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A13-Votantes m04 Sistema judicial Viaje

Elección judicial ajustable

[Escrito mínimo (427p.) de la Parte IV de El viaje]
-De cómo los votantes influyen en su sistema judicial-

Una de las principales promesas de campaña del presidente estaba en tela de juicio. El tribunal supremo tendría la última palabra.
Dado el predominio de la presidencia en el sistema político de aquella nación llegué a pensar que el procedimiento sería un mero trámite, pero no fue así: el tribunal tenía plena autonomía y la sentencia debía estar bien fundamentada. Al parecer la influencia de la presidencia sólo se manifiesta al mediano y largo plazo.

Las competencias de los poderes públicos políticos relacionadas con el sistema judicial son de las que más cambían de manos, al menos en algunos detalles de sus procedimientos.
Por ejemplo, ya desde hace muchos años la designación de los magistrados del tribunal supremo ha estado, en mayor o menor medida, controlada por la presidencia de la nación (así como la de los magistrados provinciales por las gobernaciones) pero con cada nueva votación gubernamental se ajusta la discrecionalidad de la misma, el número de nominados de entre quienes puede elegir o la duración de los jueces electos en sus cargos.

Cada seis años, seis meses después de cada elección nacional, se elige a tres nuevos magistrados nóveles o suplentes, quienes tienen voz pero no voto en las sentencias finales.
Son electos al unísono de entre los magistrados provinciales para un periodo en el cargo que depende de la amplitud del consenso alcanzado, nunca menos de once años ni más de 17 en total, y que inicia apenas asumen el cargo como nóveles. Justo después de dicha elección los mismos magistrados supremos asignan el orden en que ocuparían una silla principal.
El número de supremos siempre ha de ser, al menos, el doble del de los nóveles más uno.

La designación de los magistrados la hace la instancia que hubiese recibido más apoyo de manera más recurrente por las dos últimas generaciones (o siete décadas).
En la época de nuestra visita se acercaba las elecciones de la mitad de las provincias, se esperaba que se reafirmara la preferencia de los votantes por el poder centralizado y unipersonal; se esperaba que los votantes apoyaran a pocos líderes en sus provincias, que sólo hicieran lo necesario para elegir a los gobernadores, restándole importancia al parlamento federal y allanando el camino para los comicios nacionales, dos años después.

Si se cumplían tales expectativas, llegado el momento, el parlamento federal tendría que nominar más candidatos que en ocasiones pasadas, dándole mayor libertad a la presidencia para elegir según su propia visión de futuro, mientras que el comité directivo nacional jugaría un papel casi simbólico haciendo la preselección general.

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A12-Técnicos m04 Sistema judicial Viaje

Por justa concordancia

[Microcuento (401p.) de la Parte IV de El viaje]
-De cómo se evalúa la eficacia de las leyes entre técnicos.-

El sistema judicial es autónomo y apolítico.
No se hacen consultas populares para definir quiénes componen sus organismos, en su lugar se evalúa la capacidad de los jueces de cada nivel para sentenciar en concordancia con sus pares y con la instancia superior.
Se asume que la conciencia de grupo es más justa que la individual: La sentencia correcta, la más acertada, es aquella que tomarían todos los demás. No importa la opinión propia, sino la posible opinión del conjunto.

En el caso del tribunal supremo primero los magistrados toman su decisión, pero la votación se mantiene en secreto, ni siquiera ellos mismos saben el resultado.
Luego los jueces principales de los tribunales provinciales (quienes esperan convertirse eventualmente en magistrados) votan al unísono de forma pública y sólo después se revela la decisión de los magistrados. Para que la decisión del tribunal supremo sea definitiva debe ser por mayoría sólida (de más de tres quintos), de lo contrario la última palabra será del conjunto de jueces provinciales.
Los jueces que hayan votado en concordancia con la decisión final reciben puntos a favor, mientras más jueces estén de acuerdo con una decisión, más acertada será la misma y más puntos entregará.

Así se va determinando cuáles jueces tienen mayor concordancia con la mayoría, con la decisión correcta, de manera recurrente. Así los jueces van siendo evaluados.
Los mejores jueces principales de las provincias, con más de siete años en el cargo, pasan a formar parte del tribunal supremo apenas alcanzan una evaluación mayor a la promedio de los magistrados activos o apenas haga falta para completar el mínimo de once magistrados. Pero así mismo, cada año, deja su cargo aquel con peor desempeño en cada tribunal provincial.

