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Parte I

Donde se describen los difíciles primeros años del viaje

(índice)

Hace poco, por un incidente insignificante (releer un libro de la familia), me vinieron a la memoria algunas imágenes de mi infancia. Intenté recordar el contexto pero nada llegó a mi mente. Tal vez lo sombrío de los lugares que recorrí dejó algún tipo de trauma en mí, a pesar de la protección y amor de mi familia.

Desde entonces he intentado rememorar más detalles de aquella época pero vuelven demasiado fragmentados. Por eso me di a la tarea de escribir los episodios de los que tengo más certeza, y alguna otra cosa, empezando por cómo llegaba a las distintas naciones que visité junto a mi familia durante mi niñez.

Intentaré mantener un mínimo de orden cronológico aunque mi intención no es hacer un recuento detallado, al menos no en principio.

(Cliquear en => para seguir el orden de composición)


Capítulo 01

Donde se describe una nación de déspotas tradicionalistas
ir a Cap04 o Cap09

Llegada a un lugar hostil (#001<=//=>)

(índice)

Llegamos en medio de una guerra. Tuvimos que esperar en la frontera de esa nación (la más hermética) hasta que hubiese un cese al fuego.

Cualquier lector de estas líneas dirá que no debimos ir mientras durara la guerra pero eso era, y es, imposible: Aquella nación siempre está en guerra. Y si se logra coincidir con un periodo de tregua general (un mes por década a lo sumo) es más peligroso aún pues la tensión se incrementa y cualquier forastero puede servir como el chivo expiatorio necesario para la siguiente ofensiva, sin importar credenciales diplomáticas ni salvoconductos.

Esperamos varios días en la frontera, días tensos en los que recuerdo no poder dormir. Cuando cesó el combate en la zona entramos como parte de una delegación internacional que buscaba un acuerdo de paz y llevar ayuda humanitaria.
Recuerdo que yo no quería entrar, recuerdo haber preguntado a mis padres por qué no evadir esa nación. Me dijeron que sería visto como una afrenta, que los principales pretextos en esas guerras se basaban en resentimientos por nimiedades.
La comitiva iba escoltada por guardias del bando «gobernante», que más que gobernar controlaba el territorio sin prestar mayor atención a sus habitantes. La tensión era palpable, cualquiera podía ser un espía, un infiltrado, un atacante suicida.

La guerra se debía a una revolución, no recuerdo si restauradora o reformadora, sólo recuerdo que íbamos por zona neutral y nombraron a los miembros del bando a la izquierda y a la derecha, sin explicarnos sus diferencias. No indagamos (eso podía ofender a los anfitriones).

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*Nota: Así fue nuestra llegada a la primera nación que visitamos. Era demasiado joven, no recuenrdo con claridad, supongo que mi mente ha acomodado algunos detalles y dejado ir tantos más.
A continuación escribiré sobre cómo nos recibieron en dos o tres naciones más. La segunda aquí.

De una revolución a otra (#004<=//=>)

(índice)

Lo que mejor recuerdo de aquellos días es la vista desde las afueras del fuerte donde residimos, una vista de varios kilometros a la redonda.
Al llegar nos señalaron los campos recién disputados, fáciles de ubicar en la distancia por las humaredas que los cubrían. Nos señalaron el bando de la izquierda y el bando de la derecha, designaciones obsoletas, sin contenido, sin límites claros, sólo útiles para autocatalogarse y definir a quién se quiere de enemigo, si se es militante, o para catalogar a otros y decidir a quiénes aceptar en el propio bando, si se es jerarca.

En aquella nación no hay un método de traspaso de poder establecido. Sólo existe lo práctico, lo hecho, lo demostrable: si un déspota controla un territorio, por ejemplo, debe poder disponer de él cuando le plazca; si controla a sus seguidores, estos deben cumplir sus órdenes sin dudar ni mucho menos preguntar.

Los déspotas hacen continuas demostraciones de fuerza: Encarcelan personas al azar y esperan atentos: ¿Alguien se atreve a protestar?; Limitan el suministro de bienes básicos, ¿alguien se atreve?; Suspenden los servicios básicos, ¿alguien?
Presionan hasta que haya quien se atreva, reprimen tal atrevimiento, presionan aún más a su entorno y, demostrado el punto, relajan la soga para el resto.

