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Elecciones de todo tipo

[Microrrelato (413p.) de la Parte III de El viaje]
-De cómo se le resta poder al presidente pero no a la presidencia-

Llegamos a aquella pequeña nación atraídos por las elecciones presidenciales.
Allí creen en el poder centralizado y electivo: El pueblo debe estar representado por una sola persona que haga prevalecer su voluntad, siendo el pueblo mismo el único con derecho para elegirla.

Cuentan que en la antigüedad se elegía al más ilustrado del lugar, aquel que sabía (o parecía saber) de todo. Pero poco a poco, al crecer la población y ocupar mayor territorio, se hizo obvio que tanta sabiduría concentrada era imposible, que siempre sería necesario recurrir a consejeros, a quienes llamaron ministros.
En algún momento se sinceró el sistema, tanto en periodo de mando como en su discrecionalidad: El mandato debía ser por un tiempo definido, dependiendo de la voluntad popular (seis años si es electo con más de la mitad de los votos y cuatro si sólo recibe el apoyo de la mayor minoría), y los ministros debían ser quienes administraran los recursos públicos según su área de competencia, por lo que también debían ser electos, si no por voto popular, al menos por el voto de sus pares.
A la par se fortalecieron los colegios profesionales, cada cual con presidentes electos, que tienen la opción de ser ministros si el mandamás de la nación considera su área de conocimiento prioritaria y su tendencia ideológica aceptable. Los candidatos en sus campañas dejan entrever la tendencia ideológica que tendría su gobierno, a cuáles colegios preferirían.

Hay tantos colegios profesionales en cada área del saber como variantes filosóficas. Por ejemplo los colegios de economistas más tradicionales son los liberales y los colectivistas.
Depende del presidente de la nación escoger cuál lineamiento seguir, designando como ministro al presidente del respectivo colegio profesional, pero es usual que haya desavenencias y que termine optando por colegios menores. En el caso de la rama económica, el que más ha llegado al poder después de los tradicionales es el colegio reformista, seguido del conservador y del restaurador.

Así, el rol del mandamás es decidir cuáles áreas son las prioritarias y qué ideología se ha de seguir. Dichas decisiones son fundamentales pues la única forma de que un área reciba recursos es asignando un ministro que se encargue. Los ministros tienen plena autonomía sobre sus carteras y sólo pueden ser vetados por una minoría calificada (de un tercio) del consejo.

El presidente es como un abuelo sabio pero inactivo que dirige la nación y coordina las políticas públicas pero no maneja recursos.

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