Parleros

Son cuatro las naciones donde impera la habladera constante y los debates innecesarios. Aquí los escritos con los aspectos más característico de cada cual.
(La numeración de los capítulos corresponde al orden cronológico de nuestro viaje)

Capítulo 17

Donde se describe una nación de parleros tradicionalistas

Concurrencia deliberante (Pb)

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Llegamos a otra nación primaria, diferente a las demás visitadas.
Estaba en un lugar tranquilo, protegido por acantilados, apartado de todo, excepto de ellos mismos (diría algún lugareño), excepto de las malas lenguas de sus propios vecinos.

Desde el inicio de su historia ha sido una nación deliberante, acostumbrada a resolver sus conflictos con poder blando. A todos allí les gusta hablar, opinar, hacerse escuchar, y tienen el derecho a hacerlo en cada asamblea convocada. Para algunos es un deber, no importa si se sabe del tema o si éste es relevante, lo importante es hacer respetar el derecho a opinar.

Todas las decisiones se toman en parlamentos, hasta las más nimias.
Al primer lugar a donde nos convidaron fue al foro, una amplia plaza con gradería donde se debaten los asuntos públicos. En el centro de cada poblado hay uno, al aire libre, donde cualquiera puede participar (incluso los extranjeros).
Paseamos muchas veces por allí, es la zonas más concurrida de la ciudad pero, con todo y eso, no había demasiada actividad. La vida en esa nación es apacible, lenta. La gente habla más de lo que trabaja, y están orgullosos de ello.
Es la capital menos poblada de las que conozco (en proporción al resto de la nación). Me cuentan que hay quienes se mudan a zonas despobladas sólo para tener mayor oportunidad de hablar en las asambleas, que es el plan de retiro ideal para muchos.

El organismo más importante para los lugareños es el cabildo de su municipio, nada ocurre si una mayoría fuerte en su seno se opone. Nada, ni siquiera si es una decisión proveniente del parlamento nacional, al menos eso dicen ellos.
Y es así en lo que respecta a sus asuntos locales, en cuyo caso una mayoría simple hace inviable cualquier injerencia del parlamento nacional(ista).
Pero si es un asunto declarado de interés nacional por la mayoría de los demás cabildos basta con que una minoría base (ya sea en votación secreta o pública) conceda tal estatus para que el asunto no pueda ser tratado como local, aceptándose las resoluciones del parlamento.
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*Nota: Ésta fue la decimoséptima nación que visitamos. La concurrencia constante a sus asambleas me recuerda las convenciones partidas en las naciones de prolíficos, que duran más de lo usual por tener demasiados militantes. (#054.)

Representación absoluta (Cg)

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También fuimos al Capitolio, un lugar frío y aburrido, con un hemiciclo encerrado, vetado.

Aunque el Parlamento Nacional es a veces ignorado e incluso despreciado, allí es donde se armoniza la vida de esa nación, allí es donde se engrana y se pone en marcha la política.
Para tratar asuntos nacionales los ciudadanos delegan sus votos para que sean ejercidos en el parlamento. Cada cabildo nombra al menos siete delegados, sin importar su tamaño ni su población ni su poderío. Lo importante es garantizar que se represente la sociedad con todas sus variantes.

La elección es autónoma en cada cabildo y se hace en dos rondas: En la primera ronda (de selección) cada votante apoya cinco candidatos en total, de cinco listas distintas: El primero entre los dos delegados más novatos en ejercicio; Otro (2do) entre los dos con mayor representación; Uno más (3ro) entre los otros delegados en ejercicio; El cuarto entre los candidatos con más de una década sin postularse y el último entre aquellos con experiencia pero que no están en funciones. Así se hace posible resaltar opiniones ocultas y posibles puntos de consenso.
Los siete candidatos con más apoyos, o aquellos con el apoyo de más de 41,67% de los votantes, se someten a la segunda ronda (de redistribución) donde cada ciudadano apoya al candidato que quiere que le represente, a sólo uno de los seleccionados, asignándole a cada cual un poder de voto parlamentario igual al número de votos que recibió en su cabildo. Con lo que cada decisión es un referéndum en segundo grado.
Todo ello para que cada votante sepa con precisión quién representa sus intereses, quién transmite su voz. (Una necesidad espiritual entre ellos.)

