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Ángulo octavo: Senil

UnPretexto; UnConsejo

Un pretexto

Disfruta del día. Camina con suavidad, con lentitud (con paciencia, diría justificándose).
Oye el frenazo de un carro y un golpe seco a los que no le daría mayor importancia si no fuera por la reacción de muchos, por sus gritos, pedidos de auxilio y lamentos; si no fuera por la vehemencia de algunos otros que acuden corriendo. No puede evitar lamentarse a su vez, como si la tragedia fuese propia.

Tampoco puede evitar acercarse un minuto a la intercepción a curiosear (a ver en qué puede ayudar, diría): Frente al carro algunas voces repiten que “lo importante es que se mantenga consciente hasta que lleguen los paramédicos”, mientras que a un costado alguien defiende con soberbia a quien manejaba el carro.

Quiere acercarse para oír mejor, pues admira la capacidad de disuasión de su voz (o tal vez porque le atrae el contrasta entre la locura en su rostro y la firmeza y serenidad en su hablar), quiere acercarse pero oye unos fuertes ladridos a su espalda: El mismo perro bravo de siempre, liberado de su bozal.
Decide seguir su camino (huir deprisa), hay demasiada gente en la calle (ese perro le aterra).


Un Consejo

Oye esa soberbia voz que le había atraído (que le había preocupado, diría a sus amistades), oye cómo baja de tono poco a poco, pero sin perder su temple. 
Así mismo ve cómo se mantiene la locura de sus ojos, ese mirar perdido, angustiado (eso que más le había atraído/preocupado).

Se acerca, intenta entender el trasfondo de sus palabras pero no logra sacar nada en claro.
Sólo logra entender lo sucedido gracias a las palabras sabias, aunque obstinadas, de quien le había socorrido.
Se acerca cuando ya está por terminar su discurso, quiere ofrecerle un consejo (darle una orden). Intercepta su retirada: Aquí te necesitan, le dice y le pide que acompañe a ese ser delirante a una comisaría. Lo haría en persona, pero ya no tengo fuerzas suficientes.

Le ofrece dinero para un taxi, como gesto de buena voluntad (a sabiendas que lo rechazaría y justo cuando había visto uno acercarse, en medio del atasco). No tendrá excusas.
Ve sonriente como, poco después, llama al taxi con obstinación.
Siempre ha conseguido lo que quiere, sin apuro.


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