Dictadores

Son tres las naciones donde impera el mando fugaz pero absoluto, sin responsabilidad penal. Aquí los escritos con los aspectos más característico de cada cual.
(La numeración de los capítulos corresponde al orden cronológico de nuestro viaje)

Capítulo 19

Donde se describe una nación de dictadores tradicionalistas

Estadías con un límite

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Todavía estaba en el recuerdo de la gente el último tiranicidio. La última vez que un dictador quiso seguir en el poder más tiempo del pactado. El asesino se hizo héroe de repente.
No fue un evento traumático, por fortuna era un dictador menor, de una provincia pequeña

La vida en aquellas tierras es dura, cruel se podría decir. Por eso entre sus habitantes aprecian a quienes pueden hacer lo necesario para resolver problemas, a quienes cumplen su palabra sin importar nada.
Están acostumbrados a la crueldad del medio y no tienen problemas con ser inmisericordes entre sí cuando llega el momento.

El dictador asesinado fue el mejor gobernante que tuvo esa provincia en mucho tiempo. Se podría creer que la gente hubiese querido que mantuviera algo de influencia al concluir su mandato pero en esa nación es imposible, allí tienen la convicción de que lo más efectivo para realizar una tarea es darle todo el poder, absolutamente todo, a una sola persona pero únicamente por un tiempo determinado, fijo e invariable.
Para bien o para mal esa persona va a intentar terminar el trabajo encomendado en el tiempo exigido. Ello puede ser glorioso o catastrófico, no hay términos medios.
Tampoco hay excusa posible pues un dictador no tiene límites en su accionar, más allá de su consciencia. Sólo es recriminado quien no cumple los objetivos trazados cuando se le concedió el cargo, recibiendo la pena prestablecida al terminar su mandato y siendo la mayor falta haber intentado mantener el cargo más tiempo del asignado.

Cualquier trabajo, desde el más básico al más complejo, desde un emprendimiento privado hasta la jefatura de estado, está regido por dicho principio; siendo el jefe de estado uno de los pocos dictadores que se expone a la pena capital si intenta retener el poder, al haber cometido alta traición.
En los gobiernos locales no es tan común que se dé la pena capital. De haberse entregado a tiempo, la condena del último gobernante asesinado hubiese sido el ostracismo pero al intentar organizar una rebelión el delito también pasó a ser alta traición.
No es deseable que haya impunidad, ni siquiera se puede permitir el menor atisbo de duda.

Una estructura poderosa

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Un dictador tiene poder absoluto hasta el final de su mandato. Ello incluye fijar el método de elección del siguiente dictador, al menos según la tradición.

Desde hace mucho los dictadores no cambian la estructura de poder. El único motivo válido para intentar hacerlo sería mantener el poder mismo pero ya está más que demostrado que eso es imposible.
No vale la pena intentar nombrar a un sucesor títere. Un supuesto títere con plenos poderes podría destruirte con facilidad.

A lo largo de la historia, en la gran mayoría de los casos, los dictadores han sido nombrados por una asamblea nacional de entre los gobernadores de provincia para un periodo de un decenio.
Dicha asamblea, conocida como comicio, suele estar compuesta por los alcaldes. Se reúne y delibera por una semana, justo antes de que acabe el periodo asignado al dictador saliente.
Tiene dos misiones: Elegir a un nuevo dictador y fijar los objetivos específicos que éste debe cumplir (y el tiempo máximo que tiene para ello). Esto último lo ha de cumplir en cinco días, quedando dos más para recibir las postulaciones, discutir las propuestas de cada candidato para cada objetivo fijado y, al séptimo día, elegir al dictador.
La elección es a conciencia, y por tanto secreta.