Hacen todo eso como por instinto, tal vez por tradición, en todos los niveles, desde el nacional hasta el residencial. Lo hacen sin un estudio cierto de posibles consecuencias o escenarios. Lo hacen hasta que se les pasa la mano, hasta que presionan la tecla incorrecta, hasta que estalla una nueva revolución que promete mano dura, guillotina, pero sólo para los abusadores, para quienes han abusado de la confianza dada.

Que promete restablecer la justicia por medio del terror, por medio de continuas demostraciones de fuerza; lo cual hacen, hasta que se les pasa la mano…

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*Nota: Cabe destacar que los déspotas tradicionalistas están orgullosos de su forma de actituar, consideran que es la mejor manera de resolver conflictos, la más rápida. Al menos así piensan quienes permanecen esas tierras, pues hay otras naciones despóticas a las que pueden ir (como la que empiezo a describir en el escrito #005).

Luchando desde la infancia (#009<=//=>)

(índice)

Allí el despotismo impera en todos los niveles, hasta en el más íntimo.
En cada familia o, mejor dicho, en cada residencia manda una matrona. No existe término tal como familia, se evita el desarrollo de cualquier tipo empatía con la descendencia. Demostrar afecto es símbolo de debilidad y puede ser penado con el destierro o, más fácil, con la muerte.

Las crías son arrebatadas de sus progenitoras al nacer, si es que éstas no las abandonan antes, y son entrenadas para la guerra (niñas y niños por igual) en residencias comunitarias, pudiendo ser intercambiadas o comerciadas con otras residencias si así lo desee la matrona.
Se suelen organizar cruentos combates públicos entre jóvenes de todas las edades (eventos a los que no nos atrevimos a ir). Allí cada cual demuestra su valía: los mejores combatientes son reclutados; los demás pasan a hacer labores productivas, que son consideradas despreciables.

Las mujeres más aguerridas, además, son quienes se convertirán en matronas, con el derecho a seleccionar a los mejores sementales para procrearse. En la antigüedad existía la creencia de que las semillas se mesclaban en el vientre por lo que a mayor variedad, mejor fruto.
(En la actualidad dicha práctica se mantiene para que los verracos no tenga certeza de cuáles son sus descendientes)

Están prohibidas, bajo pena de muerte, las relaciones reiteradas entre una misma pareja por más de un ciclo.
Queda claro que no hay relaciones afectivas, sólo las hay de mando-obediencia.

Sentencia ejemplarizante (#016<=//=>)

(índice)

Hubo algunos días de calma durante nuestra estadía, más por distracción que por buena voluntad.
Todos estaban a la expectativa por un juicio particular en contra de un déspota que, hasta ese momento, había logrado resistir en rebelión al poder central.

Al preguntar cuántos años de cárcel sería el máximo de la condena. Me dijeron que la pena sería de muerte y, agregaron con sorna por mi ingenuidad, que allí no había cárceles.
No fue necesario indagar demasiado para enterarme que casi la única sentencia posible es de muerte, que el dilema después de la condena es qué tanto merece sufrir el culpable.
La muerte en sí misma no es castigo.

Entre déspotas nadie aprecia la vida en demasía, ni la ajena ni la propia. No temen perderla. Lo que explica en parte el descuido general en sus días, los riesgos innecesarios que asumen hasta en las tareas más rutinarias, la disposición a pelear por nimiedades hasta las últimas consecuencias, hasta más no poder.
“Es más honorable recibir una paliza que (parecer) eludir una pelea”

No existen leyes, las decisiones del déspota son toda la jurisprudencia, y ésta es ignorada sin problema.
Las penas se deben sufrir en vida. Para ello existe gran variedad de torturas (perfeccionadas a lo largo de los siglos), que se ajustan a las debilidades de cada condenado.

