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Una bolsa vacía de peso

[Microficción (431p.) de la Parte II de El viaje]
-De la utilidad de un sistema bursátil sin fines de lucro-

Las instituciones públicas más fuertes entre mercaderes son las encargadas de fomentar la competencia (y de luchar contra los monopolios).
La más popular, como es de esperarse, es una bolsa de valores. Pero no es una bolsa convencional, es una de capital representativo y negociaciones anónimas conocida como bolsa vacía, pues en ellas no se gana dinero. Sólo sirve de base para mejorar la competencia interempresarial.

En ella se transan fichas que representan a las empresas, o mejor dicho, que representan la contribución de las empresas al desarrollo sustentable de la economía, la reputación ligada a su responsabilidad social, ambiental y productiva.
La ficha base, o semilla, es la relacionada a la bolsa misma. Cada ciudadano recibe cada año tantas de estas fichas como años de edad tenga, empezando a los 23 años, y además se le rembolsan aquellas que haya gastado el año anterior, premiándose así la participación constante.
Con esas fichas, o fracciones de ellas, se pueden adquirir aquellas otras correspondientes a las empresas que consideren merecedoras de incentivos fiscales, con lo que se evalúa el aprecio que la sociedad tiene por cada cual.

Para evitar coacción los intercambios son secretos. Además se usa criptografía a doble cara y una gobernanza distribuida contra el fraude y la adulteración de los registros:
En los centros de consultas, un funcionario verifica la identidad del ciudadano y genera un código criptográfico, la primera cara. Luego el ciudadano da las bases para la otra cara del criptograma, con lo que surge una huella única e irrepetible.
Finalmente el corredor hace todas las operaciones que tenga a bien. Las puede realizar de inmediato y/o dejarlas programadas (incluso para que sea recurrente en años posteriores), con lo que evita que se pueda deducir quién hizo cuál transacción por el momento en que asistió a la sede de la bolsa.
Los registros son fijados por casas matrices al resolver problemas matemáticos que dependen del resultado del anterior problema y de los propios datos tratados, con lo que una vez asentados no se pueden variar sin corromper los registros posteriores. Cada solución debe ser verificada por las demás casas para que sea definitiva.

Las buenas o malas negociaciones de los participantes sólo modifican la influencia que tiene cada quien en el sistema, nada implica una ganancia económica. Es más bien un deber ciudadano, es la leve contribución que se da para que todo funcione cada vez mejor.
Además es una forma de restarle (aún más) poder al estado: Mientras más personas participen, con más frecuencia, será mayor la proporción de lo recaudado por el estado que se destina a dicho sistema.

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