El dictador puede hacer lo que quiera para alcanzar el objetivo encomendado pero está demostrado que diez años no alcanzan para reformar el sistema.
Es mejor dejar que la burocracia siga su curso y no perder el tiempo intentando controlarlo todo. Es mejor que los gobernadores sigan eligiendo a los alcaldes, de entre los jefes de distrito y que estos sean electos por asambleas locales, a mano alzada.

Es absurdo intentar crear un sistema de control cuando sólo se dispone de tan poco tiempo. Es imposible crear alianzas cuando una de las partes tiene poder absoluto, cuando no hay forma de ejercer presión.

Consejos para el éxito

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Nos invitaron a la inauguración del año escolar en uno de los internados más prestigiosos de aquella nación.
La disciplina y el orden prevalecían en todo el lugar, en todo momento. Se podía sentir la tensión, el celo que ponían los presentes (la mayoría de entre 7 y 17 años) en cada movimiento que hacían, sobre todo durante el discurso inaugural.

El acto estuvo presidido por la directora de la escuela. Aunque tenía porte autoritario, su discurso fue más bien cálido, en tono de consejo compasivo, de confidencia.
En especial fue reiterativa en una idea: El principal rol de un dictador no es mandar sino proponer; Generar buenas propuestas y comunicarlas con efectividad es lo único que puede llevar al éxito; Después que se tiene el poder, gracias a lo propuesto, mandar es sólo un gaje más del oficio, el cual no debe ser una distracción: Siempre se debe tener algo que proponer, siempre se debe tener un camino por el cual avanzar.

La directora hablaba por experiencia propia, está entre quienes han ocupado el cargo por más tiempo. Lo cual no es poca cosa dada la evaluación continua y el prestigio de la institución, dado el poder que muchos de sus egresados han alcanzado y la exigencia constante de los padres para que continúe tal tendencia.

Acababa de ser ratificada en el cargo. Primero tuvo que lograr la aprobación de los padres y tutores al rendir cuentas, cada cual evaluó su desempeño del 0 al 5 en diversos aspectos (al igual que evaluaron a cada profesor con que se relacionaron).
Luego tuvo que presentar, junto a su equipo, las propuestas correspondientes a los objetivos fijados por los padres y tutores en la asamblea anual. De los miembros de esa asamblea cada décima parte puede fijar hasta tres objetivos, los cuales serán priorizados por los padres y tutores.

Las propuestas (de al menos tres candidatos) para los diez objetivos prioritarios son presentadas a la asamblea de docentes. Cada docente las evalúa (del 0 al 5) y se hace el recuento agrupando los votos por lustros de antigüedad.
Todas las votaciones son secretas por el bien de la institución, para evitar manipulación y represalias de quien quede electo para el cargo.
Más de una vez la directora, que en ese momento me pareció tan cándida, había intentado hacer lo propio.
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*Nota: La invitación fue porque yo tomaría algunos cursos con uno de los profesores del internado.

Persuasivo pero blando

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El dictador tiene poder total.
La corte suprema sólo cumple un papel simbólico, sólo aconseja al dictador o, mejor dicho, a la sociedad: Tiene un poder blando, tiene la capacidad de hacer que la sociedad se reúna en torno al dictador, que sea participe activa en sus planes, o no.

Las leyes vigentes son aquellas aprobadas en el tiempo, aquellas respaldadas por más dictadores sin sufrir grandes modificaciones, a menos que el mandamás en ejercicio diga lo contrario. Pero en dicho caso debe tener un motivo de fondo, debe estar enmarcado en su plan de gobierno o podría ser contraproducente para su mandato.
Por lo general el dictador decreta leyes y la corte suprema evalúa su consonancia con la tradición, y aunque igual pueden ser aplicadas, si no reciben una buena calificación la sociedad las vería con recelo y podría resistirse a acatarlas, haciendo más difícil para el mandamás alcanzar los objetivos marcados en los comicios.

