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A05-Monarcas m08 Sistema federal Viaje

Una injerencia fraternal (#055)

[Microficción (319p.) de la Parte II de El viaje]
-De los inconvenientes que pueden surgir por querer ser símbolo de unidad-

Cuando estábamos por irnos surgió una crisis.
La rama de la casa real que mantenía el poder en uno de los virreinatos estaba siendo cuestionada por una de las cortes hermanas.

Si bien cada virreinato es autónomo en sus asuntos, para mantenerse coligados, la elección de los tres virreyes se hace en conjunto: Las cortes generales de un virreinato dado postula cinco candidatos y entre las tres cortes eligen al adecuado con dos tercios de los votos, siguiendo un procedimiento análogo al de la elección de funcionarios del estado conjunto (como el canciller).
La pérdida de la confianza de una de las tres cortes supone la revocación del mandato, e incluso la simple insinuación de tal posibilidad suele provocar la renuncia del virrey. El descrédito de una remoción perdura por generaciones.

Ese escenario era el anhelado por el conjunto de nobles que produjeron la crisis: sólo querían alcanzar la minoría base necesaria (de un quinto de los votos) para convocar una votación de censura y así provocar la renuncia del virrey, pero no lo lograron. Muchos de ellos no cumplían los requisitos para poseer sus títulos, esperaban que el golpe mediático fuese tan rápido y certero que la ilegitimidad de sus títulos pasara desapercibida.
Los títulos nobiliarios se obtienen por asignación, de la corte general del virreinato, o por herencia. Para heredarlo se debe recibir el visto bueno de la familia, de sus miembros consanguíneos con hijos. En el seno de cada familia se elige a un monarca, o jefe de familia, de entre los tres con más hijos y nietos.
La elección debe ser por unanimidad, de lo contrario las familias cercanas, por enlace conyugal (y con títulos nobiliarios), tienen derecho a la injerencia amistosa.

No hay un poder central modelando a la nobleza, sólo en ocasiones las cortes generales crean nuevos títulos pero el desarrollo posterior del mismo dependerá de los nobles locales con que se emparente.

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*Nota: Éste es el tercer escrito sobre la segunda nación de monarcas que visitamos. Su sistema federado pero entrelazado me recuerda a las naciones de nativos, que son federalistas por definición y que afianzan su unidad por medio de un sistema judicial político y previsor.

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A03-Tiranos m08 Sistema federal Viaje

Consejo de demagogos (#043)

[Microrrelato (391p.)  de la Parte II de El viaje]
-Del papel que desempeñan siete pueblos tiránicos en una federación-

El gran consejo plenipotenciario se encontraba reunido. Negociaban el presupuesto general del estado.
El tirano-canciller tiene la potestad de modificarlo pero no lo hace a menos que desee atacar allí, de inmediato, a alguien en particular. El presupuesto es para él un simple legajo parte de la escenografía del poder. 

Lo que mantiene unida a la nación no son las instituciones ni la tradición. La mantiene unida es la retórica, la demagogia, la capacidad de (auto)convencimiento de que se necesitan unos a otros. 
Quien pueda aportar algo de retórica son bienvenidos, y recompensados con una parte del poder y del territorio para que desarrolle, junto a los suyos, el modo de vivir sus pasiones.

La nación surgió de despojos de guerras absurdas, de revoluciones y contrarrevoluciones. Tardó en consolidarse, ningún modelo satisfacía a la más mínima mayoría. De hecho se consolidó por partes, cada idiosincrasia por su lado hasta que vieron la conveniencia de que hubiese un poder superior que los protegiese de amenazas externas.
La provincia que primero se estabilizó lo hizo con base en el dinero, en el deseo malsano por acumularlo, pero la provincia que logró la unidad de la nación fue la gobernada (y habitada) por seres deseosos de poder, de ser admirados por su poder. Sólo trabajan por la unidad para satisfacer ese simple, y poderoso, fetiche.
La capital fue establecida de común acuerdo en una de dos ciudades autónomas, en aquella que consideraron más segura, más protegida de arranques ambiciosos que pudieran echar todo por tierra. Fue establecida entre personas blandas, contemplativas, sin el ánimo necesario para rebelarse, cuya retórica sólo sirve para reiterar por qué (casi) nunca hacen nada.