En aquella oportunidad todos sabían que el acusado moriría, y a nadie le importaba, ni siquiera a él mismo. Lo significativo estaba en qué tan cruel sería el déspota en su mensaje.
La condena fue a una de las peores torturas (no quise saber detalles). Se podía prever una venganza devastadora.
No habría contemplación. Guerra a muerte. Tendríamos que elegir bando.
Huimos de inmediato.

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Índice. Capítulo 01
  1. Llegada a un lugar hostil
  2. De una revolución a otra
  3. Luchan desde la infancia
  4. Sentencia ejemplarizante

(índice general)


Capítulo 02

Donde se describe una nación de prolíficos tradicionalistas
ir a Cap06

Mudanza a la tranquilidad (#002<=//=>)

(índice)

Recuerdo las ansias que tenía por llegar a esa pequeña y pacífica nación. Habíamos pasado semanas tensas y nos hacía falta algo de calma.

La bienvenida fue cordial: una enviada especial nos recibió y guio a la que sería nuestra residencia.
No hubo conflictos ni inconvenientes al entrar, aunque me contaron que la frontera estaba totalmente militarizada con personal de alta capacitación.

Me sorprendió enterarme que los habitantes de aquella nación seguían a un anciano apacible y sabio, lo seguían aunque nadie lo había electo. Todos respetaban sus decisiones aunque nadie lo consideraba gobernante, todos obedecían sus órdenes aunque nunca ejercía la fuerza (ni tenía potestad para hacerlo).

Cuando alguien de mi familia preguntó por qué él y no cualquier otro, por qué seguir a ese anciano en particular, respondían enumerando la cantidad de nietos y bisnietos que tenía (era el que más) y hablaban de lo buen padre que siempre había sido.

Sólo tiempo después comprendí que intentaban hacer ver que ese anciano, al tener tantos nietos y bisnietos, tendría intereses en todas las partes de cada conflicto, que sería el principal interesado en alcanzar el arreglo más justo, más ecuánime. 

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*Nota: Lo que mejor recuerdo fue lo relajante de llegar a un lugar tan apacible, a un lugar sin violencia física desbordada. En especial me relajó que pasaríamos un buen tiempo allí antes de ir a tierra de tiranos (#003).

Cambios predecibles (#006<= //=>)

(índice)

La tranquilidad y suavidad del benemérito anciano que lideraba aquella nación era contagiosa, se sentía en la vida diaria, en todos los habitantes.

Recuerdo en especial un día en que, en un intento de generar polémica, alguien preguntó quién sería el siguiente líder de la nación. 
No hubo polémica alguna, no hubo siquiera el menor atisbo de duda: Ya hay un abuelo (aún joven, relativamente) que supera a todos los demás en número de descendientes. Es muy posible que rebase al benemérito actual dentro de poco. 

¿Entonces podría asumir el cargo en ese momento, cuando rebase al benemérito? (Siguió la cizaña.) No, dicen con extrañeza, No hay cargo que asumir, la descendencia sigue a quien desea. 
Por instantes mi mente infantil creyó complacida en aquella buena voluntad y lealtad pero al poco tiempo, después de una breve indagación, me incliné a creer que no hay confrontación porque los nietos del líder en ejercicio son mayores que los de su posible sucesor, tal vez esos nietos tengan más poder, más rango y, en general, más ventaja en caso de una guerra interna.

Por otra parte, también intuyo que es difícil que el mando pase a la primera o segunda generación de un líder reciente, pues se consideran incestuosas las relaciones entre primos.
Pero ello no saltó a mi mente hasta mucho después, al recordar la celebración veinteañera de uno de los nietos del venerable anciano. Ya habíamos ido a un par de esas fiestas de cumpleaños (eventos públicos y fastuosos, como pequeños carnavales) pero en este caso no hubo mayor coqueteo con el galán de turno, a diferencia de las ocasiones anteriores. 
No hubo coqueteo no porque fuese feo o tímido o pobre o desvalido (era nieto de la autoridad suprema). Nada de ello influía. El detalle estaba en que, si no la mayoría, muchas de las señoritas presentes eran o primas o tías o sobrinas del homenajeado y cualquier insinuación exagerada podía valer la muerte.

