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A03-Tiranos m11 Periodos de gobierno Viaje

Autoengaño en el tiempo

[Microrrelato (377p.) de la Parte III de El viaje]
-De lo que es necesario mantener un poco de estabilidad-

Esta es la nación de tiranos con periodos de gobierno oficiales más prolongados.
Hay toda una estructura que sostiene al mandamás, en especial una gran asamblea nacional que le da sustento político pero que también le quita parte del poder y le restringe muchos de sus movimientos. Además existe el (auto)engaño masivo de que cada gobierno ha de durar un solo periodo de diez años (al propio estilo de las naciones de dictadores).

En tiempos no muy lejanos algún gobernante promovió, e impuso, la idea de prohibir la reelección presidencial bajo pena de muerte para atenuar el instinto de luchar por mantener el poder sólo por mantenerlo y así hacer más efectivos a los gobiernos al forzar la consecución de otros objetivos. Para que dicha idea fuese más aceptable le pareció «necesario» conceder que el periodo de gobierno fuera de un decenio (lo cual aplicó a su propio mandato, por supuesto), creando además una asamblea donde repartir cargos.
Desde entonces todo ello se ha mantenido pero no de manera demasiado rigurosa. Por ejemplo, en la época de nuestra visita, la gran asamblea nacional al elegir al presidente en ejercicio, una persona timorata e irresoluta, también sugirió que se nombrara como general en jefe de la fuerza armada al anterior presidente, cuyo carisma era difícil de igualar, marcándose desde el inicio del mandato quién estaría a cargo.
«Aquí vive el presidente, el que manda vive enfrente», era una burla común.

Controlar dicha asamblea es la clave para controlar el ritmo del gobierno. Los distintos factores de poder se disputan de manera constante los espacios de acción.
Es una asamblea colectivista integrada por los diversos grupos que componen la sociedad, en proporciones dispuestas por el tirano, para que luchen por las condiciones necesarias para su desarrollo o por sus derechos civiles: trabajadores y empresarios, estudiantes, militares, clérigos, cultores y deportistas, jubilados y pensionados, entre tantos otros existentes o que se podrían crear, con sus respectivos subgrupos.

Así, un sindicalista o un dirigente militar o estudiantil podría ir adquiriendo cada vez más poder en la asamblea, ensanchando su esfera de influencia hasta hacerse del poder absoluto y gobernar hasta la vejez nombrando presidentes títeres.
La esperanza de quienes mantienen el sistema operando es poder beneficiarse en algún momento de él.

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