Militantes

Son tres las naciones donde impera el sometimiento a las doctrinas y opiniones partidistas. Aquí los escritos con los aspectos más característico de cada cual.
(La numeración de los capítulos corresponde al orden cronológico de nuestro viaje)

Parte III

Capítulo 29

Donde se describe una nación de militantes tradicionalistas

Llegada de la militancia (Pb)

(índice)

Apenas llegamos a aquella nación me contaron la noticia del mes:
Uno de los principales partidos había perdido la mayoría de los votos en una ciudad que desde hace mucho se consideraba uno de sus bastiones. Ello trajo consigo muchos movimientos políticos no sólo dentro del partido, sino también en general, en la formación de gobiernos en otras zonas.

Nos comentaron el mismo caso en múltiples ocasiones, siempre con argumentos distintos tanto en postura como en intenciones. En algún momento, al querer hacer mención al tema, me di cuenta de lo único que había permanecido invariable: Nadie había mencionado el nombre del alcalde destituido, ni su nivel de culpa en lo sucedido.
Las conversaciones siempre habían girado en torno al partido saliente y, en ocasiones, al que lo sustituiría.

Allí no se vota por individuos específicos, allí se vota por los partidos políticos.
El partido con más votos en una jurisdicción dada tiene derecho a nombrar al mandatario por un tiempo preestablecido y prorrogable, pudiendo cambiarlo cuándo y cuántas veces lo considere necesario.
El proceso es simple (y el mismo en todos los partidos): Después que una organización adquiere el derecho de nombrar al funcionario, se reúne un buró político, con sus 23 dirigentes más prestigiosos que deseen intervenir, y eligen al mejor líder local, que debe ser alguien que vote y haya hecho carrera en dicha circunscripción.

Los dirigentes del partido ganan prestigio en la medida que asignan gobernantes que cumplen con sus cometidos, que reciben evaluaciones positivas por parte de la militancia de la agrupación partidista.
Y es que esas evaluaciones son fundamentales en el sistema de ascensos entre los políticos de carrera: Los alcaldes sólo pueden ser electos entre los siete mejores jefes de distrito de sus municipios; Los gobernadores, entre los siete mejores alcaldes; El presidente de entre los siete gobernadores mejor evaluados del partido más votado.
Para que un partido pueda nombrar un gobernante de entre sus filas debe tener al menos once funcionarios en el rango inferior, de lo contrario sólo podrá postular tres candidatos (de sus elegibles) para que un buró multipartidista haga la selección. Ese buró estará compuestos por tantos representantes de cada partido como puntos porcentuales tenga cada cual en el último corte electoral.

La evaluación de los gobernantes de un partido la hace la militancia local del mismo por medio de votaciones secretas ponderadas según la antigüedad: Cada miembro tiene tantos votos como años consecutivos tenga activo en el partido.
Es importante resaltar que son años consecutivos ya que es común que los militantes de base sean suspendidos como medida disciplinaria. Sólo cuando se alcanza un escalafón mínimo como dirigente se obtiene cierta inmunidad.
Ello hace que sean usuales los padrinazgos, la única forma de llegar lejos es con alguien que te proteja de dichas suspensiones.

Las decisiones de partido (Cg)

(índice)

La debacle electoral en esa ciudad se fue formando poco a poco: El partido fue perdiendo distritos sin que sus dirigentes le dieran importancia, creyeron que las aguas volverían a su curso, como siempre había pasado.
No prestaron atención hasta que fue demasiado tarde.

Entre militantes gustan de la estabilidad política, evitan los eventos históricos y las situaciones tensionantes. Prefieren las votaciones parciales que van marcando tendencias.
Cada distrito convoca elecciones de forma autónoma cada tres años, o antes. Al menos 2% de los ciudadanos deben ser consultados cada mes. Un partido con más de 31% de los votos en un distrito puede adelantar un año las elecciones, pero después no lo podrá hacer de nuevo por una década. Una agrupación con más del 43% de los votos puede hacer un adelanto de hasta dos años.

Todo ciudadano está inscrito en un partido, cuya ideología comparte y quiere que se fortalezca. Cuando la dirigencia no actúa en pro de sus intereses el militante está en el derecho, e incluso en la obligación, de votar por la organización que ayude a proteger sus ideales.
Si se realiza una votación en un distrito clave y el partido que gobierna un municipio pierde la mayoría, el alcalde permanecerá en el poder hasta el final de su mandato de tres años. Si ya lo ha finalizado, tiene hasta tres meses de gracia para dejar el cargo. En ese lapso es común que el partido convoque elecciones en los distritos que considere pertinente (si puede en alguno) para intentar volver a ser mayoría pero sólo tiene dos meses para hacerlo, el último mes de gracia no se pueden hacer elecciones.
Las opciones de votación siempre son los partidos políticos, no individuos particulares. Es usual que los partidos destituyan a los mandatarios designados como símbolo de rectificación.