Las rondas de selección se hacen cada cinco años a menos que una minoría base (de un tercio de los votos) del parlamento nacional convoque a elecciones. Por otra parte puede haber una ronda de redistribución cada 29 días, si así lo desea una minoría sencilla del cabildo (un décimo de los ciudadanos activos).
Según la tradición para cada asunto se puede conformar un parlamento distinto, con distintos delegados, pero en la práctica desde hace mucho el proceso se ha simplificado. En lugar de ello se da la posibilidad de hacer votaciones adicionales de redistribución de votos cuando no se llega a decisiones firmes. Para que la decisión sea firme en primera votación debe ser de dos tercios de los votos representados, si no se alcanza se deberá convocar una segunda votación, dando suficiente tiempo a que los cabildos que deseen redistribuyan sus votos.
En la segunda votación sólo se necesita mayoría de votos representados.

Toda decisión pasa por dicho proceso. Por ello es considerado un régimen dubitativo en exceso, casi inoperante, pero nadie se queja, sólo disfrutan discutir nimiedades.

Proyectos estudiantiles (CE)

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La educación sigue lineamientos generales bastante amplios. En cada asamblea escolar (no se puede esperar otra cosa) es donde docentes y padres definen los cursos a ser dictados.
La gran mayoría de las escuelas son pequeñas para evitar que haya retrasos por intentar complacer a todos los padres.

Los cursos más dinámicos son los estructurados con debates.
En especial llamó mi atención un curso en el que los estudiantes redactan proyectos de acuerdos para que sean puestos a consideración del cabildo.
No sólo como un ejercicio instructivo: dichos proyectos pueden ser aprobados incluso a nivel nacional.

Todo ciudadano tiene derecho a presentar proyectos, de hecho es la única forma de iniciar el proceso legislativo. Se priorizan aquellos de proponentes noveles y de quienes más tiempo tengan sin ejercer tal derecho.
Los estudiantes simulan como presentarían el proyecto ante el cabildo local y diseñan una estrategia, que incluya las mejoras alianzas.

El autor tiene derecho a que su proyecto sea expuesto ante dicha asamblea, después una minoría sencilla (10% de los miembros activos de la comunidad) deberá promover su primera discusión.
Todo ciudadano que haya hecho uso de palabra en alguna de las pasadas 61 sesiones puede promover una primera discusión, pero si no llega a segunda discusión (por el apoyo de una minoría base) deberá esperar 29 días para promover otro proyecto.
En la segunda discusión los presentes plantean posibles modificaciones y en la tercera el proponente inicial presenta los cambios que tuvo a bien hacer y el proyecto es votado.

Es un proceso largo y tedioso por lo que los mejores proyectos estudiantiles reciben financiamiento estatal. En especial si la propuesta alcanza el ámbito nacional.
En dicho caso un tercio del cabildo debe apoyarla para que pueda ser presentada en el parlamento, en donde deberá ser promovida por un minoría sencilla de los votos representados para después ser respaldada por una minoría base de manera análoga al proceso en los cabildos. Incluyendo las restricciones necesarias para evitar que se congestione el sistema, por lo que los estudiantes deben escoger a un político de carrera o cabildero para que defienda su propuesta.

Lo que diferencia a los políticos del resto de la ciudadanía, es su capacidad para que los proyectos que apoya lleguen a segunda discusión en cada instancia y para hacer que otros ciudadanos menos participativos hagan propuestas en torno a sus intereses.

Selección de magistrados (Sj)

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Los cabildos también se encargan de impartir justicia.
Cada cual designa una junta permanente de jurisconsultos para conocer los casos y dictar una sentencia inicial. Si la misma no es unánime, el pleno del cabildo asume el caso y la sentencia se determina según la representis, según la proporción de votos que considere culpable al acusado:
Si llega a cinco sextos será la pena máxima, y la mínima si es de la mitad de los votos. Si hay criterios diferentes entre el cabildo y la junta de justicia el caso pasa a la corte suprema de la nación.

Cualquier sentencia puede ser modificada por dicha corte, excepto la máxima, al menos en teoría (nunca ninguna decisión del cabildo ha alcanzado un acuerdo de cinco sextos).
La sentencia también puede ser revisada si los agraviados consideran que va en contra de los principios promovidos por el propio cabildo, en cuyo caso ha de prevalecer lo dispuesto en la mayoría de los cabildos correlacionados.
La corte suprema está conformada por once miembros con un periodo de mando de al menos siete años, después del cual pueden ser removidos en cualquier momento si en la asamblea se alcanza un acuerdo mayor a aquel con el que fue elegido, tanto en términos absolutos como en relativos del poder de voto.

