Votantes

Son dos las naciones donde imperan las votaciones populares, con todas sus implicaciones. Aquí los escritos con los aspectos más característico de cada cual.
(La numeración de los capítulos corresponde al orden cronológico de nuestro viaje)

Parte IV

Capítulo 37

Donde se describe una nación de votantes tradicionalistas

Implicaciones de un voto (Pb)

(índice)

La mayor preocupación entre votantes es que su opinión sea tomada en cuenta a plenitud. No hay lugar donde cada voto tenga tantas implicaciones puntuales, directas e inmediatas como éste.

Por ejemplo, cuando llegamos estaban por celebrarse elecciones en la mitad de las provincias, se elegiría a los gobernadores y directores de cada cual y se renovarían sus delegaciones ante el parlamento federal (nacional). Pero la escogencia de los funcionarios no era lo más importante en ese momento.
Esa votación, por sobre todo, podía terminar de definir si habría un cambio en la estructura política.

Allí hay múltiples competencias “bisagras” que se asignan a uno de los tres poderes públicos políticos (ejecutivo, directivo o legislativo) dependiendo del voto popular recurrente.
Competencias que marcan cuál de dichas ramas dicta la pauta, que influyen en los procedimientos y requisitos necesarios para toda clase de decisiones, desde declarar la guerra y firmar tratados internacionales hasta atender catástrofes naturales; pasando por la elección de poderes públicos técnicos (como el judicial) y la aprobación de presupuestos.
La designación de dichas competencias depende del número de candidatos que los votantes apoyen.

Cada ciudadano vota por sus líderes favoritos en la entidad (de la provincia en este caso), numerándolos según considere conveniente.
El candidato que obtenga la mayoría de votos con la primera o segunda preferencia se convierte en gobernador (como se explica aquí); los cinco candidatos con más votos de cualquier nivel de preferencia serán los diputados de la provincia; y para ser parte del directorio se debe tener más del 31% de los votos en todas las entidades federales. Así, mientras más candidatos reciban apoyo más se fortalecerán instancias colegiadas.
Si, en promedio, los votantes escogen sólo dos candidatos como preferidos se dice que están buscando establecer un poder ejecutivo fuerte. Si dicho promedio esta en torno a cuatro el sistema tenderá a ser más legislativo; y si es mayor a cinco será más directivo, con un comité central planificándolo todo.
Pero tales cambios se dan con lentitud, tiene que haber una tendencia estable en todos los niveles del Estado y por varios periodos de gobierno para que una competencia cambie de instancia.

Nuestra llegada a esa nación coincidió con un cambio de época: la sociedad había estado reafirmando su deseo de un sistema más presidencialista.
Recuerdo que conocí a alguien que admiraba la eficacia e inmediatez de un gobierno centralizado, unipersonal, bien conducido (ya fuese a nivel municipal, provincial o nacional). Me contó que más de una vez, al no encontrar una opción ajustada a sus expectativas, había numerado la candidatura “menos mala” con un tres (3) para así, sin apoyar su llegada al poder, respaldar que el sistema fuese presidencialista.
Así de metódicos son con el voto por esos lares.

Las elecciones simultáneas (Cg)

(índice)

La representación popular se actualiza de manera constante con elecciones anules.

Los años pares se alternan las elecciones de mayor nivel. Cada seis años se hacen las nacionales, dos años después las de una mitad de las provincias y luego de dos años las de la otra mitad.
En los años impares se hacen las elecciones municipales, la mitad de los municipios de cada provincia (4 años de mandato). En los lugares donde no hay elecciones municipales ni provinciales se hacen las distritales (para dos o tres años de mando).
Así, todos los años se actualiza algún nivel de gobierno, su directorio y el cuerpo legislativo del nivel superior.

Cada votante apoya múltiples candidatos, numerándolos.
El gobernante de cada entidad es electo por voto preferencial: Si un candidato obtiene la mayoría absoluta de las primeras preferencias queda electo para el cargo. Si ninguno lo logra, se suman las segundas preferencias de las papeletas del candidato menos votado, quedando éste fuera del conteo. Si nadie alcanza la mayoría se suman las del segundo candidato menos votado y así en sucesivo.