Todas esas elecciones afectan el balance de poder en la asamblea nacional, poco a poco.
La asamblea nacional es el lugar por excelencia para realizar negociaciones. Allí se reúnen quienes detentan el poder con quienes podrían hacerlo en un futuro cercano. Por eso el partido con más votos en cada distrito tiene derecho a nombrar dos representantes (locales) a la asamblea por medio de un buró de interesados, mientras que el segundo partido más votado puede nombrar a uno solo.
Las propuestas legislativas surgen de los partidos y, después de la negociación y aprobación en la asamblea, los proponentes son calificados por sus propios copartidarios.

Es usual, e incluso bien visto, que los partidos intercambien las jurisdicciones más pequeñas que gobiernan para alinear los esfuerzos en los distintos niveles de poder, aunque siempre respetando condiciones mínimas que definen las ideologías y doctrinas.

Una educación partidista (CE)

(índice)

En un partido querían reformar su programa educativo.
Estaban en las fases iniciales, consultando y explorando las opiniones de la militancia, así que me di a la tarea de indagar un poco.

Todo empezó con un conjunto de madres y padres exigiendo mayores derechos para sus hijos dentro del partido.
En esta nación la mayor parte de la educación básica se da por medio de dichas organizaciones políticas. En la gran mayoría de los casos la tendencia política de los progenitores es heredada por los hijos, surgiendo excepciones cuando los padres pertenecen a distintos partidos o, peor aún, a organizaciones con tendencias diametralmente opuestas.
Ese fue el origen de la reforma en este caso.

Ningún partido, en la actualidad, se opone a que sus militantes contraigan matrimonio con personas no pertenecientes al mismo.
Cada cual tiene políticas específicas al respecto, en especial en lo concerniente a la educación de los frutos de dichos matrimonios. Van desde contemplar que la pareja debe establecer (antes de casarse) dónde se formaran sus hijos, hasta acordar con otros partidos la dirección de lo que llaman escuelas libres, libres de ideología o doctrinas oficiales, pero estos acuerdos sólo se dan entre moderados.
En todo caso, incluso si los padres son copartidarios, cada vástago debe decidir por sí mismo a cuál partido pertenecerá al cumplir 19 años. El último año de formación básica se da en lo que llaman escuelas de debates. Allí cada quien prueba sus convicciones en todos los aspectos.
Cualquier asunto es discutible, aunque el mismo sea técnico o incluso el fundamento de una ciencia básica.

Está previsto que el proceso de reforma sea largo.
La última palabra la tendrán los militantes que tengan hijos en edad escolar, quienes deberán escoger entre las opciones aprobadas por la militancia en su conjunto.
Es un equilibrio delicado mantener los principios doctrinales respetando los derechos de los niños y sus padres. Todo ello evitando alentar los matrimonios fuera del partido y la educación en escuelas libres, lo cual iría socavando la estructura de la organización no sólo en su ideología, sino también en su sostenibilidad financiera.

Se podría pensar que los hijos de militantes de partidos diferentes son unos parias pero no. Son vistos, más bien, como potenciales mediadores al ser capaces de convivir, apreciar y amar a personas con creencias políticas totalmente opuestas.
Por ejemplo son potenciales jueces y magistrados.

Defensa de lo de antaño (Sj)

(índice)

La justicia es un bien común que debe prevalecer a muy largo plazo.
Por eso todos los partidos que hayan estado entre los favoritos de una generación deben tener representación en el tribunal supremo que, en la práctica, es la instancia donde se realizan las negociaciones que marcan épocas.
(Mientras que en la asamblea nacional se negocian asuntos coyunturales.)

Los magistrados del tribunal supremo se escogen entre los jueces de circuito más imparciales:
Los partidos se van turnando la designación de dichos jueces, tanto en general como en cada circuito, sin importar el tamaño de sus militancias.
El buró de cada partido debe apoyar cada año a cinco jueces de otras organizaciones, excluyendo a los respaldados en las últimas tres ocasiones, con lo que se van acumulando apoyos entorno a aquellos con mejor desempeño, aquellos más imparciales, al menos en teoría.
Además cada año se debe renovar 1% o más de la judicatura, si no se da de forma natural se destituyen a los jueces peor evaluados que tengan más de siete años de ejercicio.