Celebraciones estratégicas (#012<=//=>)

(índice)

En esa nación los jóvenes son entrenados para la guerra desde pequeños, crecen casi analfabetas: La vida los educa, no los libros; dicen las madres (quienes sí que se han educado desde niñas en arte, ciencia y filosofía). Los jóvenes pasan toda su adolescencia en internados militares cerca de las fronteras (sobre todo) con naciones de déspotas. De allí vuelven al cumplir 20 años, a una ceremonia hecha en su honor, para luego marcharse de nuevo a la frontera o dedicarse a los trabajos más pesados en la producción de alimentos y demás.

Las jóvenes por su parte se dedican a sus estudios hasta que así lo deseen. Al cumplir los 16 años ya pueden empezar a ser cortejadas (recuerdo justo esa expresión pues mis padres al oírla no pudieron contener una carcajada, incomprensible para mí).
Quienes se dedican a la vida académica deben prestar un servicio educativo obligatorio. Después de los cuarenta, cuando ya han alcanzado un nivel medio en su área de saber, deben dedicarse a difundirlo por cuatro años. Pudiendo ser menos si alcanzan el número de aprendices promedio.

Pero lo más relevante pasa en las celebraciones veinteañeras. Recuerdo en especial la de uno de los nietos del anciano benemérito pues, al no centrar mi atención en el homenajeado, me entretuve viendo cómo cortejaban a una de sus primas, de poco más de 16, supongo. 
Ella estaba colorada, feliz ante las insinuaciones sutiles pero certeras, halagada ante la atención que recibía, indecisa ante tantas opciones disponibles y condiciones posibles. 
Nada de ello tendría mayor relevancia si la fuente de esas insinuaciones, halagos y atenciones no hubiesen sido otras mujeres, mujeres algunas embarazadas, mujeres (entendería años después) que buscaban quien pudiera aumentar la descendencia del padre de sus hijos, del abuelo de sus nietos.
Así, el tino de chicas como ésta podría determinar quién será el líder supremo en el futuro, cabría suponer que su elección dependerá más de las cualidades de sus posibles comadres que de los encantos de quien podría ser el padre de sus hijos.

Las verdades semiocultas (#018<=//=>)

(índice)

Ya mis padres estaban preparando nuestra partida (habíamos sido invitados a la entronización de un tirano) cuando se enteraron que el venerable anciano tendría que ejercer su autoridad como juez.

No contaré los pormenores del asunto a juzgar, por no alargarme sin necesidad. Solo resaltaré que, a la hora de un conflicto, se reúnen en el tribunal junto al venerable anciano-juez todas las abuelas de la comunidad que lo deseen. Las abuelas de los implicados abogan por sus respectivas progenies. El juez no emite opinión durante los alegatos, limitándose a dar la palabra y a seguir una normativa interna rigurosa y muy detalla. Después se retira a su hogar el tiempo que considere prudente, medita, convoca una nueva audiencia sin mayor antelación y da su veredicto, irrevocable, por supuesto.

Pero lo memorable ocurrió gracias a nuestra incapacidad, como forasteros, de asistir al tribunal. Durante la audiencia tuve que dedicarme a pasear, encontrándome  de repente, y por mera casualidad, frente a la casa del benemérito. Me quedé allí, a la espera de nada (lo juro), cuando veo que llega el benemérito junto a muchas de las abuelas de sus nietos. Veo que se prende la luz de la amplia estancia central de la casa, veo algo de movimiento en el interior, un movimiento ordenado pero vehemente, como si por turnos debatieran algo… De repente, reina la calma, veo manos levantadas y veo al venerable juez salir de la casa, solo, rumbo al tribunal. Al parecer “él” ya había tomado una decisión.

A fin de cuentas, concluí años después, al tomar conciencia de ello: El venerable anciano, la autoridad máxima, no decide nada. Sólo es la voz simbólica que comunica lo decidido por el conjunto de mujeres que lo eligió como semental, como padre de sus hijas y abuelo de sus nietas.
Valiente en el campo de batalla, de buen gran corazón, pero sin voluntad propia. Así lo eligieron.