Los miembros del directorio son electos por consenso en el tiempo a lo largo del territorio:
Para ello cada quien debe ser apoyado por más del 31% de los votantes en todos los circuitos (o entidades federales) en tres elecciones consecutivas y por más del 47% en cada una al menos una vez, privilegiándose los últimos comicios. Al ser votaciones de apoyos múltiples, muchos candidatos logran cumplir tales requisitos, por lo que se estableció que la cantidad de directores no sería mayor a once.
El director general será quien haya obtenido apoyo de al menos la mitad de los votantes en más entidades federales en la última elección.

Por otra parte, los cinco candidatos con más apoyos de una entidad federal (excepto el gobernante recién electo) representan a la entidad en una asamblea superior: Los más votados de un municipio, por ejemplo, representaran al mismo en su respectivo parlamento provincial. No importa el nivel de preferencia con que fueron votados, en la primera etapa sólo se cuentan los apoyos en general.
Todos los votantes deben estar representados en las asambleas legislativas por un diputado específico, con lo que cada diputado tiene un poder de voto igual al número de ciudadanos que representa. Para ello, una vez que se proclaman los cinco ganadores, se designa su poder de voto repartiendo primero los votos de primera preferencia de cada papeleta, después los de segunda de las no asignadas y así en sucesivo.

También hay una gran convención nacional cada seis años donde se reúnen los tres líderes más apoyos en cada municipio. Se realiza un mes después de las elecciones municipales del año siguiente a las nacionales.
Es la primera prueba de popularidad del presidente en ejercicio.

La formación de votantes (CE)

(índice)

El hábito del voto debe inculcarse desde la más tierna edad.
Entre ellos se da de forma natural, hay múltiples juegos infantiles donde se votan las decisiones comunes, pero además tienen la potestad de participar en el desarrollo e implementación de ciertas directrices educativas, desde los más pequeños en sus guarderías que, por ejemplo, pueden elegir cuáles cuentos quieren que se les lea o dar su opinión sobre qué tipo de merienda prefieren.
Múltiples decisiones mínimas que parecen intrascendentes y que requieren un esfuerzo extra de los educadores pero que hacen que votar se vuelva costumbre, que se vuelva casi una necesidad.

La primera votación pública oficial en la que pueden participar es en las elecciones distritales, a los trece años de edad.
Después, para votar en cada una de las elecciones gubernamentales, tienen que haber votado en dos ocasiones en las del nivel de gobierno inmediatamente inferior. Sólo son libres de participar cuándo y cómo quieran al cumplir los 23 años.
En el caso de las consultas populares, que son las votaciones más comunes, «los ciudadanos habilitados serán aquellos que hayan participado en la elección de la instancia que la haya convocado.»

Como parte de la formación ciudadana de los estudiantes se suelen hacer debates sobre cada votación que se convoca.
Debaten sobre las políticas educativas locales y nacionales, aunque son sólo los padres y representantes quienes pueden participar en las votaciones respectivas:
Estos últimos, además de ser convocados a consultas de todo tipo en torno al sistema educativo, eligen al inicio de cada año escolar a múltiples coordinadores de entre candidaturas nacionales, provinciales y municipales, con lo que en una simple votación se decide no sólo quiénes estarán a cargo sino también cuál nivel de gobierno influirá más en cada localidad.

La administración educativa tiene una estructura fuertemente directiva y autónoma.
En cada distrito hay una coordinación con siete miembros que toman las decisiones según las directrices dictadas por los directorios municipales, provinciales o nacionales según sea el caso, pues en dichos directorios recae la mayor parte del poder.
La presidencia de la nación, por ejemplo, no tiene mayor poder sobre la educación, los decretos que emite al respecto pueden ser censurados en los directorios con sólo una mayoría simple.
Son habituales las disputas judiciales entorno al alcance de leyes y decretos.

Elección judicial ajustable (Sj)

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Una de las principales promesas de campaña del presidente estaba en tela de juicio. El tribunal supremo tendría la última palabra.
Dado el predominio de la presidencia en el sistema político de aquella nación llegué a pensar que el procedimiento sería un mero trámite, pero no fue así: el tribunal tenía plena autonomía y la sentencia debía estar bien fundamentada. Al parecer la influencia de la presidencia sólo se manifiesta al mediano y largo plazo.

Las competencias de los poderes públicos políticos relacionadas con el sistema judicial son de las que más cambían de manos, al menos en algunos detalles de sus procedimientos.
Por ejemplo, ya desde hace muchos años la designación de los magistrados del tribunal supremo ha estado, en mayor o menor medida, controlada por la presidencia de la nación (así como la de los magistrados provinciales por las gobernaciones) pero con cada nueva votación gubernamental se ajusta la discrecionalidad de la misma, el número de nominados de entre quienes puede elegir o la duración de los jueces electos en sus cargos.