Para mantener el equilibrio y evitar grandes conflictos y debates se forma un consenso en el tiempo: Los delegados de cada cabildo distribuyen sus votos entre tres opciones de una lista de 19 preseleccionados: Se hacen múltiples rondas descartándose en cada ronda el postulado con menos votos.
Las votaciones son una vez al año o cuando surge una vacante. La representación de cada cabildo, como conjunto, debe apoyar candidatos distintos a lo hecho en las tres votaciones anteriores, con lo que eventualmente los apoyos empiezan a coincidir en los candidatos más moderados, en aquellos que producen menos rechazo en los extremos políticos. Dándose, con el tiempo, un consenso.
La preselección se hace por mayoría absoluta del pleno del parlamento por medio de múltiples rondas, decantándose en cada cual la opción menos votada. Hay siete candidaturas, dos postulados por cada minoría base (de un tercio) y aquella que obtuvo la segunda mayor cantidad de votos en la preselección anterior.

Los magistrados eligen entre ellos cada año al presidente de la corte.
Dicho presidente funge como representante del estado en actos protocolarios y en las relaciones externas:
Una nación son sus leyes.

Pregones para la unidad (Cs)

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Fuimos a visitar a una de las personas más conocidas de la nación sin ser líder ni detentar un cargo de poder directo.
Si bien la presidencia es respetada por sus méritos técnicos-jurídicos, el cargo más admirado y popular es el del pregonero del parlamento nacional.

Toda asamblea, desde una vecinal o una sectorial (como las escolares) hasta una gubernamental, designa un pregonero para cada sesión de debate. Éste se encarga de hacer la reseña oficial de la misma, resaltando el voto final de cada quien y el contenido formal de la decisión.
Es usual que una misma persona ocupe el cargo por largos periodos, pues siempre es preferible elegir a alguien ya conocido, sólo es necesario que demuestre imparcialidad y conocimientos políticos.
Cada ciudadano, en dicha elección, debe apoyar al menos a tres postulados, mientras que sólo puede nominar a un candidato cada 353 sesiones. Los nominados mantienen tal estatus si reciben el apoyo recurrente de más de un quinto de la cámara.

Visitamos a quien había detentado el puesto más veces durante la última década. Una pregonera, una señora mayor pero aún no anciana, con una memoria infalible sólo superada por su capacidad para leer a la gente.
Ha dedicado su vida a hacer pregones, de joven en asambleas estudiantiles y luego en su vecindad hasta llegar a su cabildo local y de allí ser nominada al parlamento nacional.
Nos cuenta que en cada cual su rol ha sido muy diferente. En especial le atrae los grandes asuntos tratados en el parlamento, y aunque dice extrañar la cercanía entre conciudadanos que se da en los cabildos y las asambleas menores, no cambiaría la majestuosidad del parlamento nacional, su sentido casi espiritual.

Para ella cada votación en el parlamento es como una ceremonia religiosa. Los delegados se levantan uno a uno, dicen un lema (una frase corta que justifica su decisión) y luego el sentido de su voto, empezando siempre por quien representa menos votos para que su voz también sea oída.
Su misión es aglutinar las opiniones y posturas que surgen en el hemiciclo como reflejo de la sociedad, pero sobre todo debe demostrar que siempre se llega a la mejor solución posible, aunque tal vez con algo de lentitud.

Cada debate, cada votación, da como resultado un compromiso donde cada parte obtiene algo según su sincronía con el resto de la sociedad.


Capítulo 27

Donde se describe una nación de parleros federados por necesidad

Secesiones por pasividad (LH)

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La mayor confrontación entre parleros fue bastante pasiva: son personas más de palabras que de acción.
Todo empezó con un crecimiento abrupto de la población que llevó a sus antepasados a fundar asentamientos en lugares desprotegidos. Intentaron que tuviese instituciones análogas a la metrópolis madre pero eran demasiado vulnerables a ataques extranjeros.

Tuvieron que elegir autoridades más eficaces.
Poco a poco se adoptó el concepto de consenso en el tiempo: Se realizarían votaciones periódicas donde, en cada ocasión, cada cabildo debería apoyar candidatos distintos, con lo que los mejores acumularían apoyos desde cada vez más cabildos. (Por lo general los candidatos son los funcionarios de la instancia inmediatamente inferior al cargo a ser elegido.)