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Índice. Capítulo 02
  1. Mudanza a la tranquilidad
  2. Mejor cambios predecibles
  3. Celebraciones estratégicas
  4. Las verdades semiocultas

(índice general)


Capítulo 03

Donde se describe una nación de tiranos tradicionalistas
ir a Cap08

De vuelta a una tiranía (#003<=//=>)

(índice)

La tensión era palpable. Aunque sea yo la sentía, y me producía nervios.
Fuimos invitados a la entronización de un tirano. Nuestro traslado a la capital estuvo lleno de lujos y ostentación.

El nuevo mandatario había llegado al poder gracias a una revolución popular apoyada por todos, según sus acólitos: Militares, civiles, clérigos, jóvenes, ancianos, niños, empresarios, trabajadores de todas las profesiones; a cada cual se le atribuía un motivo para apoyar la revolución, así fuese baladí.

Se respiraba un clima de relativa paz general. El alzamiento terminó ni bien empezado. No hubo persecuciones ni retaliaciones contra el tirano desalojado ni contra sus seguidores. Es un derecho adquirido en aquella nación darle amnistía tanto a quienes se alzan en vano, como a quienes pierden el poder.
Ese derecho hace que las transiciones sean menos violentas, que no se ejecuten a los disidentes ni a los destronados, al menos no a muchos. Si bien las rebeliones son frecuentes, y siempre armadas, al menos no son sanguinarias.

En la ceremonia recuerdo un ambiente tenso. Todos estaban alertas, volteando en todas direcciones en todo momento. Nadie confiaba en nadie, lo cual era bien visto, según me pareció: Era una forma de demostrar preocupación legítima por el nuevo mandamás, de demostrar fidelidad plena.
Todo mundo era examinado como un posible lobo disfrazado de cordero, incluso yo que apenas llegaba a los nueve años.

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*Nota: Si bien la violencia no es tan común ni tan directa como entre déspotas siempre está latente de una forma más focalizada, más minuciosa, nunca al azar. Tal vez ello quede mejor ilustrado volviendo a la primera nación que visitamos en el escrito #004.

Basados en la desconfianza (#008<=//=>)

(índice)

Después de la entronización de un tirano, la luna de miel dura poco.
Dependiendo de su astucia se hace evidente o no cuándo el tirano va a empezar a acorralar a los disidentes más peligrosos, o a algún chivo expiatorio.
Por eso, desde antes de llegar, mis padres habían dispuesto una estadía corta: Apenas suba el tono, nos vamos; es la sentencia que más recuerdo de aquellos días.
No se podía confiar.

Nadie confía en nadie, siempre se espera lo peor de los demás. Piensa mal y acertarás, suelen decir.
No hay alianzas fijas. Las únicas certezas son el derecho a la rebelión y que todos quieren llegar a ser el mandamás, o estar cerca de quien lo logre.
Todos creen poder hacerlo, sólo necesitan la oportunidad para usar su astucia innata

Además de pocos riesgos al rebelarse, hay grandes incentivos: El gobierno, el estado, todo, está en manos del tirano. Desde hacer leyes hasta imponerlas y procesar a quienes parezcan incumplirlas, dictando sentencia según mejor le plazca (aunque siempre con algún argumento fundamentalísimo, soberano).
El tirano además determina la forma cómo se elegirá a su sucesor, según el método de moda al momento y el tipo y cuantía de tensión social imperante.

Cuando un tirano pierde el poder nadie lo lamenta ni se solidariza. Entienden que es su propia culpa por estar atento a banalidades en lugar de prever el golpe de estado o la confabulación. Incluso sus propios seguidores lo ven como una traición, una traición del líder que debía guiarlos y cumplir sus objetivos pero que, aun teniendo la capacidad, se deja llevar al volverse demasiado confiado, al sentirse predestinado.

Consenso para adoctrinar (#015<=//=>)

(índice)

El tirano lo es todo, incluso el principal pedagogo de la nación (lo noté desde que llegamos).
Procura enseñar por los medios más avanzados y directos lo que se debe pensar y sentir. Es usual la censura masiva: Por el bien de los niños, niñas y adolescentes, reza la consigna.

