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A04-Religiosos m11 Periodos de gobierno Viaje

Perfecto tiempo divino (#066)

[Microficción (377p.) de la Parte II de El viaje]
-De los periodos de gobierno provinciales determinados por las creencias-

Había una gran expectativa: La guía suprema convocaría un semi-cónclave, era seguro, pero nadie sabía en cuál provincia. No había dado ninguna señal.

Era notoria la tensión entre las regentes con más de cinco años en el cargo.
Había una lucha silente, una guerra fría para demostrar quién debía permanecer en su puesto.
Escenario previsible: Cuando el pontificado queda vacante se elige a la sucesora de entre las once regentes provinciales en ejercicio. Si se considera la avanzada edad de la guía máxima de ese momento, se puede entender el deseo vehemente por permanecer en el puesto, así sea un poco más: A un solo paso del mando absoluto o a un paso de caer en el olvido.

Las regencias se renuevan por medio de semi-cónclaves en donde las 31 sibilas con más años ejerciendo en una provincia dada se reúnen y seleccionan tres candidatas de entre ellas mismas para que la guía suprema haga la elección final.
El cargo de regente provincial dura, al menos, cinco años y es usual que se hagan renovaciones apenas sea posible, al menos en esta nación, pues consideran obligatorio hacer cumplir la voluntad de Dios cuanto antes: Hay que buscar la perfección divina.
Lo único que evita que siempre se haga tal elección de inmediato es que según la tradición sólo puede haber 17 semi-cónclaves por década, al menos que un imprevisto provoque una convocatoria extraordinaria. (Al ser once regentes siempre surge cierta asincronía.)
En aquel momento había cuatro regentes con más de cinco años en sus cargos pero sólo en unas semanas la pontífice tendría libertad de convocar un nuevo semi-cónclave. Tendría que elegir una provincia, una regente. El día se acercaba, la tensión aumentaba.

En otras naciones de religiosos no existe tal tensión.
Por ejemplo en la más federalista dichos periodos se cumplen con menos rigidez, las renovaciones sólo se hacen «cuando Dios quiere», es decir cuando el cargo queda vacante de manera natural o cuando ocurre algún inciden grave imposible de ignorar.
Por demás, allí no son once regentes sino doce: Se acepta la de la capital, que se asocia con la traición que produjo el gran cisma.
Allí dicen: No tememos a la traición, Dios nos protege del mal.
No es necesario actuar, sólo lo es confiar.

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