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Llegada de las militancias

[Microcuento (467p.) de la Parte III de El viaje]
-De una nación cuya base social está en los partidos políticos-

Apenas llegamos a aquella nación me contaron la noticia del mes:
Uno de los principales partidos había perdido la mayoría de los votos en una ciudad que desde hace mucho se consideraba uno de sus bastiones. Ello trajo consigo muchos movimientos políticos no sólo dentro del partido, sino también en general, en la formación de gobiernos en otras zonas.

Nos comentaron el mismo caso en múltiples ocasiones, siempre con argumentos distintos tanto en postura como en intenciones. En algún momento, al querer hacer mención al tema, me di cuenta de lo único que había permanecido invariable: Nadie había mencionado el nombre del alcalde destituido, ni su nivel de culpa en lo sucedido.
Las conversaciones siempre habían girado en torno al partido saliente y, en ocasiones, al que lo sustituiría.

Allí no se vota por individuos específicos, allí se vota por los partidos políticos.
El partido con más votos en una jurisdicción dada tiene derecho a nombrar al mandatario por un tiempo preestablecido y prorrogable, pudiendo cambiarlo cuándo y cuántas veces lo considere necesario.
El proceso es simple (y el mismo en todos los partidos): Después que una organización adquiere el derecho de nombrar al funcionario, se reúne un buró político, con sus 23 dirigentes más prestigiosos que deseen intervenir, y eligen al mejor líder local, que debe ser alguien que vote y haya hecho carrera en dicha circunscripción.

Los dirigentes del partido ganan prestigio en la medida que asignan gobernantes que cumplen con sus cometidos, que reciben evaluaciones positivas por parte de la militancia de la agrupación partidista.
Y es que esas evaluaciones son fundamentales en el sistema de ascensos entre los políticos de carrera: Los alcaldes sólo pueden ser electos entre los siete mejores jefes de distrito de sus municipios; Los gobernadores, entre los siete mejores alcaldes; El presidente de entre los siete gobernadores mejor evaluados del partido más votado.
Para que un partido pueda nombrar un gobernante de entre sus filas debe tener al menos once funcionarios en el rango inferior, de lo contrario sólo podrá postular tres candidatos (de sus elegibles) para que un buró multipartidista haga la selección. Ese buró estará compuestos por tantos representantes de cada partido como puntos porcentuales tenga cada cual en el último corte electoral.

La evaluación de los gobernantes de un partido la hace la militancia local del mismo por medio de votaciones secretas ponderadas según la antigüedad: Cada miembro tiene tantos votos como años consecutivos tenga activo en el partido.
Es importante resaltar que son años consecutivos ya que es común que los militantes de base sean suspendidos como medida disciplinaria. Sólo cuando se alcanza un escalafón mínimo como dirigente se obtiene cierta inmunidad.
Ello hace que sean usuales los padrinazgos, la única forma de llegar lejos es con alguien que te proteja de dichas suspensiones.

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