En ocasiones usa la fuerza bruta pero sólo como terapia, sólo para que sus vasallos aprendan a comportarse. No es tan común como entre los déspotas pues tiene una mayor capacidad retórica, de manipulación, para ajustar cada situación en su favor. 
Un buen tirano sabe crear excusas y relatos propagandísticos para que sus seguidores lo puedan defender e incluso sean capaces de contraatacar a sus enemigos. Es usual que se base en falsos positivos, sobre todo cuando quiere hacer una demostración de fuerza.

Pensándolo bien, de las prioridades educativas de un tirano se puede entrever sus planes y esperanzas. Desde la reeducación (tortura) de los rebeldes, de gran importancia cuando el tirano está estabilizando su poder, hasta el adoctrinamiento de los infantes a la más tierna edad, por ser fundamental para producir la sociedad ideal que le siga por convencimiento propio.

Las lecciones se basan en el odio y la revancha, en hallar culpables. Siempre existe un enemigo aparente al acecho, contra quien hay que permanecer unidos, en respaldo del líder y protector. Lo cual concuerda con esa desconfianza innata que les caracteriza.
La educación está estructurada como propaganda. En especial la historia es ajustada a los intereses de quien esté en el poder, siempre basándose en los mismos mitos y leyendas.

Además siguen ciertos lineamientos generales que nadie cambia pues a todos convienen, siendo leyes por convencimiento de la sociedad (como la de treguas).
Destaca lo referente a los planes de estudio. Todos los alumnos deben recibir la misma instrucción, el mismo contenido exacto. Siempre ha habido censores educativos asegurándose de ello. No se permite disenso deductivo ni preguntas incomodas. No se puede dudar de quienes fueron los héroes de la patria y quienes los traidores (o blandos).
La historia ha de ser un dogma de fe, hasta que algún tirano establecido quiera cambiarla.

Propaganda expiatoria (#022<=//=>)

(índice)

El tirano cree en los linchamientos, sobre todo en los mediáticos. El público es el mayor juez y verdugo.
Facilita la aplicación posterior de castigos más corporales.

La mano derecha del tirano suele ser su jefe de propaganda. En ocasiones parece el mandamás: indica qué decir y cómo y cuándo para causar el mejor efecto; decide cuál es el momento justo para arriesgarse y atacar, y cuál para esperar y vigilar.

La justicia no existe, el sistema judicial es sólo un medio para repartir cuotas de poder, poder para sacar rivales políticos del camino.
Se nombran magistrados de justicia según esas necesidades políticas. A sus cargos les dan nombres siguiendo la moda del momento, y en consonancia con la propaganda. La estructura de los niveles más bajos del sistema varía según los caprichos locales, siempre que no perturben al conjunto.

El mandamás además suele repartir las cargas para poder tener chivos expiatorios a disposición para cada ocasión. Nunca por confianza.
Nombra comisiones para redactar leyes o reformas constitucionales, así como ministros plenipotenciarios para asuntos de urgencia. Estos últimos son de especial interés no por querer solucionarlos, en beneficio de la nación, sino por estar en la palestra pública y ser la mejor fuente de propaganda (para sí mismo si sale bien o en contra de su subordinado si sale mal).

Además suele buscar enemigos externos a quienes culpar de cualquier problema mayor. Es la mejor forma de alentar la unidad nacional sin crear conflictos internos. 
Por eso mi familia no suele quedarse mucho tiempo en tierra de tiranos durante nuestro recorrido generacional.
Por eso preferimos retirarnos antes de que nos echen (aunque nuestra siguiente parada no sea demasiado alentadora).

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Índice. Capítulo 03
  1. De vuelta a una tiranía
  2. Basados en desconfiar
  3. Consenso para adoctrinar
  4. Propaganda expiatoria

(índice general)


Capítulo 04

Donde se describe una nación de déspotas autosometidos a la prolificidad
ir a Cap01 o Cap09

Llegada de las treguas (#005<=//=>)

(índice)

Cuando llegamos, aquella nación estaba en paz y tranquilidad, al menos para estándares déspotas. 
Fuimos escoltados hasta la capital pero no parecía necesario, la distensión era tan evidente que creí que mis padres habían cambiado el itinerario de viaje.