Es legendario un periodo en que once jueces rigieron por un septenio sin que hubiera nuevas incorporaciones: Ninguno de los aspirantes alcanzaba el promedio pues los magistrados solían formar acuerdos en sentencias cada vez más controvertidas. Así fue hasta que dicha métrica disminuyó por el fallecimiento de uno de ellos y se rompieron las alianzas internas.
Durante esos siete años se consolidaron muchas doctrinas que han permanecido por siglos. De hecho, el septenio judicial fue la etapa culminante de un proceso de automatización de las políticas nacionales que se dio a la par de la federalización del sistema.

Dichos jueces llegaron con tan buen prestigio porque sus sentencias marcaban la pauta desde mucho antes de ser magistrados.

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A11-Militantes m04 Sistema judicial Viaje

Defensa de lo de antaño

[Microcuento (449p.) de la Parte III de El viaje]
-De cómo los militantes mantienen sus acuerdos en el tiempo-

La justicia es un bien común que debe prevalecer a muy largo plazo.
Por eso todos los partidos que hayan estado entre los favoritos de una generación deben tener representación en el tribunal supremo que, en la práctica, es la instancia donde se realizan las negociaciones que marcan épocas.
(Mientras que en la asamblea nacional se negocian asuntos coyunturales.)

Los magistrados del tribunal supremo se escogen entre los jueces de circuito más imparciales:
Los partidos se van turnando la designación de dichos jueces, tanto en general como en cada circuito, sin importar el tamaño de sus militancias.
El buró de cada partido debe apoyar cada año a cinco jueces de otras organizaciones, excluyendo a los respaldados en las últimas tres ocasiones, con lo que se van acumulando apoyos entorno a aquellos con mejor desempeño, aquellos más imparciales, al menos en teoría.
Además cada año se debe renovar 1% o más de la judicatura, si no se da de forma natural se destituyen a los jueces peor evaluados que tengan más de siete años de ejercicio.

La elección de cada magistrado se hace en el seno partido que lo designó como juez, al que representará. La votación es a conciencia, secreta, por parte de la militancia de entre los cinco jueces de circuito más apoyados por los demás partidos. Cada organización tiene derecho a un número de asientos en el tribunal que depende de la votación más elevada que haya obtenido.
Cualquier partido que hubiese alcanzado 11% del apoyo popular (del padrón electoral) en los últimos 43 años tiene derecho a mantener un magistrado en el tribunal y por cada 5,93 puntos porcentuales adicionales puede nombrar un magistrado más, por lo que el número total de miembros del tribunal varía según las preferencias de la sociedad a lo largo de las décadas. Lo que le permite a cada cual defender lo acordado antaño.
Si un partido llega a alcanzar más de 47% de los votos en algún momento, algo muy poco común, tiene derecho a 7 curules (1*11+6*6=47) hasta que pasan 43 años de dicho registro, luego sólo tendrá derecho a 6 pues, de seguro, el siguiente registro será mayor a 41% de los votos.

El número más usual de magistrados que ha habido es 19; de los cuales entre once y trece son nombrados por dos partidos hegemónicos, tres de forma constante por agrupaciones medianas y los demás por partidos intermitentes.
En la historia destaca la época de los siete: Siete partidos que superaron el apoyo mínimo por más de un siglo pero nunca por mucho, por lo que el tribunal se mantuvo estable con siete magistrados.
Fue una época de gran diversidad de políticas públicas y de liderazgos.

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A10-Presidentes m04 Sistema judicial Viaje

Las elecciones judiciales

[Microrrelato (357p.) de la Parte III de El viaje]
-De cómo se seleccionan magistrados a distintos niveles-

La elección del presidente de un circuito judicial, o magistrado menor, siempre es algo relevante.
En esa nación los magistrados del tribunal supremo son escogidos de entre los tres (magistrados) menores mejor valorados por sus pares. El presidente de la nación en consejo de ministros tiene tal facultad, pero nada más. El resto del proceso es interno, entre los propios jueces:
Cada (magistrado) superior al quedar electo da su apoyo público a un menor y luego cada tres años, en la misma fecha, da otro apoyo a uno distinto. Así cada menor va recabando apoyos, siendo elegible como superior al ser uno de los tres con más apoyos conseguidos.