Cada seis años, seis meses después de cada elección nacional, se elige a tres nuevos magistrados nóveles o suplentes, quienes tienen voz pero no voto en las sentencias finales.
Son electos al unísono de entre los magistrados provinciales para un periodo en el cargo que depende de la amplitud del consenso alcanzado, nunca menos de once años ni más de 17 en total, y que inicia apenas asumen el cargo como nóveles. Justo después de dicha elección los mismos magistrados supremos asignan el orden en que ocuparían una silla principal.
El número de supremos siempre ha de ser, al menos, el doble del de los nóveles más uno.

La designación de los magistrados la hace la instancia que hubiese recibido más apoyo de manera más recurrente por las dos últimas generaciones (o siete décadas).
En la época de nuestra visita se acercaba las elecciones de la mitad de las provincias, se esperaba que se reafirmara la preferencia de los votantes por el poder centralizado y unipersonal; se esperaba que los votantes apoyaran a pocos líderes en sus provincias, que sólo hicieran lo necesario para elegir a los gobernadores, restándole importancia al parlamento federal y allanando el camino para los comicios nacionales, dos años después.

Si se cumplían tales expectativas, llegado el momento, el parlamento federal tendría que nominar más candidatos que en ocasiones pasadas, dándole mayor libertad a la presidencia para elegir según su propia visión de futuro, mientras que el comité directivo nacional jugaría un papel casi simbólico haciendo la preselección general.

Los votaderos permanentes (Cs)

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Las votaciones gubernamentales son sólo una vez al año, pero eso no evita que haya otras muchas votaciones en entes públicos y privados, desde partidos políticos y fundaciones sin fines de lucro, hasta consorcios privados y sindicatos, pasando por instituciones académicas e incluso eclesiásticas, además de las llamadas votaciones plutocráticas (del sistema tributario).

Es un derecho ciudadano poder someter cualquier asunto al voto público, es un derecho que el Estado garantiza poniendo a disposición votaderos (o centros de votación) permanentes con toda la infraestructura y personal técnico necesario.
Son oficinas públicas autónomas que laboran todos los días del año según lo requiera la población local. Hay una de ellas por cada 10.000 votantes y en cualquier poblado demasiado apartado que tenga un mínimo de 619 votantes activos, necesarios para poder garantizar el secreto del voto.
Son los lugares más concurridos de cada ciudad, de cada pueblo: Hay quienes van a diario, siempre encuentran algo que hacer: en especial buscan propuestas novedosas que estudiar, ya sean locales o foráneas.
Son quienes, además de votar por sus asuntos, examinan y comparan consultas hechas para otras ciudades y pueblos e intentan ajustarlas a las necesidades y creencias locales. Son los conocidos como difusores.

En esa esa nación no son comunes los debates.
En su lugar se dan negociaciones implícitas, negociaciones en las que cada nueva propuesta le agrega ligeros cambios a alguna anterior y adquiere mayor o menor significado según sea el apoyo que reciban de los votantes. Negociaciones de la sociedad en pleno pues todo ciudadano tiene derecho a proponer consultas populares (aunque sólo puedan ser presentadas en su propio votadero).
Para que una propuesta sea presentada a todo un distrito, debe ser atendida (con un voto válido) por más del 1% de los votantes activos en el centro de votación del proponente antes de transcurrida una semana. Que una propuesta sea ignorada, es el peor resultado, significa que ni siquiera vale la pena modificarla, que ni siquiera merece ser considerada por nadie más.
Después de ser vista por un distrito puede seguir escalando niveles (municipio y provincia) o puede ser replicada por los difusores de forma aleatoria a lo largo de la nación.

Ante el gran volumen de propuestas, hay una listas de espera para cada nivel, para cada entidad, en las que se toma en cuenta el tiempo que tenga el proponente desde que participó en el proceso por última vez, qué tanto éxito obtuvieron sus últimas propuestas y qué tan activo ha estado en los últimos dos años.
Todo ello sin distinción entre quienes ostentan cargos públicos y quienes no, por lo que es usual que los políticos de carrera enganchen a votantes asiduos para que presenten propuestas por ellos.

Simplificación del sistema (LH)

(índice)

En los primeros tiempos las votaciones se hacían en asambleas públicas, en cada asentamiento.
No había debates ni tiempo de reflexión, sólo se presentaba una proposición tras otra, seguida cada cual de sus respectivas votaciones.

