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A03-Tiranos m10 Partidos políticos Viaje

Votaciones abstractas (#064)

[Microficción (419p.) de la Parte II de El viaje]
-Del cumplimiento de los preceptos democráticos entre tiranos-

Después de todo gran anuncio, como el de un presupuesto general, se suelen hacer amplios sondeos oficiales.
En esta nación no hay elecciones aunque sus habitantes se dicen demócratas, no hay cargos públicos de elección directa ni indirecta pero hay constantes votaciones para revalidar los partidos políticos cuyos estudiosos son consultados por el tirano-canciller en el llamado consejo plenipotenciario.

El mayor deber del estado es proteger y promover la democracia. Por ello el voto es obligatorio, el gobierno debe educar, vigilar que los ciudadanos sigan los preceptos democráticos, como un Buen Padre (así llaman a quien asume la jefatura de gobierno en la lengua local)
Todo ciudadano debe manifestar sus preferencias políticas, al menos una vez al año, en centros permanentes cuando se le indique.
Así se va monitoreando la opinión de la ciudadanía a cada momento, así se sabe cuál es el camino más aceptado y deseado por la colectividad, al menos el tirano y sus sátrapas lo hacen (nadie más tiene acceso a los resultados).

Contrario a lo que pensé en un principio: el voto es secreto, así lo cree la mayoría de la gente. Nunca ha habido ni tan siquiera sospecha de represalias por un voto emitido. Al parecer al jerarca no le importa saber qué vota la gente y, de hecho, desea que se expresen de manera fidedigna, sin temor.
Pronto entendí por qué de su despreocupada actitud, no se vota por un líder ni por un representante (posible contendiente). Se vota por ideas generales, abstractas.
Cada ciudadano emite tres votos, por tres partidos políticos distintos. Son partidos sin rostro, sin liderazgo claro, sólo con proyectos y programas: Como debe ser en democracia, dicen orgullosos: Al votarse por tres opciones se respalda la fracción de ideas políticas en que éstas coinciden.

No está demás decir que es la nación de tiranos con mayor libertad de asociación, aunque los partidos deben cumplir estrictas normas «en pro de la estabilidad nacional».
Hay tres partidos nacionales, uno de los cuales promueve el paso de un sistema federal a uno central. Además cada entidad federal tiene dos partidos principales, con menor presencia en el resto de la nación, uno de derecha y otro de izquierda. No hay partidos liberales, en aquella nación creen que el colectivo está por encima de los individuos.
Unos partidos dicen defender a los desafortunados y despreciados otros dicen mantener las tradiciones y buenas costumbres:
Todos dicen que la población debe hacer lo que el gobierno de turno ordene, sin preguntas ni quejas.

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A03-Tiranos m09 Impuestos y dinero

Dándole valor al dinero (#057)

[Microficción (311p.) de la Parte II de El viaje]
-De la creación del dinero entre tiranos y de su destino-

Los tiranos, hasta los menos demagogos, dicen proteger al pueblo, a los más vulnerables, por lo que no hay demasiados impuestos, al menos no en apariencia, al menos no declarados.

A su entender es innecesario cobrar impuestos, el estado sólo debe crear el dinero que necesite, o que le venga en gana, y obligar a sus súbditos a utilizarlo. Tal vez obligar a la población a usar el dinero sea la única utilidad de cobrar impuestos.
La cantidad de dinero que puede producir el estado es infinita. Pero su valor no tanto. Lo que determina el valor del dinero es la capacidad del estado de obligar a más y más personas a utilizarlo. Mientras más gente posea al menos una pequeña fracción, más valdrá el dinero recién creado.

El asunto está en convencer a la población de usarlo, en especial como reserva de valor, como medio de ahorro. Ese convencimiento se puede conseguir con buenas prácticas monetarias, predecibles y congruentes, o por medio de pura retórica, de simples argumentos vacíos que se basen en la intimación o tal vez en deseos e ilusiones o quizá en patriotismo.
Pero ese convencimiento es frágil. Ante cualquier percance se pierde la confianza y surge la hiperinflación, el mayor de los impuestos, acabando con todo el bienestar producido.

Entre tiranos está arraigada la creencia de que el dinero va perdiendo valor a medida que circula. A la población en general le dicen que por ello es importante el ahorro, pues así deja de circular, pero entre los jerarcas ven como imposible evitar que su valor se diluya, por lo que hay que gastarlo de inmediato, cual glotón en un banquete.

El mayor sueño de un avaro no es atesorar ningún tipo de dinero, su mayor sueño es poder crearlo de la nada y que mantenga su valor, que todos confíen en él, por siempre.

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*Nota: Éste es el noveno escrito sobre las naciones de tiranos. No puedo hablar de tiranos y evitar pensar en las naciones de déspotas. El próximo escrito tratará sobre cómo solventan sus asuntos.


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A03-Tiranos m07 Sentido cívico Viaje

(Auto)engaño continuo #039

[Microrrelato (323 p.) de la Parte I de El viaje]
-De lo considerado admirable y cívico entre los tiranos-

El tirano-pontífice puede nombrar nuevos sacerdotes cuando lo desee, y también puede removerlos, pero no es usual. Aunque tiene la potestad, es muy mal visto, demuestra debilidad, demuestra un conflicto con Dios (dice la sentencia más reiterada).
Tal vez la costumbre de no remover a los sacerdotes nombrados por pontífices anteriores, más que el sistema sucesorio en sí mismo, fue lo que le dio estabilidad a la nación. Le añadió un nivel más de planificación, un espacio para engañar y manipular el entorno, para escalar sin tener que confrontar.

Es curioso cómo todos aparentan creer en dicha farsa, cómo aparentan actuar según la religión suprema, seguir sus preceptos aunque les cueste la vida. Parece inevitable para ellos, gustan de las tramas complejas, de los engaños sofisticados, gustan ser los más astutos del lugar, o al menos aparentarlo.

Es más admirable persistir o unirse a un engaño, por tonto que sea, que (parecer) admitir haber sido engañado. Más vale persistir, pues siempre cabe la duda de cuál será el movimiento final: Tal vez todo es parte de un plan mayor, oyen decir, y sólo aparentó ser engañado para distraer la atención.
El autoengaño también es inevitable.

Todo ello lo entendí mucho después, no sé cuándo con exactitud, sólo sé que lo he ido verificando con el tiempo (quizá lo logre dejar ordenado aquí). Cada nación tiránica vive su propia farsa, su civismo, cada cual cuenta con un relato artificial de fondo, con una moralidad falsa que todos siguen pero en la que nadie cree, desde restablecer la justicia social por medio de rebeliones populares hasta oír la voz del pueblo en consultas electorales, pasando por sucesiones basadas en la gracia divina, por supuesto.

Lo importante es siempre tener algo en lo cual (parecer) creer, algo en lo que basar la retórica y la faena. Lo importante es que sea firme y consistente, tanto como para poder asumirlo a plenitud, tal vez sin aparentar.

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*Nota: Este escrito es el tercer y último del Capítulo 08. Por momentos pienso en la similitudes entre tiranos y déspotas,  en la crueldad y crudeza de ambos, y se me hace imposible evitar volver a donde dejé la última nación de déspotas que estaba describiendo (Cap09).