La corte suprema no tiene poder sobre el dictador pero igual se precia de ser un ente autónomo, de ser la conciencia viva de la sociedad, y hace todo lo posible para mantenerse así.
Está constituida por 17 magistrados, con mandatos de hasta 23 años. Cada 17 meses, si no ha habido ningún contratiempo, el juez más veterano deja su cargo y sus decisiones son juzgadas, pudiendo ser acusado de alta traición. De ser hallado culpable no sólo podría recibir la pena capital sino que su legado también podría quedar anulado, desde sus sentencias hasta los nombramientos que haya hecho (lo cual implica cierto grado de autoregulación como se verá a continuación).
Los magistrados se van rotando el nombramiento de los jueces encargados de los tribunales provinciales, de entre quienes se eligen a los futuros magistrados. Si un magistrado es hallado culpable de faltar al juramento de su cargo, los jueces provinciales que nombró dejan de ser elegibles a menos que se hayan declarado en rebeldía en el debido momento (ante una decisión dada que considerasen errónea). Dichas declaraciones de rebeldía son la base para los juicios posteriores, cerrándose así el susodicho círculo autoregulatorio.

En los mismos comicios donde se escoge al dictador y fijan sus objetivos también se nombran once magistrados sustitutos de entre los jefes de los tribunales provinciales con más de 13 años en el cargo. Justo después de ser nombrados como sustitutos, los magistrados en ejercicio los evalúan al unísono, quedando establecido el orden en que asumirán como magistrados. Por lo general sólo llegan al cargo los siete mejor evaluados.

Cabe destacar que los asuntos entre particulares son resueltos por tribunales independientes, no por derecho propio sino por el desinterés histórico de los dictadores. A la mayoría de quienes han tenido el poder absoluto (pero temporal) no le ha importado mantener la moralidad y la decencia, no está entre sus funciones ni ayuda a cumplir sus objetivos inmediatos.

La gran guía estratégica

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Estaba a punto de empezar la siempre esperada reunión del dictador con sus consejeros.
Era una reunión pública y notoria, de esas que pueden ser presenciadas por quien lo desee y repercute en las tertulias del populacho por días.

Cada semana el mandamás se reúne con su círculo cercano y algunos cientos de seguidores en los más diversos lugares de la nación, en lugares, por ejemplo, donde se vaya a iniciar un nuevo gran proyecto (ideado por el dictador y alabado por su séquito).
La mayoría de las reuniones es sobre proyectos, propuestas y mecanismos pero nunca faltan las amenazas y los juicios sumarios: En algún momento el dictador hace un pequeño paréntesis, brinda una breve exposición de motivos, ya sea un caso conocido o no, y dicta su sentencia dejando claro el principio supremo que se debe seguir por el bien de la nación.

En los preparativos del evento se podía sentir la tensión, el deseo de que todo saliera a la perfección. Era la primera vez que recibían a ese dictador y nunca se sabe qué extravagancia no cubierta puede desatar la ira de un mandamás.
Todos los dictadores, de todos los niveles y ámbitos, hacen este tipo de reuniones por mero instinto. Permiten simplificar procesos y disminuir burocracia, permite transmitir el mensaje directo a cada persona involucrada (los objetivos por alcanzar, el plan a seguir…), dejando en claro el deseo de que cada quien ponga su mayor empeño en lograr la meta en común, e incluso abre la posibilidad contralora entre pares y aumenta la competencia: Quien consiga los objetivos obtendrá la recompensa sin importar demasiado los rangos o el historial.

Al llegar a la tarima, el dictador se veía confiado y decidido, como quien sabe lo que debe hacer y cómo hacerlo. Se siente como pez en el agua: Dirige el espectáculo con maestría, caracteriza problemas, plantea posibles soluciones y argumenta cuál prefiere, da la palabra a los expertos, a algún dirigente, a los afectados y al público en general, cuenta anécdotas y chistes para invitar a la reflexión y, finalmente, hace un compendio y revela su decisión, absoluta y definitiva.
Durante todo ese proceso deja ciertas incógnitas abiertas de forma sutil pero desafiante, como si fuera parte de su plan maestro. Son incógnitas que nadie debe intentar despejar.