Llegar a ser un magistrado menor, o presidente de circuito, es un hito en sí mismo.
Sólo son elegibles quienes tengan más de diez años de ejercicio y la votación es un proceso de tres rondas, todas secretas.
Los jueces del circuito se dividen por antigüedad en tres partes iguales. Primero votan los más antiguos y los mejores cinco candidatos pasan a la segunda ronda, en la que participa el segundo tercio más antiguo. En la tercera ronda votan los más novatos por uno de los tres candidatos que hayan acumulado más apoyos en las dos rondas anteriores. El ganador asumirá como presidente del circuito judicial pero sólo será elegible como magistrado si obtiene dos tercios o más de los votos.
Al ser una votación escalonada se saben los resultados parciales, quedando de parte de los jueces más novatos decidir si quieren que el juez que lleva la delantera sea elegible o no para magistrado. Por lo general quien recibe más votos en la primera ronda es el elegido.

Un presidente de circuito tiene plena autoridad sobre éste, para eso fue electo por sus pares. Tiene la facultad de cambiar normativas internas que no estén en alguna ley nacional. Además su cargo es de prestigio: Es importante mantener la buena imagen, es importante ser (y parecer) ecuánime. Cada actuación está bajo la lupa, cada decisión es tomada en cuenta por los magistrados superiores.
Cualquier detalle puede acercar (o alejar) un asiento en el Tribunal Supremo.

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A09-Dictadores m04 Sistema judicial Viaje

Persuasivo poder blando

[Microficción (473p.) de la Parte II de El viaje]
-De cómo se pueden mantener las tradiciones con una sutil vigilancia

El dictador tiene poder total.
La corte suprema sólo cumple un papel simbólico, sólo aconseja al dictador o, mejor dicho, a la sociedad: Tiene un poder blando, tiene la capacidad de hacer que la sociedad se reúna en torno al dictador, que sea participe activa en sus planes, o no.

Las leyes vigentes son aquellas aprobadas en el tiempo, aquellas respaldadas por más dictadores sin sufrir grandes modificaciones, a menos que el mandamás en ejercicio diga lo contrario. Pero en dicho caso debe tener un motivo de fondo, debe estar enmarcado en su plan de gobierno o podría ser contraproducente para su mandato.
Por lo general el dictador decreta leyes y la corte suprema evalúa su consonancia con la tradición, y aunque igual pueden ser aplicadas si no reciban una buena calificación la sociedad las vería con recelo y podría resistirse a acatarlas, haciendo más difícil para el mandamás alcanzar los objetivos marcados en los comicios.

La corte suprema no tiene poder sobre el dictador pero igual se precia de ser un ente autónomo, de ser la conciencia viva de la sociedad, y hace todo lo posible para mantenerse así.
Está constituida por 17 magistrados, con mandatos de hasta 23 años. Cada 17 meses, si no ha habido ningún contratiempo, el juez más veterano deja su cargo y sus decisiones son juzgadas, pudiendo ser acusado de alta traición. De ser hallado culpable no sólo podría recibir la pena capital sino que su legado también podría quedar anulado, desde sus sentencias hasta los nombramientos que haya hecho (lo cual implica cierto grado de autoregulación como se verá a continuación).
Los magistrados se van rotando el nombramiento de los jueces encargados de los tribunales provinciales, de entre quienes se eligen a los futuros magistrados. Si un magistrado es hallado culpable de faltar al juramento de su cargo, los jueces provinciales que nombró dejan de ser elegibles a menos que se hayan declarado en rebeldía en el debido momento (ante una decisión dada que considerasen errónea). Dichas declaraciones de rebeldía son la base para los juicios posteriores, cerrándose así el susodicho círculo autoregulatorio.

En los mismos comicios donde se escoge al dictador y fijan sus objetivos también se nombran once magistrados sustitutos de entre los jefes de los tribunales provinciales con más de 13 años en el cargo. Justo después de ser nombrados como sustitutos, los magistrados en ejercicio los evalúan al unísono, quedando establecido el orden en que asumirán como magistrados. Por lo general sólo llegan al cargo los siete mejor evaluados.