Pero dicho sistema no duró mucho en ningún lugar: Nada más hacía falta que la población creciera un poco para que no fuese viable, para que no hubiese dónde reunir a todos los interesados, para que las propuestas planteadas tuviesen que ser votadas días después, cuando ya fuesen de conocimiento público y notorio.
Las asambleas terminaban quedando sólo como el lugar para una presentación inicial, y nada más.

Con la creación de la federación y el surgimiento del directorio, primera institución a nivel nacional que perduró, empezaron a sincronizarse algunas votaciones.
Al inicio el directorio sólo tenía autoridad para actuar sobre sus propios estatutos, no era un poder ejecutivo fuerte capaz de someter a los gobiernos locales. Su medida inicial fue establecer plazos para la elección de sus propios miembros: Quienes quisieran influir en su conformación debían votar durante una ventana de tiempo determinada, cada cinco años.
Esa ventana sólo se convirtió en una única jornada de votación cuando se empezó a elegir a un presidente y se realizaba un solo proceso nacional.

Luego el directorio fue estableciendo prácticas uniformes para la sana convivencia política. Por ejemplo, las leyes electorales (o sus reformas) sólo podían entrar en vigencia luego de cinco años de promulgadas.
Tiempo después dictó una directriz donde marcaba que, por el derecho al voto omnímodo universal (el derecho de todo ciudadano de opinar sobre cualquier asunto público), era necesario crear centros de votación permanentes. Casi de inmediato la asamblea nacional emitió una ley que reguló su funcionamiento y la presidencia adecuó instalaciones provisionales para que estuvieran a disposición a la brevedad posible, además de certificar al personal técnico adecuado

La mayor simplificación se dio con una directriz que tomaba en consideración que eran los mismos requisitos para los distintos cargos de gobierno y que era muy común que los funcionarios cambiaran de un cargo a otro (de diputado a gobernador, por ejemplo). La directriz establecía que no se debía votar para elegir a quienes ejerzan cada cargo en específico sino que era suficiente votar por múltiples líderes políticos en cada nivel de gobierno y que dependiendo de los resultados se asignarían los cargos respectivos.
Se recalcó que debía quedar claro en la ley el orden en que se asumiría y la prelación en cada caso.

Abstenciones con utilidad (Sc)

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Todos los votos cuentan, en todas sus formas, con todas sus implicaciones. Incluso son importantes los votos en blanco, y la abstención general.

Aunque el mayor placer para los autóctonos está en ejercer el voto, en ocasiones ven necesario hacer un sacrificarlo por el bien común.
La mayoría de las votaciones tienen múltiples consultas, cuando alguien va a votar pero deja de lado alguna de las preguntas significa que considera que la misma no está bien planteada, ya sea porque le faltan opciones válidas o porque simplemente no debió existir (siendo una pérdida de recursos y de tiempo).
Ya que todos los votantes tienen derecho a proponer preguntas en las consultas públicas, se hace necesario incentivar que sean de calidad, que sean sobre asuntos de valor. Por ello se clasifica a los proponentes según la proporción de las preguntas que plantea que son dejadas en blanco por muchos votantes. Quienes suelen proponer consultas con pocos votos en blanco, es decir, quienes hacen preguntas de calidad, se ganan el derecho a participar con mayor frecuencia en el proceso.
Así, el voto en blanco es una herramienta útil para la mejora constante del sistema.

De hecho el voto en blanco, con el pasar de los siglos, le ha dado forma a las elecciones gubernamentales.
El sistema político empezó siendo directivo. Durante la primera crisis de gobernabilidad, al poco tiempo de consolidarse la federación, los electores empezaron a dejar cada vez más espacios en blanco en las votaciones cruzadas y apoyaban sobre todo a quienes proponían que se tomaran medidas más audaces e inmediatas ante los problemas cotidianos, apoyaban que hubiera más presencia del Estado nacional. El directorio propuso que los gobiernos locales cedieran parte de sus competencias al gobierno nacional pero estos sólo aceptaron después de una gran presión social y lo hicieron en favor del parlamento. Ya el directorio tenía demasiado poder.
Un proceso semejante dio como resultado a la presidencia como ente ejecutivo autónomo, pero en ese caso tuvo que estallar una guerra internacional para que se viera la importancia de la inmediatez en la toma de ciertas decisiones.