La primera aplicación constante de este método se dio con el nombramiento de comandantes de frontera, que se encargaban de resguardar distintas secciones de la misma. Se hacía por mayoría simple en múltiples rondas, descartándose en cada ronda al candidato con menos votos, y a todos los que tuvieran menos del 10% de apoyo.
Después de cada nombramiento, cada cabildo debía dar su respaldo a hasta tres de los comandantes (distintos por vez) para lo que se hicieron múltiples rondas descartándose en cada una a quien tuviese menos apoyos, quedando a cargo del comando general quien acumulase más apoyos a lo largo del tiempo (y saliendo de su cargo, después de tres años de gracia, quien acumulase menos).
Así surgió el ministerio de guerra y los viceministerios de frontera, replicándose dicho modelo en todos los demás ministerios creados.

La separación de los asentamientos de la nación madre fue promovida por un carismático ministro de guerra.
Ello fue ampliamente debatida al temerse una posible dictadura hasta que se accedió a seguir su plan con una sola condición: El ministro renunciaría a sus funciones y a la vida pública, no ejercería de nuevo ningún cargo público en ningún nivel, demostrando así que sus ideas de una nación independiente no eran un apetito de gloria personal. Para sorpresa de muchos, aceptó y cumplió.
Todo bajo la mirada pasiva de la nación madre, cada nuevo avance producía gran indignación y muchas misivas de inconformidad, pero ninguna acción. Ni siquiera la formación de una federación entre los asentamientos produjo una reacción fuerte, sus procesos eran demasiado lentos y pesados, no podían llegar a acuerdos siquiera para nombrar un enviado especial que tratara el asunto, ni mucho menos un ministro con poderes especiales.

Y sólo hubiese hecho falta una leve determinación, una simple amenaza creíble.
Al menos eso se puede deducir de la historia por dos asentamientos que, aun siendo diminutos, pudieron convertirse en naciones por fuera de la federación: Una en el centro neurálgico de la misma y la otra en una ancha zona fronteriza que quedó olvidada por mucho tiempo.

Estructuras no debatibles (Sc)

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El éxito de la federación se dio gracias, en gran medida, a la disposición del conjunto social de dar la mayor concesión que se le puede pedir a un parlero, el mayor gesto cívico: Ceder el poder de decisión a un ente ejecutivo que no se presta para ningún debate más allá de rendir cuentas en fechas prestablecidas o bajo circunstancias dadas.
Esa es la opinión de una de las mentes más lúcidas de la nación cuando se le pide comparar a ésta con las demás de la armonía.

Cedieron el poder en la toma de decisiones general pero reforzaron su dominio sobre los asuntos locales, fue un intercambio implícito, una reacción casi instintiva.
Desde un inicio existió la amenaza latente de secesión si se sobrepasaban los límites “lógicos” (que más bien intuitivos) que debía tener el poder central. De hecho ha habido varias secesiones y seguro habrá algunas más, seguidas de sus reincorporaciones. Incluso hay leyes y reglamentos claros que detallan cómo debe ser el proceso para que sea lo menos traumático posible, pero ello no las hace menos inconvenientes.
Poco a poco la nación se volvió más federalista. En cada provincia hay varios cabildos, cada uno con la potestad de ajustar su representación en el parlamento nacional e incluso de hacer que se repita la elección en su provincia con sólo el acuerdo de una minoría base (de un tercio) de la población.

A mí me pareció notable cómo surge un gran debate en cada cabildo después de cada designación de un funcionario ejecutivo.
Va en contra de sus principios nombrar a un individuo, por muy brillante que pueda parecer, para que tome decisiones sin sus respectivos debates minuciosos y profundos. Todos sienten que va en contra de sus principios pero a la vez entienden que hay principios perniciosos contra los que se debe luchar con método y constancia.
Sólo es necesario calibrar qué tipo de decisiones se pueden dejar a discreción de un funcionario (o varios) y cuáles controles son los idóneos para detectar anomalías. Ello sólo se puede hacer con el tiempo: errando, evaluando y corrigiendo.

Así, cada cabildo a cada momento, se arroga la facultad de evaluar, hacer ver errores y proponer correcciones sobre las actuaciones de tan malqueridos funcionarios.

Carreras poco apreciadas (Sf)

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Cada provincia tiene el mismo número de representantes pues todas tienen los mismos derechos sin importar el tamaño de la población, del territorio o de la economía respectiva.

