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A01-Déspotas m16 Azar y probabilidades Viaje

Mercenarios con sorteos

[Microrrelato (361p.) de la Parte V de El viaje]
-De cómo toman las decisiones importantes unos déspotas muy particulares-

Lo que primero viene a mi mente al pensar en esta nación es cuando me eligieron como garante de la buena salud de unos secuestrados.
Recuerdo con claridad que la elección fue al azar entre varios diplomáticos extranjeros, recuerdo cómo los encargados lanzaron a suerte tal decisión sin preocupación alguna.
La base de todas sus estrategias es ser impredecibles.

Hasta ese entonces no habíamos tenido contacto con ninguna autoridad local, se hizo obvio que entre ellos gobernar no tiene ningún atractivo.
Es una nación errante, por siglos fueron nómadas, lo único que los asentó fue la formación de múltiples naciones alrededor. Quedaron confinados a un territorio áspero, improductivo, pero no por eso dejaron de ser errantes: Si bien ya no lo son en masa, como pueblo, lo siguen siendo como individuos. Desde jóvenes salen de sus casas de crianza para no volver, salen a (intentar) imponer sus leyes personales a donde van.

Casi todos son mercenarios.
Para protegerse entre sí y afrontar grandes trabajos suelen hacer pactos de honor pero no hay acuerdos sofisticados ni condiciones ni distribución de labores. Sólo pactan vengarse de quien traicione al grupo.
Los trabajos pequeños, que no requieren de todos al unísono, se los suelen repartir al azar entre los interesados y las recompensas a partes iguales. Son mercenarios más por tener desafíos variados que por el dinero y la única falla que son capaces de ver en uno de sus pares es la deslealtad. Algunas misiones son suicidas pero eso es lo de menos, entre ellos no aprecian la vida ajena ni la propia.
Incluso se suelen retar a duelo con armas maltrechas escogidas al azar, dependiendo así la victoria más de la suerte que de la habilidad.

Siempre están en guerra con las naciones vecinas. Realizan saqueos escogidos al azar pero planeados con esmero, no sólo para obtener la mayor cantidad de bienes posibles sino, sobre todo, para hacer la mayor demostración de fuerza, para realizar alguna proeza que trascienda.
El gobierno central es una necesidad molesta por eso también dejan su designación al azar. Nadie desea gastar energía en luchar en su propio territorio, un territorio que saben improductivo.

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A01-Déspotas m15 Votaciones complejas Viaje

Unas votaciones forzadas

[Microrrelato (381p.) de la Parte III de El viaje]
-De los pormenores del sistema con más consultas populares entre déspotas

Nadie le da real importancia a las votaciones, al menos nadie con poder de mando, al menos no por sentir que la voz del pueblo tenga relevancia.

Entre ellos dicen que el sistema sólo sirve para calmar los ánimos, para que el pueblo sienta la presencia del poder, para que sienta que se le toma en cuenta.
Cuando un líder local quiere demostrar su fuerza, la forma más eficaz es organizando votaciones: Es algo común, donde cada quien sabe lo que tiene que hacer, por lo que es fácil provocar e identificar a posibles rebeldes.

Las votaciones siempre se realizan en un solo lugar, una plaza pública por lo general, donde las personas son convocadas a una hora específica, siguiendo un orden estricto. Cada vez que doscientas personas han depositado su voto en una urna, se cuentan los mismos a viva voz, en una tarima al frente de una multitud, mientras que otras tantas van votando.
Sólo pueden estar en la papeleta los miembros de la junta suprema, es decir los consejeros del mandamás, que más que aconsejar sirven de chivos expiatorios cuando algo va mal: Suele ser culpado quien haya durado más tiempo siendo el menos apoyado en las votaciones.
El mandamás nunca debe ser evaluado en una consulta popular. Ello es una falta de respeto a la patria, es una traición, y su castigo nunca tarda en llegar.