Acuerdo estabilizador

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En la antigüedad habían constantes guerras y tiranicidios, no existía un proceso a seguir para hallar sucesores, la sociedad actuaba por instinto: Si un mandatario permanecía demasiado tiempo en el poder se iba diluyendo su liderazgo, iniciaban las protestas callejeras, se producían alzamientos militares, iba aumentando la tensión hasta que se daba un cambio de régimen.
En ocasiones el mandamás accedía a renunciar y nombraba un sucesor pero la paciencia solía ser aún menor con este último a menos que marcara una distancia notable con su predecesor. La mayor paz y estabilidad se daba cuando el dictador era escogido por algún tipo de asamblea, pero no era muy usual.

Cuenta la leyenda que todo cambió con la llegada al poder de una dictadora visionaria que convocó a los jefes de provincia con quienes acordó el sistema sucesorio que se fue convirtiendo en una estructura poderosa, que dio forma a la nación.
Además se acordó canalizar el poder blando que la sociedad solía ejercer por instinto, con protestas y disturbios, estableciendo un sistema judicial independiente pero débil.
Dichos acuerdos debían ser renovados por cada nuevo mandamás electo y por quienes estuvieran en la posibilidad de sucederle (forzados por el primero). Así, y aunque ello dependía en cada ocasión del capricho del gobernante de turno, la tradición se fue imponiendo poco a poco.

Lo que no contempló el acuerdo fue un mecanismo para resolver problemas estructurales, problemas que requirieran más de unos años de trabajo. Los dictadores al ser electos por un solo decenio no se preocupaban por atajar dichos problemas y menos aún si ello debilitaba su poder inmediato.
Por tal motivo, por ejemplo, ningún gobernante se ocupó de construir infraestructura de envergadura para atender a una población que crecía de manera exponencial. La única medida que tomaron algunos fue alentar la migración y disminuir la carga sobre la producción de bienes y servicios. Los más minuciosos incluso llegaron a ofrecer recursos a las universidades y otras instituciones académicas para que guiaran a buen puerto dicha migración, para que pudiera subsistir y prosperar, para que no generara conflictos con habitantes locales.

De allí surgieron asentamientos que fueron las semillas de las otras naciones que conforman la armonía actual, asentamientos que adaptaron sus costumbres a nuevos entornos. La mayoría de ellos se fueron confederando por protección mutua pero manteniendo cada cual su autonomía en la mayoría de las decisiones. Otros tantos, por el contrario, se lograron amalgamar por medio de sistemas de gobierno cuyo cargo máximo lo ejerce un líder de unidad nacional.

Todo ello siempre siguiendo el mismo principio fundamental, siempre con gobiernos con poder absoluto pero con fecha de caducidad.

Pactar para trascender

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Visitamos una apartada ciudad.
Nos alojamos en un gran hotel donde nos recibieron muy bien. Mi familia siempre ha sido muy cercana a muchos de los socios-propietarios.
A la segunda semana nos invitaron a una cena informal con varios de los socios. Si bien parecía una cena cualquiera, poco a poco me di cuenta que era una reunión dictatorial, una de esas reuniones estratégicas que acostumbran hacer los líderes en aquellas naciones para aglutinar esfuerzos y ajustar la mira.

El principal tema a tratar fue la ratificación del pacto principal en el que se basaba la dirección general. Desde la cabecera de la mesa central se oía la voz clara y serena de quien se sabe al mando, intocable. Pero sus palabras eran conciliadoras, deseaba dejar un legado trascendental, un plan de acción que fuese seguido durante una generación entera, que marcase una época.
Es la voz de quien entiende que no puede extender su periodo de mando pero también que está en su mano dirigir la acción y que con algo de presión puede crear los fundamentos de futuros proyectos. De quien entiende que puede crear, con sólo sacrificar su poder actual, una estructura tan sólida que sea difícil de dejar a un lado.