La elección de cada magistrado se hace en el seno partido que lo designó como juez, al que representará. La votación es a conciencia, secreta, por parte de la militancia de entre los cinco jueces de circuito más apoyados por los demás partidos. Cada organización tiene derecho a un número de asientos en el tribunal que depende de la votación más elevada que haya obtenido.
Cualquier partido que hubiese alcanzado 11% del apoyo popular (del padrón electoral) en los últimos 43 años tiene derecho a mantener un magistrado en el tribunal y por cada 5,93 puntos porcentuales adicionales puede nombrar un magistrado más, por lo que el número total de miembros del tribunal varía según las preferencias de la sociedad a lo largo de las décadas. Lo que le permite a cada cual defender lo acordado antaño.
Si un partido llega a alcanzar más de 47% de los votos en algún momento, algo muy poco común, tiene derecho a 7 curules (1*11+6*6=47) hasta que pasan 43 años de dicho registro, luego sólo tendrá derecho a 6 pues, de seguro, el siguiente registro será mayor a 41% de los votos.

El número más usual de magistrados que ha habido es 19; de los cuales entre once y trece son nombrados por dos partidos hegemónicos, tres de forma constante por agrupaciones medianas y los demás por partidos intermitentes.
En la historia destaca la época de los siete: Siete partidos que superaron el apoyo mínimo por más de un siglo pero nunca por mucho, por lo que el tribunal se mantuvo estable con siete magistrados.
Fue una época de gran diversidad de políticas públicas y de liderazgos.

Por la gran sala del buró (Cs)

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El palacio de gobierno es donde se realizan los actos protocolarios pero es en las sedes de los partidos donde se toman las decisiones de peso.
Visitamos varias de ellas, todas soberbias, intimidantes. Cada cual con su propio estilo, con la simbología representativa de sus doctrinas.

La más ajetreada, por supuesto, fue la sede del partido de gobierno.
El día que fuimos se celebraba la reunión del buró con todos los miembros principales por lo que había más movimiento de lo usual.
Ocurre una vez al mes y siempre se toman decisiones trascendentales, aunque no sean anunciadas de inmediato. Se siente la excitación general sólo contenida por la formalidad protocolar, por la majestuosidad en cada acción.

En especial la gran sala del buró político parece un lugar sagrado, sin duda lo es para muchos.
En la antigüedad el buró estaba conformado por 23 personas que, por la efectividad de sus actuaciones, recibían la confianza de sus copartidarios.
Entre ellos tomaban las decisiones: Uno por uno, con la mayor solemnidad, declaraban si estaban a favor o en contra de una medida y explicaban el motivo. Se acataba lo estipulado y, al saberse las consecuencias de dichas decisiones, se procedía a agradecer o a culpar a los responsables y a reajustar el prestigio de cada quien.

Con el tiempo se fueron sistematizando tales procedimientos para que no perdieran su grandeza, para hacerlos más compatibles con sociedades cada vez más complejas, que requerían cada vez más rapidez en la toma de decisiones y de dirigentes cada vez más especializados en temas específicos, pero siempre cuidando la dignidad de la gran sala del buró.
Siempre se debe buscar que cada asunto sea tratado por las personas con mayor experiencia posible, que generen la mayor confianza entre los copartidarios, que tengan el mayor prestigio posible. La norma se sintetiza en un principio simple: El buró estará constituido por los 23 dirigentes más prestigiosos interesados en un asunto dado…
(Dicho principio básico es matizado) …pero ningún dirigente podrá participar en más reuniones que los miembros de nivel superior, aquellos con más prestigio. Todos tienen la obligación de participar en el buró cuántas veces sea necesario para mantener el sistema funcionando a riesgo de perder prestigio.

A pesar de que la militancia no evalúa de forma directa a los dirigentes (sino a la efectividad de las acciones en que coadyuvan) igual éstos actúan con el mayor respeto y veneración hacia los símbolos y ritos, como si alguna fuerza cósmica pudiese afectar el desarrollo de los acontecimientos.
Por eso las reuniones siguen el mismo ritual desde hace siglos. Sólo ha cambiado la asistencia y el lugar, por ejemplo: según el número de dirigentes principales las reuniones son en la gran sala del buró o no.
En algunos casos incluso pueden concurrir hasta visitantes del extranjero (como yo).

Historia de negociaciones (LH)

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Cuentan que el territorio era demasiado extenso, que no había medios de comunicación.
Era usual que se mandara a un mensajero certificado que negociara asuntos específicos con las poblaciones menos distantes. Ese mensajero pronto empezó a ser representante, representante plenipotenciario capaz de firmar acuerdos sin necesidad de hacer el viaje de vuelta a consultar a sus pares.

Era una época más familiar, aunque no por eso más amable, todos conocían a todos y era normal que se formaran varios bandos en cada población, varios partidos.
No se hacían votaciones, la gente sólo sabía por intuición cuál bando era mayor. Los partidos políticos no se habían formalizado así que no había conceptos como dirigencia o transfuguismo. Sólo había personas más interesadas en participar y gente que cambiaba de opinión (de bando) con más facilidad.