En ese entonces cada poder público se elegía en fechas distintas y la proporción de votos válidos con respecto a los votantes activos definía el grado de autonomía de cada cual.
Hoy en día, con la simplificación electoral, se entiende que el desinterés es con respecto a todos los cargos públicos elegibles en general y por tanto se deben adelantar todas las elecciones. Se suelen adelantar tantos meses como puntos porcentuales haya caído la participación (a partir de dos puntos) con respecto al promedio de los últimos 23 años.
El adelanto es de hasta un máximo de once meses, es decir, si la participación cae 13% o más, las próximas elecciones que estén pautadas se realizaran un mes después, pero ello nunca ha ocurrido. Los adelantos suelen ser de un mes o mes y medio en épocas de crisis.

Dirigiendo la integración (Sf)

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La nación se formó gracias a un directorio.
En la antigüedad, al aumentar el comercio entre los asentamientos, creció el deseo popular por una alianza desde las bases, haciéndose necesario que líderes de las comunidades se reunieran y lograran acuerdos de amplio apoyo, que lograran grandes consensos.

Algunos políticos empezaron a promover más que una alianza, una federación. Empezaron a tener encuentros esporádicos para fijar posturas comunes.
Al poco tiempo, como era de esperarse, hubo votaciones para elegir negociadores en muchos asentamientos. En cada cual se hizo de forma distinta, tanto en tipo de campaña y requisitos para ser candidato, como en el número de líderes a elegir y el tiempo que ejercerían sus funciones.
Eventualmente todas las comunidades eligieron delegación y la mayoría se llegaron a reunir en asamblea pero no lograron acuerdos, mucho menos consensos.

Al ver los pocos frutos que daba aquel proceso, algunos gobernantes convocaron unas nuevas consultas, pero no para elegir otros negociadores sino para indicar con quiénes se debía tratar.
Así surgieron las «votaciones cruzadas» donde los ciudadanos podían dar su voto a un solo líder de cada una de las otras delegaciones, dejar en blanco el espacio de una comunidad significaba que no se debía negociar con ella. Al menos así funcionó en la mayoría de los casos: Cada gobernante lo hizo a su manera, con total autonomía, pues en esa época no había un ente superior que los dirigiera a todos.

Sólo once delegados obtuvieron un resultado sobresaliente en todos los asentamientos.
Entre ellos acordaron promover la instalación de un congreso con todos los representantes ya electos, del que serían directores, para que votara los estatutos de un nuevo ente, para que definiera sus potestades y atribuciones, además de buscar nuevos acuerdos.
Al directorio de esa asamblea, electo en las susodichas votaciones cruzadas, se le concedió el poder de convocar y organizar consultas populares en todas las comunidades, en toda la federación. También se acordó que cada cinco años habría elecciones parciales del nuevo ente y que se crearía una asamblea de propuestas legislativas, que serviría como cámara baja capaz sólo de redactar leyes nacionales para que fueran aprobadas por el directorio.

Así, cinco años después, se reemplazaron a los siete directores que obtuvieron menor respaldo base (menor votación en una entidad cualquiera). En las sucesivas votaciones se remplazaría a tres más cada vez, por orden de antigüedad en primer término y de respaldo en segundo.
En cada ocasión se elegían de entre los diputados de la asamblea nacional y también se votaba para redistribuir el respaldo de los directores que permanecían en sus cargos.

Las primeras rondas de votaciones directivas se realizaron de forma desordenada.
Los gobernantes de cada asentamiento mantenían el control territorial y sólo realizaban las votaciones ante la presión popular o por conveniencia geopolítica, no por mandato del directorio.

Votaciones plutocráticas (ID)

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Asistí a la mayor reunión anual de magnates votantes.
No se reunían para discutir ni debatir nada en particular. El encuentro se daba más por casualidad, se daba de forma tangencial, pues los mayores contribuyentes estaban llamados a participar en la jornada final de las votaciones plutocráticas.

En esa nación los ciudadanos tienen derecho de votar para decidir dónde será invertida la mayor parte de su contribución con el fisco; pueden elegir entre proyectos, instituciones y planes específicos. Mientras mayor sea la contribución de un ciudadano, más tributos (o unidades base) tendrá a su disposición y más podrá influir en el gasto público.
Antes de llegar creí que vería discusiones intensas sobre cuáles proyectos eran los idóneos o sobre qué se debería cambiar de un programa específico. Creí que la reunión era para eso, para afinar propuestas y hacer alianzas. Pero no, toda la jornada no fue más que un reencuentro de viejos y nuevos amigos lleno de anécdotas personales, amigos que coincidían en el centro de votación y pasaban el rato allí hasta saber los resultados.

