaciones adicionales de redistribución de votos cuando no se llega a decisiones firmes. Para que la decisión sea firme en primera votación debe ser de dos tercios de los votos representados, si no se alcanza se deberá convocar una segunda votación, dando suficiente tiempo a que los cabildos que deseen redistribuyan sus votos. En la segunda votación sólo se necesita la mitad de los votos representados.

Toda decisión pasa por dicho proceso. Por ello es considerado un régimen dubitativo en exceso, casi inoperante, pero nadie se queja, sólo disfrutan discutir nimiedades.

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