La dirección de la empresa se rota entre dichos socios siempre siguiendo el mismo procedimiento: Plantean objetivos, los priorizan, fijan plazos, los postulados hacen propuestas y son evaluados.
Quien queda electo tiene poder absoluto, según la tradición, pero por lo general hay acuerdos que limitan su accionar. Es necesario para cumplir los lapsos establecidos, para que haya prosperidad, para mantener un ambiente de civilidad y poder garantizar condiciones mínimas a futuro que alienten la inversión, la entrada de nuevos socios y clientes.
En las empresas que han perdurado, de casi toda rama o sector, suelen haber pactos profundos y estructurales. Mientras más fuertes sean los acuerdos alcanzados por un dictador antes de llegar al poder más duradero podría ser su mandato, los involucrados tendrían más confianza en conceder un periodo más largo de mando. Pero ello también puede ser visto como una señal de debilidad, tal vez de indecisión, por lo que no se debe tomar a la ligera.

A pesar del tono amable que impuso desde su sitial, durante toda la cena se sintió una suave tensión, casi maternal, casi sacra. Nadie interrumpía, ni con el más mínimo gesto. Recuerdo a la perfección el silencio general, más por respeto que por miedo, más por su visión de futuro que por su deseo de permanecer en él, ya no le quedaba demasiado tiempo.
En los últimos años este hotel había sido dirigido por una anciana enérgica y obstinada con los suyos pero paciente y tierna con todos los demás.
Nosotros estábamos en la tenue frontera entre ambos grupos.


Capítulo 30

Donde se describe una nación de dictadores federados y electoralistas

Permanencia con límites (Sf)

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Llegamos a una federación de dictadores.
En cada entidad había un líder único, absoluto, sin responsabilidad penal, pero con mando fugaz.

Me costó creer que pudieran vivir en paz, que ningún mandamás nunca atacara a sus vecinos aun teniendo el poder, los medios y la autoridad para hacerlo.
Desde la antigüedad, desde que eran unos asentamientos promovidos por estabilidad momentánea bajo la guía de instituciones académicas, desde la época en que no podían generar recursos propios ya existían límites claros para quienes asumían el gobierno: Ninguna entidad puede ser separada de la federación; Ninguna puede expandir su territorio sin el consentimiento de las demás (pero se pueden crear nuevas entidades de ser necesario, por motivos demográficos, por ejemplo); Ninguna puede intervenir unilateralmente en otra a menos que sea por medio de votaciones populares.
Además, el principio fundamental entre dictadores: El mando tiene una duración máxima preestablecida e invariable (de siete años en provincias).

Para observar el cumplimiento de tales disposiciones fue creado el comité federal, conformado por todos los dictadores de las distintas entidades federales, y vigente aún hoy en día.
Dicho comité además se encarga de atender asuntos estructurales, esos asuntos que requieren más de unos pocos años de mando y dirección, por lo que nombran encargados especiales de entre los exdictadores con más de cinco años de retiro que no hubiesen sido censurados por la ciudadanía en votaciones populares.

El cargo más destacado es el de canciller. Suele ser el exdictador mejor evaluado de los disponibles a menos que una mayoría consolidada (de dos tercios) del comité federal escoja a alguien más, en cuyo caso siempre ha de ser alguno de los cinco con mejores registros.
Pero esos encargados especiales son sólo coordinadores de políticas públicas específicas, no tienen ningún poder directo. Los dictadores son los únicos con capacidad de ejecutar los proyectos o de conservar la paz.

Lo que mantiene la paz en esa federación es que ninguna entidad es lo suficientemente grande como para desafiar a la unidad y los periodos de gobierno son demasiado cortos para lograr establecer alianzas confiables.
Nadie se atreve a desafiar al poder central a pesar de que es débil por definición.