A medida que un líder va ganando poder, amplía su territorio demostrando su autoridad en cada lugar con votaciones. Nunca convoca a demasiada gente en demasiados lugares, sería tomado como un desafío al gobierno central.
Como en cualquier lugar el gobierno puede caer de diversas formas: por una rebelión abierta, por un complot interno, por la muerte del líder. En la mayoría de los casos un nuevo mandamás es nombrado por la junta suprema, que suele ceder ante quien tenga el control de un mayor territorio, ante quien haya logrado hacer convocatorias recurrentes en más lugares.

Dicen que el sistema lo impusieron naciones vecinas que, luego de una gran confrontación, decidieron que el territorio quedara como neutral. Hubo una intensión oculta pero compartida: que se formaran gobiernos débiles que pudieran ser fácilmente reconquistados cuando terminaran sus propios conflictos.
Esas dos naciones desaparecieron, implosionaron. Mientras que ésta se expandió sin haberlo planeado.

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A01-Déspotas m13 Ajuste de representis Viaje

Eliminando los escollos (#069)

[Microficción (359p.) de la Parte II de El viaje]
-De cómo mejorar la cúpula de gobierno por medio de acuerdos tácitos-

Hay entre déspotas un movimiento subterráneo, pacifista, pasivo. Por todos conocido, por nadie temido. Capaz de mantener el equilibrio político de sus naciones.
Dicen que son muchos, que están por todas partes, pero nadie se atreve a decir un número, ni siquiera ellos mismos: No se reúnen ni siquiera se conocen, sólo pueden intuir cuántos son por los rastros que dejan, pues entienden la forma de actuar de sus iguales.

Mis padres me cuentan que es común que se acerquen a los diplomáticos en busca de solidaridad, o al menos de consejo. Suele ocurrir en todas las naciones de déspotas pero sobre todo en ésta, la más moralista.
Y así pasó, algunos de ellos buscaron a mis padres, hablaron con ellos, uno por uno. Nunca he sabido que temas trataron pero supongo que no fueron muy agradables.
Tal vez empezaron discutiendo cuáles dirigentes eran más nocivos y por qué.

La única forma que tienen de alcanzar la representis, la mayor representatividad posible, es depurando los déspotas menos beneficiosos, que aportan menos al sistema.
Lo hacen poco a poco, sin alboroto. No atacan al mandamás, se desataría una guerra sucesoria. Atacan a sus allegados, a aquellos que consideren más nocivos.
Siempre hay dudas de cuál debe ser el siguiente. En principio actúan por instinto, con pequeñas dosis, haciéndose necesario que muchos de sus pares hagan lo propio para que se vea algún efecto específico, para saber que se ha elegido bien. Necesitándose la colaboración de tantos más para alcanzar la meta final, para mejorar un poco la representatividad de la cúpula con un mal déspota menos.

A nadie parece importar, tal vez porque no provocan grandes combates.
La mayoría de los déspotas gobernantes no creen en venenos ni en conspiraciones, no creen que puedan morir por algo que comieron o bebieron. No sienten ninguna curiosidad ante muertes repentinas, sólo creen en lo evidente, en los ataques directos, físicos, brutales
Por eso nadie tiene miedo a ese grupo de déspotas.

Si bien son pacifistas, lo son en términos despóticos. A veces para reducir la violencia hay que usar violencia, dicen: Liquidar al individuo más agresivo de un lugar aumenta la paz.

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*Nota: Este escrito es la continuación de Invaciones benefactoras y el último de la cuarta nación de déspotas que visitamos.

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A01-Déspotas m12 Gestiones cotidianas Viaje

Invasiones benefactoras (#058)

[Microficción (353p.) de la Parte II de El viaje]
-De cómo se puede hacer el bien por maldad

El rumor era cierto:
Un inquisidor mayor abandonaría su tercer apostolado e invadiría, junto a sus hombres más cercanos, una región desatendida de una nación vecina (también de déspotas), una región semiárida, empobrecida por años de mala gestión.