Hay representación absoluta de los votantes.
Primero se eligen a los cinco representantes: Cada circunscripción provincial se divide en tres partes con un número similar de votantes activos, cada tercio presenta una lista de candidaturas y los ciudadanos votan por una opción de cada cual, quedando elegidos los cinco candidatos más votados.
En la segunda ronda, de redistribución, se asigna la representatividad que tendrá cada quien, a cuántos ciudadanos representará cada diputado, para lo cual cada votante sólo puede apoyar a uno de los representantes ya elegidos.
Para que una decisión sea firme debe ser aprobada por la mayoría de los votos representados y por la mayoría de los diputados.

Si bien el parlamento es la institución más importante, capaz vetar con facilidad decisiones ejecutivas, gran parte de la atención la reciben los ministerios y su coordinación general, tal vez por la incomodidad que causan sólo por existir [como se explica aquí]. A ellos se les exige mucho más que a los delegados legislativos.
Cada funcionario desarrolla una carrera de varios años: Primero debe ser elegido por mayoría simple de los parlamentarios provinciales para formar parte del consejo local encargado de implementar las directrices del respectivo ministerio, o del consejo coordinador de las diferentes ramas ejecutivas, y con el tiempo ser elegido como director de su consejo, llegando así al nivel nacional.
Según el tamaño de la provincia, y la importancia que se le dé a la rama política, los consejos pueden tener de 17 a 23 miembros de entre quienes se elige un director provincial por consenso en el tiempo. Para ello cada consejero va acumulando apoyos, en votaciones anuales, de los diferentes cabildos representados en el parlamento provincial, en dichas votaciones no se pueden repetir las escogencias anteriores. (Es un método similar al usado en la elección de los magistrados de la corte suprema.)

Dichos directores provinciales de cada ramo conforman el consejo nacional respectivo y de entre ellos el parlamento nacional elige, con el mismo método, al ministro a cargo.
Así la tendencia política que domina el parlamento va imponiendo sus candidatos en el ejecutivo pero se requieren décadas para alcanzar la hegemonía.
Nunca se ha logrado.

Aceptable por la mayoría (ID)

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En esta nación, como en cualquier otra de paleros, los impuestos son creados por los cabildos después de largos procesos de debate por lo que muy pocos proyectos son aprobados pero cuando sí lo son duran por décadas e influyen en su entorno.

La mayoría de los impuestos son provinciales, pero ninguno ha surgido de un parlamento provincial: Por lo general un cabildo cualquiera, que se ve en un aprieto económico, idea una forma de generar ingresos propios diferenciados aprovechando las condiciones de su entorno, sean geográficas, climatológicas, demográfica o cualquiera otra; condiciones que los cabildos vecinos también suelen poder aprovechar, por lo que adaptan dichas ideas, y así se esparcen poco a poco hasta ocupar la mayor parte de la provincia y ser asentadas por el parlamento, al menos en sus aspectos más generales, de manera tan amplia y difusa que sea aceptable para una gran mayoría de los cabildos.

Aún en nuestros días hay “secesiones internas” por motivos impositivos. Muchos cabildos cambian la provincia a la que pertenecen para evitar impuestos que no se ajustan a sus capacidades y potencialidades, para lo cual siguen los procedimientos de secesiones de la nación. De hecho ahora las fronteras de las provincias son muy distintas a las de los inicios de la federación, en la época de los antiguos asentamientos.
Así las cosas, es muy difícil siquiera plantear algo similar a nivel nacional. Lo más que se hace es cobrar impuestos a los cabildos según la población en edad productiva que tenga cada cual: No importa si es una nación federal, todo ciudadano capaz debe contribuir en la misma medida con el estado. Si alguien desea recibir mayores beneficios por su aporte se puede mudar a una gran ciudad, si vive en una nación centralizada, o a una zona poco poblada si está en una federación.

Lo que sí se controla a nivel nacional es la emisión de una única moneda.
En toda nación de parleros hay un directorio encargado de las políticas monetarias que se conforma por consenso en el tiempo:
Los delegados de los cabildos (en el parlamento nacional) con intereses económicos y financieros similares se reúnen en sesiones especiales y nombran un consejo local encargado de llevar las estadísticas oficiales y recomendar medidas económicas. De entre sus miembros se elige un director: Una vez al año cada cabildo participante reparte sus apoyos (sus votos representados) entre sólo tres de dichos miembros, excluyendo a aquellos respaldados por cada cual en los tres años anteriores, quedando electo quien acumule más apoyos con el tiempo.