Pronto me enteré de lo que pasaba. La nación estaba en tregua, el déspota al mando ya era abuelo de manera oficial. Su tercer nieto había cumplido hace algunas semanas los siete años y eso le daba derecho a la tregua.
La ley suprema, de honor, que surgió entre aquellos déspotas establece que cuando uno de ellos se convierte en abuelo tiene derecho a vivir en paz, en tregua, hasta su muerte o hasta que él mismo lo desee, y la rompa.

Cuando me enteré de ello, y por lo que había visto hasta el momento, lo primero que se me ocurrió fue que su estrecha relación con la nación de los abuelos los había civilizado. Pero esa idea se desvaneció cuando supe que la pena por romper esa ley repercutía en las tres generaciones más jóvenes de la familia del culpable, pudiendo significar hasta la muerte si había complicidad.
Solo quien disfruta de la tregua puede decidir su finalización sin previo aviso, pero después de ello no podrá volver a disfrutarla por el resto de su vida, ni él ni sus hijos ni sus nietos.

La lógica detrás de esa ley fundamental es simple, es una adaptación de la aviacrática:
Quienes tienen más nietos procuran que sólo haya la violencia necesaria, son más justos.

Huidas y secuestros (#010<=//=>)

(índice)

Los orígenes de la nación son inciertos.
Cuenta la leyenda (algo cientificista) que fue establecida por un conjunto de mujeres déspotas incentivadas por ancianas poderosas de una nación vecina. Esas ancianas buscaban tener influencia en un pueblo aguerrido y ofrecieron un servicio de parteras en medio de una crisis sanitaria para infiltrarse, para convencer a las madres inconformes que podrían conservar a sus hijos, que sólo debían huir poco a poco y establecerse en un territorio inexplorado y de fácil defensa.

Así lo hicieron. Nadie las echó de menos (entre déspotas si alguien no aparece se asume que ha muerto; nadie añora). Luego empezaron a secuestrar a los guerreros más fuertes y hábiles, los seducían hasta quedar fecundadas y después los mataban.
En ocasiones usaban un veneno afrodisíaco llamado súcubo, que aumenta la lascivia de los hombres hasta terminar con sus vidas entre cinco y siete semanas después de consumido por primera vez. (Según investigaciones antropológicas recientes ha sido usado desde la antigüedad)

Poco a poco creció la comunidad, hasta que tuvieron suficientes guerreros manipulables, hijos, que pudiesen protegerla.
De ellos los que fuesen dignos podían ir a buscar (raptar) pareja (vientres) en las otras comunidades despóticas y quienes llegasen a tener nietos serían respetados y honrados. Tendrían derecho a morir en paz, a una tregua de por vida, a menos que no lo deseasen.
En algún momento esa comunidad creció demasiado, siendo evidente su progreso y los recursos que consumían, surgiendo disputas locales con sus vecinos cada vez más violentas. Desatándose la primera guerra de secesión.

Sometimiento autoimpuesto (#024<=//=>)

(índice)

Me sorprendió cómo las treguas en este pueblo de déspotas son acatadas en todos los niveles.
Cualquier sujeto promedio que se convierta en abuelo pasa a recibir protección del estado y de la sociedad en pleno, para él, su familia, su casa, sus bienes, sus tierras. Todo lo que tenga y lo que controle, desde distritos o pueblos hasta provincias y la nación misma.
Después de ser reconocido como abuelo (con el respaldo de las abuelas vivas de sus nietos) ya no puede expandir su territorio ni atacar a sus enemigos. Debe dejar el pasado atrás, a menos que quiera romper la tregua y perder el privilegio en adelante.