Acumulación de poder (ID)

(indice)

Es común que los dictadores intenten manipular la moneda para dar la ilusión de mayor progreso económico.

En otras naciones, más centralistas, lo hacen con facilidad. Hay muchas teorías económicas que respaldan medidas monetarias diversas, e incluso contradictorias entre sí, haciéndose difícil establecer tradiciones. Por ello, a diferencia de lo relacionado a la justicia, no hay ninguna institución con poder blando que oponga una mínima resistencia a la voluntad del dictador de turno.
Si bien en los comicios cada candidato detalla su estrategia tributaria y monetaria, siempre es posible desdecirse alegando cualquier imprevisto. No hay ningún obstáculo que lo impida aunque más vale ser convincente, siempre puede surgir alguien que vea una falta y quiera tomar la justicia por su propia mano.

Dicha manipulación es mucho más difícil en esta nación al estar federada, al ser múltiples dictaduras con una sola moneda de uso general.
Hay un consejo autónomo encargado de mantener la estabilidad monetaria que está respaldado por la autoridad del comité federal. Las decisiones en su seno se toman por medio de un sistema de votos agregados que permite alcanzar acuerdos en el tiempo por medio de delegados que acumulan poder de diversas fuentes.
Cada dictador puede nombrar un consejero al cumplir el quinto año de su mandato y apoyar a uno de los consejeros en funciones cada uno de sus dos años restantes, pero esos apoyos deben ser dados a funcionarios de provincias variadas, de origen diferente a los once anteriores.

Los consejeros tienen tantos votos como número de apoyos.
Los votos duran cinco años, es decir, cada consejero puede estar en funciones hasta que transcurran cinco años después de recibir su último apoyo, o un máximo de 23 años, y su poder de voto varía con el tiempo.
El consejo es presidido por quien haya recibido más apoyos en total y tenga menos de trece años como directivo al momento en que surja la vacante, ejerciendo el cargo hasta por siete años o hasta que sus votos caduquen.
La mayoría de los consejeros sólo duran cinco años en sus cargos pues no reciben ningún apoyo después de su nombramiento. Los que se mantienen suelen tener entre dos y cinco decenas de votos y en casos excepcionales pueden sobrepasar el centenar.

Los consejeros suelen empezar a recibir apoyos después de su tercer año en el cargo. Es más fácil para los dictadores coincidir con la visión de alguien que ya no puede influir en la vida pública.

Fundamentos doctrinales (Pp)

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A pesar de que se suele pensar lo contrario, los partidos políticos gozan de gran aprecio entre dictadores tanto poderosos como de base, tanto en el sector público como en el privado.

Una de las formas de mantener políticas públicas en el tiempo es formando parte de una organización partidista, con una estructura sólida y estable.
La misión de los partidos políticos no es enfrentar al poder ni querer hacerse de él, su misión es formar una base doctrinal que haga más fácil la toma de decisiones y el desarrollo de propuestas acordes a las necesidades de cada momento.
Así, que un dictador sea miembro de un partido no significa que seguirá sus lineamientos, sólo implica que (quizá) se apoyará en sus fundamentos para implementar algunas políticas públicas.

El mayor partido del momento era de tendencia conservadora moderada. Casi un tercio de los dictadores había implementado proyectos del partido y ese era el segundo periodo en que uno de sus asociados ocupaba la cancillería.
En líneas generales, los conservadores mantienen que no debería haber mayor traba en el accionar de un dictador que la duración de su mandato. No creen en la federación, a su entender la nación sería mucho más próspera si todo el poder estuviera centralizado en una sola persona.
Los liberales por su parte creen en la especialización, creen que se debe dar poder absoluto en áreas específicas, creen que así se pueden alargar los periodos de mando y obtener resultados más estables a lo largo del tiempo.