Dichos directores se reúnen a su vez en un directorio nacional cuyo director en jefe es elegido por el parlamento del mismo modo.
Es lo único aceptable para todos.

La gran coalición perdida (Pp)

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El partido político con más poder en ese momento era de tendencia liberal moderada.
Desde hacía varios años había sido parte de una sólida coalición que mantenía la mayoría en el parlamento, con lo que ya había nombrado a muchos consejeros que pronto llegarían a los cargos supremos.

Entre parleros los más conservadores abogan para que el poder absoluto repose en el parlamento, en una mayoría consolidada (de dos tercios), sin importar lo ineficiente y peligroso que ello pueda ser.
Los liberales, por su parte, buscan ampliar cada vez más los poderes ejecutivos en pro de un gobierno eficaz pero, aunque siempre estipulan un fuerte control del parlamento, no hay límite en el poder que se puede ejercer por medio del ejecutivo, no hay límite en qué tan radical puede ser un liberal.
El partido principal en aquel momento, al ser moderado, sólo parecía querer consolidar el estado de las cosas, esperando que con el tiempo la sociedad se diera cuenta de lo efectivos que son los cargos ejecutivos y se decidiera a ampliarlos.

Pero de repente se encendieron las alarmas:
Salió a la luz un acuerdo entre los partidos de la coalición gobernante que especificaba el rol de cada cual y los límites dentro de los cuales las demás partes tendrían plena disposición a coadyuvar.
Allí se especificaba que los partidos más radicales de la coalición, con la anuencia de los demás, llevarían la batuta en una serie de reformas a las leyes fundamentales que al final establecería de manera definitiva un poder ejecutivo de elección directa.
Allí se especificaba cómo pensaban afianzar su poder, cómo modificarían el parlamento, cómo engañarían a la población, cuáles artimañas usarían.

No se decía en qué momento. Tal vez el plan llevaría décadas enteras pero ello no evitó que muchos cabildos convocaran a votaciones (de redistribución en lo inmediato) y que hubiese un cambio total en la inclinación del poder de voto en el Parlamento
en menos de una semana.


Capítulo 40

Donde se describe una nación de parleros con múltiples ciudadanías

La mayor franja fronteriza (Pg)

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Al llegar me vi en medio de una polémica relacionada a una de las familias más poderosas de esa nación.
Una familia que estaba en el centro de la vida política local y cuya influencia llegaba a las dos naciones vecinas, con múltiples funcionarios públicos.

Mi anfitrión, un cincuentón bonachón que entró tarde en los asuntos familiares por dedicarse al arte, me explicó que tal influencia es aceptable, e incluso admirable, debido a la tradición que se refleja en tratados firmados y en la legislación vigente.
Resulta que los nacidos allí tienen la ciudadanía en las dos naciones fronterizas que le rodean, tienen plenos derechos políticos ya que el territorio es considerado, por cada cual, como una provincia más.
Es como una amplia franja fronteriza con leyes propias y gobierno autónomo.

Me contó que el cargo que ostenta, de elector, surgió por el derecho ciudadano de participar en la elección de diversos funcionarios públicos, que en este caso son muchos, a saber:
La elección de representantes a los parlamentos nacionales de las dos naciones vecinas, y a su propio parlamento, al menos una vez cada cinco años. La elección de autoridades ejecutivas locales y nacionales de su vecino más grande, con votaciones anuales para alcanzar un consenso en el tiempo. Y además, como si fuera poco, eligen un ente directivo superior capaz de armonizar la vida pública (del cual hablaré en otro momento).
Todo ello susceptible a adelantos repentinos, a redistribución de votos o a revocatorias, con lo que son demasiadas elecciones para el gusto de los parleros.

Aquí no somos tan afines a votar por políticos, me dijo más de una vez mi simpático anfitrión: Aquí preferimos parlamentar en cabildo y decidir.
Por eso se limitan a votar sólo por un elector que traslade sus palabras, pensamientos e intuiciones en la elección de los demás cargos populares. Palabras, pensares y sentires que se recogen en asambleas semanales que tratan desde los asuntos cotidianos hasta aquellos de Estado y que acaban con una votación, la única votación electoralista que hacen.

