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A10-Presidentes m09 Impuestos y dinero Viaje

Las decisiones aplazables

[Escrito mínimo (467p.) de la Parte IV de El viaje]
-De la poca influencia de algunos gobiernos sobre asuntos impositivos-

Todo buen presidente (como si fuera un director de orquesta) debe poder estudiar a profundidad una visión de gobierno y diseñar la mejor forma de interpretarla con los instrumentos y ejecutantes que tiene a mano.

Por ejemplo no debe necesitar modificar el sistema de recaudación impuestos. Si el plan de gobierno que diseñó requiere de un sistema tributario distinto es que escogió un enfoque filosófico inadecuado para ese momento y lugar, como un director que escoge mal la composición musical para un auditorio dado.

En todas las naciones de presidentes los impuestos son un tema de Estado, que se debe tratar con una visión a largo plazo, por lo que presidente deberá obtener el visto bueno de quienes pudiesen ocupar su cargo en los próximos periodos de gobierno, es decir, de quienes obtuvieron más votos después de él, al menos los dos candidatos que le siguieron en votos: Si la modificación de las leyes es en verdad necesaria, no debería haber problema pues beneficiaría a los gobiernos sucesivos.
Eso es lo que quieren creer pero en la práctica las leyes tributarias tardan generaciones en ser modificadas, la situación debe ser insostenible, debe ser tan insostenible que sólo se vea una solución (traumática por lo general).
Los mismos principios se aplican en todos los niveles de gobierno e incluso en muchas instituciones autónomas o privadas, en la recaudación de fondos para financiar sus presupuestos.

Si los presidentes de gobierno suelen tener poco control sobre el sistema tributario, es aún menor el que tienen sobre la emisión monetaria.
Los gobernantes no tienen poder directo sobre la política monetaria que se ejecutará durante su mandato pero sí en su desarrollo futuro, sobre el nombramiento de los futuros miembros del directorio encargado.

Los directores duran en sus cargos siete años, renovables una vez, y sus nombramientos se hacen con años de anticipación: Después de cada elección presidencial se nombran los suplentes al directorio principal de entre los miembros de carrera de la propia institución, que asumirán durante el siguiente mandato. Son nombrados por los tres candidatos presidenciales que obtuvieron más votos: El más votado, es decir el mandatario recién electo, nombra cuatro suplentes, el segundo más votado nombra dos y el tercero uno solo, imponiéndose el orden en que asumirán de manera alternada en rondas sucesivas (1-2-1-3-1-2-1).
Los sustitutos nombrados por un presidente sólo asumen si hay un cambio de gobierno, es decir: Si un presidente es reelecto no ocuparán los cargos los sustitutos que él nombró, sino aquellos de los otros dos líderes más votados.

En todo caso, lo que más autonomía da a dicho directorio, es que su presidente es electo por sus propios miembros de entre aquellos que tengan más de once años como directores. Es decir de entre aquellos que hayan recibido respaldo en dos periodos distintos.

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A10-Presidentes m04 Sistema judicial Viaje

Las elecciones judiciales

[Microrrelato (357p.) de la Parte III de El viaje]
-De cómo se seleccionan magistrados a distintos niveles-

La elección del presidente de un circuito judicial, o magistrado menor, siempre es algo relevante.
En esa nación los magistrados del tribunal supremo son escogidos de entre los tres (magistrados) menores mejor valorados por sus pares. El presidente de la nación en consejo de ministros tiene tal facultad, pero nada más. El resto del proceso es interno, entre los propios jueces:
Cada (magistrado) superior al quedar electo da su apoyo público a un menor y luego cada tres años, en la misma fecha, da otro apoyo a uno distinto. Así cada menor va recabando apoyos, siendo elegible como superior al ser uno de los tres con más apoyos conseguidos.

Llegar a ser un magistrado menor, o presidente de circuito, es un hito en sí mismo.
Sólo son elegibles quienes tengan más de diez años de ejercicio y la votación es un proceso de tres rondas, todas secretas.
Los jueces del circuito se dividen por antigüedad en tres partes iguales. Primero votan los más antiguos y los mejores cinco candidatos pasan a la segunda ronda, en la que participa el segundo tercio más antiguo. En la tercera ronda votan los más novatos por uno de los tres candidatos que hayan acumulado más apoyos en las dos rondas anteriores. El ganador asumirá como presidente del circuito judicial pero sólo será elegible como magistrado si obtiene dos tercios o más de los votos.
Al ser una votación escalonada se saben los resultados parciales, quedando de parte de los jueces más novatos decidir si quieren que el juez que lleva la delantera sea elegible o no para magistrado. Por lo general quien recibe más votos en la primera ronda es el elegido.

Un presidente de circuito tiene plena autoridad sobre éste, para eso fue electo por sus pares. Tiene la facultad de cambiar normativas internas que no estén en alguna ley nacional. Además su cargo es de prestigio: Es importante mantener la buena imagen, es importante ser (y parecer) ecuánime. Cada actuación está bajo la lupa, cada decisión es tomada en cuenta por los magistrados superiores.
Cualquier detalle puede acercar (o alejar) un asiento en el Tribunal Supremo.

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A10-Presidentes m01 Principios básicos Viaje

Elecciones de todo tipo

[Microrrelato (413p.) de la Parte III de El viaje]
-De cómo se le resta poder al presidente pero no a la presidencia-

Llegamos a aquella pequeña nación atraídos por las elecciones presidenciales.
Allí creen en el poder centralizado y electivo: El pueblo debe estar representado por una sola persona que haga prevalecer su voluntad, siendo el pueblo mismo el único con derecho para elegirla.

Cuentan que en la antigüedad se elegía al más ilustrado del lugar, aquel que sabía (o parecía saber) de todo. Pero poco a poco, al crecer la población y ocupar mayor territorio, se hizo obvio que tanta sabiduría concentrada era imposible, que siempre sería necesario recurrir a consejeros, a quienes llamaron ministros.
En algún momento se sinceró el sistema, tanto en periodo de mando como en su discrecionalidad: El mandato debía ser por un tiempo definido, dependiendo de la voluntad popular (seis años si es electo con más de la mitad de los votos y cuatro si sólo recibe el apoyo de la mayor minoría), y los ministros debían ser quienes administraran los recursos públicos según su área de competencia, por lo que también debían ser electos, si no por voto popular, al menos por el voto de sus pares.
A la par se fortalecieron los colegios profesionales, cada cual con presidentes electos, que tienen la opción de ser ministros si el mandamás de la nación considera su área de conocimiento prioritaria y su tendencia ideológica aceptable. Los candidatos en sus campañas dejan entrever la tendencia ideológica que tendría su gobierno, a cuáles colegios preferirían.

Hay tantos colegios profesionales en cada área del saber como variantes filosóficas. Por ejemplo los colegios de economistas más tradicionales son los liberales y los colectivistas.
Depende del presidente de la nación escoger cuál lineamiento seguir, designando como ministro al presidente del respectivo colegio profesional, pero es usual que haya desavenencias y que termine optando por colegios menores. En el caso de la rama económica, el que más ha llegado al poder después de los tradicionales es el colegio reformista, seguido del conservador y del restaurador.

Así, el rol del mandamás es decidir cuáles áreas son las prioritarias y qué ideología se ha de seguir. Dichas decisiones son fundamentales pues la única forma de que un área reciba recursos es asignando un ministro que se encargue. Los ministros tienen plena autonomía sobre sus carteras y sólo pueden ser vetados por una minoría calificada (de un tercio) del consejo.

El presidente es como un abuelo sabio pero inactivo que dirige la nación y coordina las políticas públicas pero no maneja recursos.