En el consejo se reúnen representantes de las siete entidades federales (dos ciudades autónomas y cinco provincias) cada cual con un número de curules proporcional a sus aportes para la nación y a las prioridades que determine el tirano-canciller que se necesita en cada momento y ocasión.
Por ejemplo, al sentirse vientos de guerra, son convocados en gran cuantía aquellos demagogos que suelen ser dominados por la ira y la venganza, o en caso de celebraciones, derroche y espectáculo concurren los más glotones y lujuriosos.
La elaboración de argumentos justicialistas se le encomienda a los más envidiosos. De hecho, cuando llegamos a esa nación, ellos llevaban la voz cantante (en torno al presupuesto). 
Nadie recibiría demasiado.

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*Nota: Ésta fue la decimoquinta nación que visitamos (tercera de tiranos). Su sistema federal, capaz de mantenerlos satisfechos, es lo único que conserva la unidad. A continuación describiré el federalismo de la segunda nación de religiosos que visitamos en nuestro viaje.

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A02-Prolíficos m08 Sistema federal Viaje

Llegada de la Unión

[Microrrelato (381 p.) de la Parte II de El viaje]
– Del cambio de la estructura de poder en una nación de prolíficos –

Mis padres planearon nuestro viaje a la nación más poblada para que coincidiera con sus fechas patrias, en especial con el Día de la Unión.
Ese día se conmemora la sesión final del congreso fundacional donde 23 ciudades autónomas decidieron conformar una nación. 

Cuenta la historia que la propuesta más apoyada era crear un consejo superior con un representante de cada ciudad (su respectivo anciano benemérito), el cual sería asistido por una asamblea federada con las letradas más destacadas de cada ciudad.
Como siempre ello significaba que las abuelas tomarían las decisiones en una asamblea, mientras que los abuelos sólo firmarían el ejecútese en un consejo «superior» como un acto simbólico

Llegado el día, el Acta de la Unión habría de ser firmada por los 23 beneméritos en una sesión solemne, donde sólo se leería y aprobaría (sin discusión, como es costumbre).
Sorpresa: Se leyó y aprobó un acta distinta a la acordada en la asamblea después de meses de deliberación. Una que rompía con la tradición, una que establecía como principio supremo que al morir algún benemérito, su sucesor sería elegido por sus pares de entre tres candidatos predispuestos por el finado que cumplieran las condiciones de rigor, a saber: que tuviese más de 61 años, que tuviese más de 17 nietos y que hubiese sido cuñado del implicado.

La asamblea federada sólo conservó la mitad del poder, la mitad propositiva.
Si las resoluciones emitidas reciben el apoyo de más de la mitad de las letradas o de más de la mitad de los comités de las ciudades (con el voto de dos tercios de las representantes en cada cual), la resolución pasa a ser considerada por el consejo superior, o de abuelos.
Si dos tercios de las letradas, o de los comités de ciudad, votan a favor de una resolución, la misma queda aprobada así no obtenga el visto bueno del consejo superior.

El susodicho principio sucesorio acabó con el poder blando de las abuelas, ya no gobernaría el más prolífico, ya no había motivos para escoger, o pactar, al candidato ideal para cada nieta en celebraciones estratégicas.

Todo cambió pero no hubo ni lamentos ni rebeldía, sólo hubo aceptación.
Nunca supieron cómo pasó. Sólo cabe suponer que fue un complot orquestado no por abuelos sedientos de poder, sino por nietas sedientas de libertad (amorosa).

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*Nota: Ésta fue la doceava nación que visitamos en nuestro viaje, la tercera de las prolíficas.