Al principio (de nuestro viaje) no comprendía cómo los déspotas podrían progresar despreciando las labores productivas y, más aún, las académicas.
Hasta ese momento había sido un enigma para mí cómo hacían para solventar los asuntos cotidianos más simples: Nunca había oído mencionar organizaciones de algún tipo que tratara tales asuntos, y es que ni siquiera veía los motivos que podían tener para hacerlo. De seguro no sería para ayudar al prójimo ni al conjunto de la sociedad.

Los inquisidores, además de purificar territorios expulsando los malos espíritus, también se encargan de mejorar las condiciones de vida de los fieles para que el maligno no halle tierra fértil a la cual aferrarse.
Dicho inquisidor desertor había hecho carrera evangelizando zonas desérticas, tenía una especial habilidad para hallar y explotar acuíferos y, más importante aún, para someter a grandes poblaciones manipulando la distribución de agua.
Por eso decidió retirarse a donde pudiese usar el entorno a su favor. Un lugar que estaba a punto de perder grandes cosechas por falta de agua, cuya infraestructura había sido destruida por sucesivas guerras y que tendría que ser abandonado en masa si no se hacía nada al respecto.
Los lugareños no se opusieron a la invasión, aun conociendo la cruel fama del mandamás. Tal era la desesperación.

Ahora, ya pasados varios años de aquellos sucesos y sabiendo un poco más de déspotas, se me hace difícil estimar la cantidad de vidas que salvó, no sólo por la hambruna que evitó, sino por el ciclo de guerras qué tal situación extrema hubiese generado.
Vale la pena aclarar que no lo hizo por benevolencia, después de asumir el control se olvidó de todo precepto religioso, impuso su ley y gobernó sin compasión sobre quienes quisieron habitar la región.

Su llegada no significó el fin de las sequías: Es bien sabido que desde aquel momento todas las sequías allí han sido inducidas.

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*Nota: Éste es el decimosegundo escrito sobre las naciones de déspotas, mientras que el siguiente será el décimo sobre las de religiosos y versará sobre las principales facciones existentes en su seno.

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A01-Déspotas m09 Impuestos y dinero Viaje

Vacuna del desprecio (#035)

[Microrrelato (293p.)  de la Parte I de El viaje]
-De los motivos y mecanismos con los que se cobran tributos entre déspotas-

Parte de ser déspota está en demostrar que lo eres, que puedes someter a quienes están en tu territorio.
La forma más simple, y beneficiosa, de demostrarlo es imponer el pago de un tributo: La vacuna (conocida así porque mantiene al lacayo inmune de los arrebatos coléricos del déspota).

Este tributo se aplica a discreción en todas las naciones despóticas, desde las más tradicionalistas hasta aquellas con votaciones populares recurrentes. El mismo no está descrito en ninguna ley, no se aplica de manera coherente ni constante, sólo surge al capricho del déspota.
En una ocasión vi de cerca cómo fue cobrado por simple desprecio a los trabajos productivos. Ese déspota en particular parecía tener entre envidia, por no poder producir por sí mismo lo que tomaba, y desdén por la incapacidad del lacayo para defender lo propio.

La vacuna se suele cobrar en bienes tangibles. Los déspotas no confían en dinero ni en promesas de pago.
Cada quien extorsiona o saquea a quien puede, a quien le produce más rédito con un menor esfuerzo. Desde el déspota nacional, que tiene los medios para extorsionar a los jefes de cada provincia, hasta la matrona en su residencia o el abusador de una calle, que saquea y vandaliza comercios y residencias hasta que es linchado.
Es usual que haya migraciones en las que se huye de un déspota local demasiado agresivo, en las que cada quien se establece donde estén las condiciones que está dispuesto a tolerar.

Hay tantas políticas de vacunas como regímenes locales, como déspotas con ambiciones. Algunas vacunas son crueles y despiadadas, otras más crónicas y recurrentes.
Si bien el objetivo principal es demostrar poderío, más vale hacerlo con un mínimo de disimulo. Si un déspota superior conoce de las ganancias obtenidas…

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*Nota: Ésta es la continuación de Como quiera en su reducto (Cap01), y ya que he estado escribiendo de cobrar y de dinero, en el próximo escrito volveré con los mercaderes.