Cabe destacar que los asuntos entre particulares son resueltos por tribunales independientes, no por derecho propio sino por el desinterés histórico de los dictadores. A la mayoría de quienes han tenido el poder absoluto (pero temporal) no le ha importado mantener la moralidad y la decencia, no está entre sus funciones ni ayuda a cumplir sus objetivos inmediatos.

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A08-Parleros m04 Sistema judicial Viaje

Selección de magistrados (#070)

[Microficción (373p.) de la Parte II de El viaje]
-Del sistema judicial entre parleros, de quiénes dictan las sentencias-

Los cabildos también se encargan de impartir justicia.
Cada cual designa una junta permanente de jurisconsultos para conocer los casos y dictar una sentencia inicial. Si la misma no es unánime, el pleno del cabildo asume el caso y la sentencia se determina según la representis, según la proporción de votos que considere culpable al acusado:
Si llega a cinco sextos será la pena máxima, y la mínima si es de la mitad de los votos. Si hay criterios diferentes entre el cabildo y la junta de justicia el caso pasa a la corte suprema de la nación.

Cualquier sentencia puede ser modificada por dicha corte, excepto la máxima, al menos en teoría (nunca ninguna decisión del cabildo ha alcanzado un acuerdo de cinco sextos)
La sentencia también puede ser revisada si los agraviados consideran que va en contra de los principios promovidos por el propio cabildo, en cuyo caso ha de prevalecer lo dispuesto en la mayoría de los cabildos correlacionados.

La corte suprema está conformada por siete miembros. Cada magistrado es electo en el parlamento nacional, por al menos dos tercios de los votos representados y dos tercios del total de delegados.
El periodo de mandato de sus miembros es indeterminado, pueden ser removidos en cualquier momento si en la asamblea se alcanza un acuerdo mayor a aquel con el que fue electo, tanto en términos absolutos como en relativos y tanto en votos representados como en número de delegados.

Para evitar grandes conflictos y largos debates, los magistrados son electos en el parlamento en una votación conciliativa, o de apoyos múltiples.
Cada delegado debe votar al menos por tres de los candidatos propuestos por las minorías base (dos candidatos cada una para un total de seis) de entre una lista de 19 preseleccionados.
La preselección también se hace con votaciones conciliativas: Cuando faltan en la lista tres nombres, o más, cada minoría sencilla postula tres jurisconsultos (dando 30 en total) y cada delegado vota por mínimo cinco de ellos. Quedando preseleccionados sólo tres por vez.

Los magistrados eligen entre ellos cada año al presidente de la corte.
Dicho presidente funge como representante del estado en actos protocolarios y en las relaciones externas:
Una nación son sus leyes.

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*Nota: Este escrito es la continuación de Iniciativas estudiantiles, cuarto de la primera nación de parleros que visitamos.

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A07-Nativos m04 Sistema judicial Viaje

Una justicia politizada (#056)

[Microficción (361p.) de la Parte II de El viaje]
-Del órgano colegiado usado por los nativos para dirimir sus diferencias- 

La justicia dentro de un feudo, o de una vecindad o de una familia, depende de su señoría.
Su señoría es dueña de todo lo que hay en su feudo y con ello puede hacer lo que desee. No hay leyes ni jurisprudencia que valga ante la soberanía de un dueño.

Al menos eso dice la tradición, en la práctica las señorías buscan mantener estables y prósperos sus feudos por el tiempo que duran en el mando, por el bien de sus propias familias, de sus herederos. Para ello es fundamental procurar la mayor satisfacción posible entre los suyos, que nadie se exceda en sus potestades.
La mayoría de sus señorías sólo intervienen cuando son llamadas. Nombran fiscales a lo largo de los feudos para que estén a disposición y dictan sentencia en persona, en el sitio, siendo el exilio la mayor condena posible según los acuerdos imperiales.

La relación entre feudos es distinta, ninguno tiene la supremacía. Desde la antigüedad ha sido difícil acordar quién debe tomar las decisiones definitivas. Primero se intentó dar tal potestad a un emperador pero fue imposible evitar que sus herederos abusaran de ella.
En algún momento se estableció una mesa de negociaciones, dicen que para fijar posiciones comunes ante un emperador soberbio y astuto.
En esa mesa estaban representados la mayoría de sus señorías. Fue difícil conformar un grupo compacto, capaz de tomar decisiones, fue difícil hallar personas que pudiesen interpretar los acuerdos imperiales y prever posibles consecuencias.
Y, al final, fue más difícil aún desprenderse de un órgano que costó tanto conformar.

