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A11-Militantes m07 Sentido cívico Viaje

El gesto cívico primordial

[Microcuento (439p.) de la Parte III de El viaje]
-De cómo los militantes anteponen los intereses comunes a los propios-

Un gran acuerdo se estaba formando, convertiría a una pequeña ciudad en un polo productivo gracias a una gran inversión del gobierno central, pero el ánimo en la ciudad estaba por el suelo, había caras largas por doquier.

Las últimas votaciones mostraban una gran dispersión del apoyo popular, uno de los grandes partidos había perdido gran parte de sus votos en favor de otras organizaciones más pequeñas.
El partido se oponía a la firma del acuerdo, no porque estuviese en contra del modelo de desarrollo que se implementaría o por algún motivo doctrinario, sino porque le arrebataba parte del poder directo que había ostentado desde mucho tiempo atrás, se lo arrebataba de forma definitiva.

Algunos dirigentes abogaban por postergar la firma hasta que se hallara un mecanismo para conciliar a las partes pero no alcanzaba el tiempo. En cualquier momento podía haber un cambio en el gobierno nacional que eliminara la posibilidad.
La mayoría de la dirigencia evadía el tema o lo menospreciaba. Sólo unos pocos aprobaban que los militantes del partido votaran por otras organizaciones hasta que se firmara el acuerdo y se pusieran en marcha los proyectos: El progreso de la comunidad implica el progreso de la militancia del partido, decían, y con ello la organización misma saldrá fortalecida a largo plazo, aunque en lo inmediato haya una disminución en la capacidad de acción, en el poder de negociación.
El progreso de la comunidad era el principal objetivo del partido y un voto coyuntural no cambiaría la grandeza de su militancia, ni su fidelidad a las doctrinas compartidas

Ese episodio ilustra el principal gesto cívico de un militante: anteponer los intereses de la comunidad, o de la nación, a los del partido.
En otras naciones ese gesto es más cotidiano, es casi intrascendente porque está implícito en el sistema, en lo pactado antaño. En cada elección los ciudadanos pueden votar en blanco o dar su apoyo a líderes específicos de otros partidos, a la opción que consideran menos mala, lo hacen sin que ello traiga controversia pues votar es una obligación moral y el método usado conlleva a tales prácticas.
Si la dirigencia del partido aplica mal las doctrinas que dice defender, hay que elegir la opción que muestre la dirección que se debe seguir. Es la forma más efectiva de corrección.

Pero aquí aún hay remanentes de las más antiguas tradiciones, cuando no había votaciones y sólo se debía comparar el número de militantes de cada partido para determinar quién(es) debía(n) gobernar o pactar los grandes acuerdos.
Aquí la militancia suele sentir la necesidad de influir desde dentro del partido, no desde afuera de él.

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