El sistema partidista se estructuró en la medida que se hizo costumbre hacer planes a mayor escala (más allá de la comunidad). El enviado dejó de ser una simple representación en negociaciones específicas y pasó a ser un proponente de ideas y proyectos, además de contralor de su puesta en marcha y correcto funcionamiento. Pero para ello era necesario más que un individuo, era necesaria una estructura, una institución con mayor rango de acción, más perdurable. Una institución que pudiese, por ejemplo, coordinar las decisiones comunes en varias comunidades con una misma forma de pensar. Surgió la militancia.
Así los bandos se volvieron partidos políticos y el más grande de estos en una población se volvió gobierno.

Los partidos de gobierno tendieron a polarizar la política (estás conmigo o en mi contra) y casi de inmediato brotó el bipartidismo, que fue bueno en principio pues consolidó la nación al crear la asamblea nacional, por ejemplo, pero que tenía una tendencia demasiado centrista.
Todos los asuntos se resolvían desde el centro y para el centro. Los dos partidos más grandes, al ser nacionales, tenían los recursos para atraer suficientes militantes en cada comunidad sin brindar mayores beneficios a cambio.
No necesitaban ser mayoría, con ser la mayor minoría bastaba.

El sistema era insostenible pero los bipartidistas estaban demasiado cómodos para darse cuenta. Por doquier los partidos locales empezaron a hacer negociaciones entre sí para resolver sus propios problemas bajo la mirada indiferente del centro. De repente empezaron las secesiones, una tras otra (tal vez como parte de un pacto).
Fue la gran crisis del bipartidismo. Los centristas dejaron de tener militancia en la periferia hasta que cedieron poder a los partidos locales: Se creó el tribunal supremo, se empezaron a hacer votaciones, que abrieron paso al transfuguismo, y el segundo partido más votado en cada localidad comenzó a tener representación en la asamblea nacional.

Las regiones que se separaron formaron naciones más liberales aún, pero hubo un acuerdo general entre todas que permitió la libre circulación e incluso la administración conjunta de algunos territorios.
Los militantes siempre han sido asiduos negociadores.

El gesto cívico primordial (Sc)

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Un gran acuerdo se estaba formando, convertiría a una pequeña ciudad en un polo productivo gracias a una gran inversión del gobierno central, pero el ánimo en la ciudad estaba por el suelo, había caras largas por doquier.

Las últimas votaciones mostraban una gran dispersión del apoyo popular, uno de los grandes partidos había perdido gran parte de sus votos en favor de otras organizaciones más pequeñas.
El partido se oponía a la firma del acuerdo, no porque estuviese en contra del modelo de desarrollo que se implementaría o por algún motivo doctrinario, sino porque le arrebataba parte del poder directo que había ostentado desde mucho tiempo atrás, se lo arrebataba de forma definitiva.

Algunos dirigentes abogaban por postergar la firma hasta que se hallara un mecanismo para conciliar a las partes pero no alcanzaba el tiempo. En cualquier momento podía haber un cambio en el gobierno nacional que eliminara la posibilidad.
La mayoría de la dirigencia evadía el tema o lo menospreciaba. Sólo unos pocos aprobaban que los militantes del partido votaran por otras organizaciones hasta que se firmara el acuerdo y se pusieran en marcha los proyectos: El progreso de la comunidad implica el progreso de la militancia del partido, decían, y con ello la organización misma saldrá fortalecida a largo plazo, aunque en lo inmediato haya una disminución en la capacidad de acción, en el poder de negociación.
El progreso de la comunidad era el principal objetivo del partido y un voto coyuntural no cambiaría la grandeza de su militancia, ni su fidelidad a las doctrinas compartidas

Ese episodio ilustra el principal gesto cívico de un militante: anteponer los intereses de la comunidad, o de la nación, a los del partido.
En otras naciones ese gesto es más cotidiano, es casi intrascendente porque está implícito en el sistema, en lo pactado antaño. En cada elección los ciudadanos pueden votar en blanco o dar su apoyo a líderes específicos de otros partidos, a la opción que consideran menos mala, lo hacen sin que ello traiga controversia pues votar es una obligación moral y el método usado conlleva a tales prácticas.
Si la dirigencia del partido aplica mal las doctrinas que dice defender, hay que elegir la opción que muestre la dirección que se debe seguir. Es la forma más efectiva de corrección.

Pero aquí aún hay remanentes de las más antiguas tradiciones, cuando no había votaciones y sólo se debía comparar el número de militantes de cada partido para determinar quién(es) debía(n) gobernar o pactar los grandes acuerdos.
Aquí la militancia suele sentir la necesidad de influir desde dentro del partido, no desde afuera de él.


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