Así, esa mesa de concertación se hizo permanente en forma de tribunal y sus miembros fueron nombrados magistrados vitalicios. Además se agregaron nuevos asientos (hasta un total de 11) para que el mayor número posible de señorías estuviesen representadas.
Se estableció que al quedar un puesto vacante, aquellos feudos con más tiempo sin estar representados, podrían nombrar al sustituto. Para ello las señorías hacen alianzas, obteniendo dicha potestad quienes sumen un mayor lapso promedio estando al margen.

El tribunal es un órgano político. En esa nación consideran la justicia como un asunto político, como el arte de tomar decisiones perdurables, trascendentales.

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*Nota: Éste es el cuarto escrito sobre los nativos, continuación de Intercambio de visiones. A continuación volveré con los tiranos y su particular forma de entender y usar el dinero.

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A06-Mercaderes m04 Sistema judicial Viaje

Descubrimiento de leyes (#049)

[Microrrelato (407p.) de la Parte I de El viaje]
-Del perfeccionamiento de contratos legales con algo de retorica-

Para los mercaderes la justicia está en hacer honor a los acuerdos suscritos, sin importar si estos parecen ser maliciosos o ventajista.

Al surgir un conflicto se debe rediseñar el contrato de origen, ya sea en el comité ejecutivo local, provincial o nacional. Se inicia un debate en el comité con la participación de los involucrados, o de sus representantes.
Se debate cuál es «el espíritu del conflicto», cuál su fundamento, bajo que principios actuaron las partes, cómo pueden regularse esos principios y hacerlos tangibles, predecibles.
En ocasiones, si alguien sufrió un daño o perjuicio, el comité puede dar una compensación. Pero ello sólo si se usó un contrato de los recomendados por el comité ejecutivo consultado.

En el proceso no se espera hallar un culpable ni mucho menos hacerle pagar una pena. El único objetivo es perfeccionar el contrato vulnerado, evitar que vuelva a surgir un conflicto similar.
Al fin y al cabo, para ellos, la justicia se encarga de descubrir las leyes intrínsecas presentes en una sociedad en una época dada.

Tales debates son protagonizados por profesionales dedicados a ello. Ya sea uno de los representantes electos para estar en el comité ejecutivo pertinente o por un orador externo.
Si el proceso es de alto perfil es común que contraten sofistas y, en ocasiones, ello se hace en subastas públicas. Es un espectáculo fascinante, es un debate a una sola voz:

Se inicia con el sofista puesto a prueba por una de las partes interesadas. Convence a todos. Quienes asisten creen que ya se acabó, que no es posible rebatir tales argumentos, es entonces cuando surge la magia: La contraparte (en la subasta) ofrece una puja mayor y el sofista, sin pudor ni duda, empieza su alegato desdiciendo todo lo expuesto con anterioridad. Convenciendo a los asistentes de su nueva posición, hablando hasta que todos creen que ya se acabó, que no es posible rebatir tales argumentos, y entonces vuelve a surgir la magia: Alguien más aumenta la oferta por sus servicios, el sofista analiza la situación y empieza a esgrimir tantos argumentos como sean necesarios… Con cada nueva oferta se está más cerca de la verdad, de la ley.

La subasta continúa hasta que una de las parte detecta, o cree detectar, algún error y deja de ofertar. Siempre queda la duda si el sofista erró o si sólo simuló errar, ellos también tienen corazón en el pecho, y a veces lo sienten latir.

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*Nota: Éste es el cuarto escrito sobre los mercaderes y antepenúltimo de la Parte I. En el siguiente volveré con los religiosos, comentando sobre sus impuestos más destacados, y después finalizaré la Parte I con lo que mantiene la cohesión social entre mercaderes.

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A05-Monarcas m04 Sistema judicial Viaje

Las máximas absolutas

[Microrrelato (377 p.) de la Parte I de El viaje]
– De los principios usados por los monarcas para buscar el bien común –

La principal prerrogativa del jefe de Estado es la justicia.
Aunque hay muchas familias dedicadas a la abogacía, la última palabra siempre recae en el rey, pues él debe velar por el bien común. 