Desde que empezó la supremacía del susodicho partido ha aumentado el poder relativo de la cancillería en desmedro de los gobiernos locales. Poco a poco los entes nacionales acumularon más competencias y fueron capaces de forzar un mayor número de decisiones, aunque ello se dio más por retórica que por una amenaza creíble.
De hecho el principal campo de acción de los partidos en esa nación es el electoral, es la posibilidad de convencer a la ciudadanía destituir a los dictadores que se alejen más de sus fundamentos.

Es irónico que, entre dictadores, el principal medio para gobernar pueda ser el poder blando, la amenaza sutil de pérdida del apoyo ciudadano.

Usual injerencia amistosa (Pg)

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Los dictadores de cada provincia se eligen de forma análoga al mandamás de la nación más tradicionalista pero sólo por un periodo de siete años.

La mayor diferencia entre los sistemas de gobierno es la realización constante de votaciones populares libres e imparciales principalmente para la elección de los jefes de distrito (que seleccionan al dictador de entre los alcaldes) pero también para censurar la actuación de los gobernantes.
Un dictador puede ser destituidos pero no por sus pares ni por los ciudadanos de su provincia, sino por los ciudadanos de las demás entidades.

En los albores de la nación se había establecido que se realizarían votaciones especiales cuando fueran necesarias pero con el tiempo la federación se volvió más electoralista. Hoy en día cada año hay votaciones de censura en las que los ciudadanos dan su condena al  dictador menos capaz de las provincias hermanas.
Anualmente debe salir del poder al menos 3% de los mandatarios con más de tres años en ejercicio, saldrán quienes resulten con la mayoría de las condenas en más provincias hermanas. Algunos académicos le llaman injerencia amistosa o de buena voluntad entre pueblos (si la injerencia fuera de un gobierno sería de mala voluntad, más aún si es de un dictador). Por lo general la ciudadanía vota para que salga el dictador de alguna de las provincias fronterizas a la propia, condena a aquel que sea más molesto y perjudicial para sus intereses.
Así, un dictador tiene un llamado de atención cuando en cuatro o cinco de las provincias cercanas hay votaciones en su contra, pues lo más probable es que se repitan y se repliquen en otras tantas provincias (cuyos dirigentes promuevan un chivo expiatorio para que se cumpla la susodicha cuota sin verse afectados).

También se realizan comicios para seleccionar a los funcionarios nacionales.
La selección se hace en el tiempo por medio de evaluaciones: Cada año los alcaldes de toda la nación con más de un trienio ejerciendo se reúnen a discutir el desempeño de los dictadores que hayan terminado su mandato ese año. Se reúnen durante una semana (desde el primer lunes del penúltimo mes) y cada quien hace una evaluación secreta de cada mandamás.
La evaluación es del cero al cinco. Para poder ser seleccionado a un cargo nacional, el exdictador debe tener un puntaje mínimo o estar en un percentil dado. Por ejemplo, suele asumir como canciller quien tenga mayor evaluación para el momento de la vacante y como coordinador de los asuntos educativos alguien que esté en el percentil 90.

La duración en los cargos depende de la evaluación obtenida por cada quien: Se multica la puntuación del candidato elegido por 41(meses); pero siempre pueden ser destituidos por el comité federal o por la ciudadanía.

La mediación académica (Gc)

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El mayor problema entre dictadores es la escasa información que fluye de la sociedad hacia el mandamás.

Existe la (acertada) noción de que cualquier crítica puede ser malinterpretada y traer consigo consecuencias abrumadoras, irreparables, por lo que es muy poco común escuchar la más mínima opinión sobre ningún tema público. Los asuntos del gobierno los debe resolver el gobierno, es la sentencia general.
Lo único que se atreve a hacer la gente de a pie es reportar incidentes específicos, averías mecánicas o fallos en un sistema, y ello sólo por los canales regulares, por medio de un delegado de distrito o de quien presta el servicio afectado; nunca lo debe hacer a viva voz, nunca se debe ser epicentro de una inestabilidad.