Los electores siempre están en la cuerda floja. Las repercusiones de cualquier desliz son inmediatas, en dos o tres semanas pueden perder su estatus y prerrogativas.
De ahí la angustia casi palpable de mi anfitrión en nuestro encuentro, le costaba mantener el balance entre satisfacer a sus votantes y colaborar con su familia, parecía requerir alguien que le animara a tomar «la decisión correcta».

Tuvimos una conversación bastante informal. casi baladí. Al menos eso creí yo hasta que me enteré de unas reveladoras declaraciones que dio a los medios sobre sus dilemas, pasando desde un análisis político a sus asuntos familiares, algo totalmente innecesario e inesperado, algo incongruente con su personalidad.

Era de esperarse que su familia me culpara a mí de tal cambio de conducta.

Unas decisiones evaluadas (Gc)

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En toda gran familia de políticos, con una misión dinástica, siempre hay pugnas internas que resuelven según marque su tradición; en el caso de una familia de parleros, con extensos debates.

El conflicto interno llevaba semanas inflándose pero sólo estalló con mi llegada, por pura casualidad, quisiera creer.
Se hizo público por la espontaneidad de uno de los miembros más inexperto de la familia, que en su afán por atraer nuevos votantes tuvo un exceso de sinceridad, dejando entrever las facciones internas y dando de qué hablar al resto de la sociedad.
Las diferencias giraban en torno a una posible reforma de la ley de aguas, que permitiría forzar a las concesionarias del ramo a rendir cuentas más a menudo.

Para agilizar la toma de decisiones relativas a los servicios públicos, estos se asignan a concesionarias, las cuales disfrutan de gran autonomía.
La influencia de los cabildos sobre las mismas es sólo a largo plazo y tangencial: Cada cabildo vota acerca de las decisiones importantes tomadas por la directiva de cada concesionaria (incluyendo el nombramiento de sus propios miembros). Al votar por la pertinencia de dichas decisiones se evalúa a su vez a los encargados de tomarlas, siendo removidos del cargo los directivos con menor sincronía histórica con los cabildos.
Tales votaciones se hacen justo después de que la decisión ha sido tomada y, al menos, en una ocasión más después de un tiempo perentorio (que se decide en el mismo debate evaluativo).
La magnitud de ese «tiempo perentorio» era lo que estaba en discusión.

Ante la polémica los principales miembros de la familia se pusieron de acuerdo al estar convencidos de que no era deseable que se expandieran las habladurías sobre sus asuntos internos. La solución le correspondía (por turno ponderado) a una de las líderes más experimentadas, La Generala, quien dirigía el ministerio de defensa de la nación vecina y decidió mover algunos hilos para distraer la atención.
Hizo que un aliado cercano promoviera la necesidad de revocar el mandato de un cargo ejecutivo que influía en las dos naciones. Lo hizo a sabiendas de que lo que más altera a sus connacionales es que haya funcionarios que puedan tomar decisiones sin un debate profundo y extenso.

Nadie pareció sospechar de la intención oculta, era normal que los analistas políticos locales se olvidaran del alcance internacional de esa familia.
Después sería debatida a profundidad la idoneidad de tal medida, evaluándose a su vez el liderazgo de quien la impulsó y reordenándose los turnos ponderados.

Con una visión estratégica (Ar)

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El directorio es el ente político más importante de esta nación.

Mi anfitrión, aún aprendiz de político, me invitó a que le acompañara a la sede de dicho organismo.
Me explicó que allí se toman las decisiones estratégicas de la nación, que allí se decide cuáles leyes y decretos (de las instancias con competencia) son aplicables en el territorio y me confesó que mantener una influencia constante y cuantiosa allí es el centro de las maquinaciones de su familia, una de las más poderosas de la nación.

En teoría el poder del directorio es pasivo, pues sólo puede vetar decisiones de otros entes, pero en la práctica es fácil forzar decisiones por medio del mismo, según me explicó.
Por demás es difícil, sino imposible, alcanzar la hegemonía en el directorio: Está compuesto por 23 miembros elegidos por consenso en el tiempo de entre los parlamentarios con un periodo o más en ejercicio.
Cada año hay votaciones cruzadas, los electores de cada cabildo votan por algún parlamentario que represente un cabildo de otra circunscripción y que no hubiese estado entre los más apoyados en los últimos tres años.
Alcanzándose así la mayor representatividad posible.