La justicia debe ser más que una venganza legal y sistematizada. Ha de suponer la mejora continua de la sociedad. Cada decisión debe ser tal que haga deseable el cumplimiento universal y perpetuo de su máxima absoluta.
Debe ser tal que fortalezca la unidad del reino. Por ello el rey puede intervenir en cualquier decisión judicial que considere pertinente, sin necesidad de explicaciones.

Si bien el cargo de juez es hereditario, la tradición hace que la monarquía gubernamental deba intervenir con frecuencia.
Sólo puede heredar, y ejercer, el cargo quien tenga más de tres nietos en línea sucesoria. Si al fallecer un juez aún ninguno de sus hijos cumple tal condición, lo cual es usual, le corresponde al rey designar a un asistente tribunalicio que sí la cumpla.

Los hijos de un juez tienen gran influencia en éste, no sólo en su nombramiento (al decidir si darle nietos o no al aspirante a juez), sino  durante toda su carrera: Para ser juez es necesario que los padres de al menos tres de sus nietos sean asistentes en algún tribunal.
Así, es posible que si un hijo no apoya una máxima de su padre-juez puede, por ejemplo, retirarse de los tribunales el tiempo necesario para que éste no puede ejercer más, o al menos para que cambie de opinión.
(Estas posturas son consideradas por el rey al hacer sus nombramientos.)

Cada juez es autoridad única en su distrito judicial, estando sobre él sólo la corte suprema y el rey mismo. Para ejercer sus funciones debe seleccionar asistentes entre los hijos, que ya tengan herederos adultos, de otros jueces. El número de asistentes depende del tamaño de la población de cada distrito.
La corte suprema está constituida por siete magistrados, uno por ducado. El cargo es heredado por el hijo que primero haya tenido tres nietos o, de no haber, por el juez de su ducado que más nietos tenga en ese momento.

Si el rey decide nombrar un ministro de justicia, será el magistrado de la corte suprema más joven (o menos anciano).

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*Este microrrelato es la continuación de De abuelos a nietos (Cap.07)

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A04-Religiosos m04 Sistema judicial Viaje

Acuerdos entre confidentes

[Microrrelato (297 p.) parte de El viaje]
– De la creencia en un poder superior en la resolución de conflictos –

El apostolado con menos aprendices es el tribunalicio, el encargado de dictar sentencia definitiva sobre cualquier conflicto, en pro del bien común.
Las sibilas encargadas de ello, mentadas conciliatum, sólo actúan cuando son convocadas por otra sibila, por lo que lo hacen poco, pero sus decisiones no tienen apelación posible, su poder es absoluto en dichos episodios (por lo que mi familia intenta mantener buenas relaciones con la mayoría de ellas).

Por lo general las disputas entre creyentes se resuelven por un acuerdo entre sus sibilas. Nadie sabe cuáles son los mecanismos internos. Los fieles dirían que Dios ilumina a sus enviadas para que coincidan en todo lo necesario pero yo diría, por el secretismo y la rapidez en las decisiones, que debe haber rangos o niveles de autoridad, tal vez regidos por el número de seguidores de cada cual o los años de servicio.

Lo que más ayuda a evitar confictos es la amenaza creíble (para la mayoría) de un poder superior.
El mayor pecado es faltar a Dios, o a sus representantes, ocultarles una verdad. Si Dios quiere algo oculto, nadie lo debe develar; Si quiere algo develado, nadie lo debe ocultar.
Cada fiel debe confesar sus culpas con regularidad, por baladís que sean (ante su sibila o la aprendiz que ésta le asigne), lo que hace que esclarecer conflictos suela ser simple.
Si el pecado es capital y el pecador tarda en confesarlo, se vuelve merecedor de una sanción, a ser fijada por su guía.

Cada sibila tiene sus propios dogmas, aunque suelen coincidir en lo fundamental en ocasiones surgen grandes divergencias
Allí es cuando más poder puede llegar a tener una conciliatum, al tener la potestad de cambiar los dogmas particulares e imponer uno general en pro del bien común, o no.

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*Este escrito es la continuación de Confirmación crucial (del Capítulo 05)