Intente crear algo de controversia pero fue en vano. Sólo había revuelo cuando alguno de los afectados preguntaba y se quejaba por el costo de agrupación, el cual era el más elevado de los últimos años.
Para disminuir la influencia individual en proyectos o sectores específicos se utiliza un sistema de voto agrupado con costo exponencial variable: Mientras más tributos un individuo desee que se inviertan en un único fin (es decir, mientras más desee agrupar sus votos tributarios) más aumentará el costo total, más tributos tendrá que destinar a ello en una proporción exponencial.
Por ejemplo, si el costo de agrupación (o exponente) es dos, para poder dar tres votos a un proyecto se necesitaría gastar nueve tributos (3²=9).
Luego la recaudación total se distribuye según el número de votos obtenido por cada tópico.

El susodicho exponente se va ajustando en cada jornada según como voten los ciudadanos empezando con los contribuyentes base, que pagan el mínimo (tres tributos) y no asumen costos por agrupación, pasando por múltiples jornadas de cada vez de mayor nivel y terminando aquí, en un lujoso salón que funge como centro de votación de las personas más acaudaladas de la nación (con cientos de tributos para distribuir cada cual).

Es un proceso cíclico, el costo de agrupación se va adecuando con el pasar de los años según las necesidades de capital o de justicia social, según el deseo de las mayorías de darle más o menos libertad a los magnates en el uso de sus propios tributos.

Con el apoyo del partido (Pp)

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La líder con más reconocimiento de uno de los principales partidos acababa de sufrir una derrota que la apartaría del poder.

En su mejor época llegó a ser parte del directorio volviéndose referencia para gobernadores y alcaldes. Según a quién se le pregunte fue el político más importante de la nación por al menos una década, en la que llegó a tener bajo su influencia hasta a la presidencia (con sucesivos títeres).

Se aprovechó del cambio de paradigma que sufrió la nación al inicio de su carrera, supo ver el deseo de la población por un sistema más presidencialista.
En esa época los cargos ejecutivos no eran fuente de poder, no tenían competencias importantes, no influían en la toma de decisiones; por lo que casi ningún político los ambicionaba.
Por eso le fue fácil alcanzar la gobernación de su provincia y luego la presidencia, a pesar de su falta de carisma.

Desde nuestro primer encuentro me pareció una persona hosca, lejana, cuya mirada siempre parecía querer intimidar y que incluso tenía dificultades para sonreír ante su círculo más íntimo.
Siempre había sido así. Al estudiar sus primeras campañas pude entrever que no había ninguna referencia a ella como persona y que se promocionaban sus ideas por medio del partido, a pesar de que los votantes son poco partidistas.
En aquella época los partidos más reformistas estaban en su apogeo, la gente quería un cambio pero no lo conseguía. Dichas organizaciones nunca dejaron de enfocarse en su principal propuesta histórica: Que se hicieran menos consultas populares pues las mismas “son cada vez más banales, se le da igual relevancia a asuntos de estados que a la farándula”.
Pero tales cambios no estaban entre las prioridades de una ciudadanía que sólo querían un gobierno más efectivo y práctico.

La mayoría de los políticos más carismáticos eran independientes o reformistas, para evitar competir con ellos decidió unirse a un partido tradicionalista.
Desde allí promovió fortalecer el papel de los cargos unipersonales, que tuvieran la facultad de hacer propuestas de consultas popular. Era una contradicción en sí misma: La sola existen de un ejecutivo fuerte restaba importancia al voto directo, pero era la única forma de plantear sus ideas a los más conservadores.
Luego sólo fue necesario  un poco de populismo y demagogia para alcanzar los susodichos cargos ejecutivos.

Llegar al directorio fue más difícil. Se tuvo que valer de métodos poco convencionales, y nada legales.
La salida a la luz de documentos que probaban tales prácticas supuso su perdición. Siempre negó toda acusación y a la vez enfatizó los buenos resultados obtenidos durante su gestión dejando entrever que había valido la pena, que el fin justificaba los medios.

Tal vez por toda la violencia y fraudes que he visto desde joven, y mi incapacidad para darle importancia, o tal vez por no haberme inmiscuido, fue que nunca cambió mi actitud para con ella.


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