Mi anfitrión, por su cargo de elector, no tenía nada que buscar en la sede del directorio, sólo tenía acceso por ser parte de una familia tan renombrada como la suya.
Mientras caminábamos por el palacio directivo me contaba con orgullo casi infantil la leyenda negra de sus antepasados. Cómo fue su ascenso, cómo se aprovecharon de la tensión política en la época de «las reclamaciones» para hacer que se acumulara cada vez más poder en la directiva del parlamento nacional, el cual dominaron por varias décadas.
Algo, según él, necesario y ventajoso al permitir negociaciones más fluidas llevadas por un liderazgo más asertivo.

La denominación «Directorio» surgió en aquella época, cuando le dieron identidad propia a la directiva del parlamento en un intento por implementar una dictadura parlamentaria que sólo fracasó por culpa del azar, según la historia familiar.
El organismo inicial estaba constituido sólo por siete miembros (todos cercanos a su familia) y cuyos asientos se renovarían por mayoría simple en el seno del propio parlamento.
Algunos cabildos apoyaron la medida en general pero muchos más sólo apoyaron a directivos específicos esperando que, con el tiempo, surgiera un consenso en torno a los mismos.

La formalización de otra pequeña nación, en el seno de la federación de parleros, tranquilizó a los más alarmistas y dejó sin excusas a los populistas.
Con el pasar de los años ganaron poder los sectores moderados, quienes mejoraron los métodos de elección y aumentaron el número de directores, diluyéndose el poder de la familia de mi anfitrión, quien terminó su parloteo lleno de amargura.

Las costumbres migratorias (MP)

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Entre parleros la vida es lenta, dilatada.
El aburrimiento me golpeaba cuando de repente llegó de visita la hija de quien se había convertido en mi mejor amigo y guía por aquellos lares.

Al parecer su llegada fue toda una sorpresa, no por ser imprevisible sino porque no había sido debatida a profundidad.
Casi de inmediato me enteré que era una de las personalidades políticas más polémicas del momento. Era conocida por su pasión por la política, por su deseo ineludible de alcanzar la mayor cantidad de poder en el menor tiempo posible, de aprovechar cada resquicio disponible, cada ventaja que le dieran, incluyendo el prestigio de su familia, por supuesto.

Había nacido en la capital de la federación siguiendo la costumbre familiar de que sus miembros tengan derechos políticos a plenitud en diversas naciones y localidades de la armonía, lo cual sólo se logra siendo nativos residentes. Por eso van distribuyendo descendientes a lo largo y ancho de los territorios como si fueran fichas de go.
En general es común que los parleros planifiquen el nacimiento de sus hijos pero no en tal sentido. Se limitan a adquirir una triple nacionalidad básica, útil para viajar y trabajar, y que es heredable hasta los nietos.

Cuando la conocí parecía saber todo sobre mí, me trató con dulce ironía, haciendo preguntas incómodas con total amabilidad.
Se burló de mis quince minutos de fama entre parleros pero sin reprocharme nada, ni a su papá, como si el escándalo del que fui parte () careciera de importancia. Por demás mostró cierta satisfacción al resaltar que La Generala (quien al parecer era su mayor competencia dentro de la familia) había hecho “movimientos comprometedores” para dejar atrás el asunto.
Entendí que nos había utilizado.

Apenas pude le pregunté qué opinaba sobre la tradición que la mantuvo alejada de su padre desde pequeña (fue internada en un prestigioso colegio en su ciudad natal). Ella sonrió y se mostró orgullosa de la costumbre familiar contándome cómo inicio:

“Los abuelos” llegaron en la era de las reclamaciones, cuando las dos naciones fronterizas querían aumentar su influencia en este territorio en disputa y promovieron grandes migraciones. Cada abuelo llegó desde una de las naciones vecinas con el mismo objetivo: hacerse del poder, tal vez no ellos mismos pero sí por medio de sus hijos. Se conocieron promoviendo y defendiendo el tratado de entendimiento de donde surgió esta nueva nación y se volvieron el vivo ejemplo de tal entendimiento cuando se casaron, aún muy jóvenes.
Entre campañas y giras tuvieron siete hijos, uno en cada una de las siete ciudades más grandes del territorio (donde estuvieran al momento). Los niños fueron criados por padrinos (políticos) locales.
Así, lo que inicio por casual desprendimiento se convirtió en la base fundamental de poder en las décadas posteriores.

Había una profunda alianza entre padre e hija pero la abrupta llegada de ésta había sido, por sobre todo, para anunciarle a su padre que estaba embarazada.


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