Por lo general los asuntos menores son resueltos por las autoridades locales, por los jefes de distritos o los alcaldes.
Es una estructura bien distribuida, cuyos elementos tienen atribuciones y responsabilidades claras. Que tienen, además, una gran motivación después de asumir sus cargos: Cualquier descuido puede ser interpretado como un boicot contra el dictador y las repercusiones pueden ser catastróficas.
Aquellos imprevistos que no tienen un encargado claro son presentados como asuntos académicos en las universidades. Con el tiempo las universidades han desarrollado métodos para hacer consultas anónimas (y seguras) a la sociedad sobre cualquier cuestión pública y para generar soluciones eficaces pero discretas.
Cuentan con el prestigio y la confianza para ello, en especial en esta nación que surgió guiada por ellas.

Aquí las universidades gozan de total autonomía.
El dictador sólo puede nombrar al rector de entre los miembros de directorio con más de once años de antigüedad. Pero no es muy común, por lo general sólo se da en las universidades más grandes cuando hay algún proyecto relevante en la mente del mandamás o cuando tiene una relación específica con una institución dada.
Además el dictador puede nombrar nuevos miembros al directorio cuando haya una vacante, pero más le vale que sea del gusto de la comunidad si quiere que perdure: Los mismos pueden ser expulsados después de cinco años.

Las universidades son las instituciones que cuentan con mayor libertad para proponer soluciones a asuntos cotidianos pero sólo eso: proponer.
El poder de acción siempre lo tiene el dictador, es el único que puede hacer que las cosas pasen.

Las votaciones de censura (Ar)

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El comité federal es el órgano con más poder efectivo de la nación.
Cualquier decisión tomada en el mismo se vuelve inevitable: El poder de destrucción de unos pocos dictadores es mayor que el poder de creación de muchos más.

Más que un comité es una gran asamblea con constantes variaciones debido a la injerencia amistosa dada en las votaciones de censura.
La federación estaba compuesta por 313 entidades para el momento de nuestra visita. Todos los dictadores tienen derecho a participar pero suelen mandar a un delegado que hable en su nombre a menos que, además de votar, desee convencer, desee explicar a fondo alguna propuesta específica.
Como se comprenderá es muy difícil que haya grandes pactos. En lo único que siempre están todos de acuerdo es que nadie puede dejar la federación, siendo la mejor medida preventiva dividir una entidad si crece demasiado y nombrar dictadores con periodos asincrónicos para cada parte (para que las alianzas sean menos probables).
Las reuniones y posturas de los dictadores son públicas e influyen de forma profunda en las votaciones de censura, o de condena. Los jefes de distrito hacen eco de ello en los comicios, donde nombran dictadores que sean del gusto de la población para que estos duren todo su periodo y la provincia pueda tener mayor influencia en los órganos nacionales.

Por épocas la ciudadanía suele condenar a dictadores de tendencias políticas específicas.
La conformación del comité varía de manera constante, en promedio un quinto de las provincias cambian de dictador por año y el comité es por completo distinto cada siete años.
Antes de las votaciones de censura anuales se hacen las elecciones de jefes de distrito en las provincias donde sea necesario, ya sea porque se venció el periodo del dictador de la provincia o porque el mismo va a entrar en la lista de votación de censura (siendo posible que sea necesario nombrar uno nuevo).
Dichas elecciones distritales son una muestra anticipada de la intención de condena de la sociedad. Los dictadores suelen ajustar sus actuaciones y mejorar sus relaciones públicas en función a ellas; la ciudadanía pareciera saberlo y manipular las expectativas haciendo votaciones cruzadas.

Las votaciones de censura son el mecanismo más eficaz para lograr compromisos de los gobernantes, incluso más que las elecciones directas.
Son la máxima expresión del voto castigo.


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