Lo más alucinante que recuerdo son las historias de infanticidio. Es común que un déspota no quiera obtener el estatus de abuelo hasta no alcanzar sus objetivos de expansión y poder, y hace lo que sea necesario para sincronizar los eventos. (Esos infanticidios ni siquiera se consideran delitos.)
Con ello se me hizo claro que, a pesar de la importancia de ser abuelo, allí sólo aprecian a sus nietos si son útiles para sus planes o para sus egos. Siguen los mismos principios que cualquier otra sociedad despótica, tanto al ejercer el poder como en la crianza, y sus luchas, o en el sistema de justicia (de torturas).
La mayor diferencia es ese repentino sometimiento autoimpuesto cuando el mandamás es ratificado como abuelo y el poder que adquieren las mujeres a raiz de ello, por medio de sus nietos. Siendo la única muestra de civismo entre déspotas.

Una tregua nacional como la susodicha ocurre una o dos veces por generación y si lo presenciamos fue porque mis padres empezaron a planear nuestro viaje, entre otras cosas, al enterarse de la llegada al poder de un déspota con tendencia a buscar la paz y ya cercano a ser abuelo.
Actuaron con rapidez, mis padres, pues tal estado suele durar muy pocos años. Siempre gana el deseo del déspota por perpetuarse a través de hijos y nietos o de las abuelas de gozar de un poder más directo, para lo cual se debe reformar las instituciones y, con ello, romper la tregua.

Además, para ser claros, no hay nada más aburrido para un déspota que esa dichosa paz.

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Índice. Capítulo 04
  1. Llegada de las treguas
  2. Huidas y secuestros
  3. Sometimiento autoimpuesto

(índice general)


Capítulo 05

Donde se describe una nación de religiosos tradicionalistas
ir a Cap10

Advenimiento bendecido (#007<=//=>)

(índice)

Aquí gobierna Dios, siempre lo ha hecho, siempre lo hará.
Esa es la respuesta cuando algún incauto intenta averiguar quién es la autoridad máxima en aquella nación.

La creencia general allí es que Dios provee todo lo que su pueblo necesita. Cada alma, cada persona tiene una guía, a la que llama sibila.
Una sibila gobierna sobre las almas que Dios ponga bajo su cargo, pudiendo ser incluso las de otras sibilas.
Estas almas habrán de obedecerle por la gracia de Dios. Pues su palabra es palabra de Dios. No se requiere coerción.

Las sibilas están en todo.
Apenas pisamos aquel territorio una se puso a nuestra disposición. Con toda humildad nos ofreció transporte, comida, alojamiento, lo necesario ante nuestro advenimiento. Ofreció de todo pero no de más, no al azar: Nos ofreció justo lo que queríamos, justo lo que añorábamos, y bajo los términos precisos. Era imposible negarse.
A mí me pareció sorprendente, Dios tenía que estar con ella.

Yo agradecí, sobre todo, la invitación en sí misma. Esa invitación a visitar su nación nos llegó en el momento que más la necesitábamos, en el momento que peor la pasábamos entre déspotas.

Era increíble.
Todo lo preveía, todo lo coordinaba con tal perfección que parecía un mago en medio de su espectáculo. Si querías un conejo, lo sacaba de su sombrero. 
Hoy día me pregunto cuántos recursos habrá gastado para planificarlo todo, para cubrir cada contingencia.

Según ella, era Dios guiando nuestros pasos. Yo no podía evitar sonreír cada vez que oía su apostolado. Sonreía pero no recuerdo si con ironía o con esperanza, sólo recuerdo que sonreía.

A cada quien su carga (#014<=//=>)

(índice)

Hay un número indefinido de sibilas, Dios provee según la carga que puede soportar cada cual y la necesidad de cada fiel.
Una sibila, o guía, se consagra como tal ya sea por sucesión, habiendo sido aprendiz de otra y heredando su cetro, o por aclamación al ser seguida por suficientes creyentes y recibir el reconocimiento de otras sibilas (no hay un número fijo de seguidores ni de sibilas para ello, al menos no de forma oficial). Dicho último método es cada vez menos común pero ha tenido un mayor impacto histórico.

Según la importancia del apostolado y servicio que se preste habrá más, o menos, personas necesitadas, surgiendo el número preciso de sibilas para atenderlas (pues “Dios da a cada quien la carga que puede soportar”), aunque también surgen impostoras nacidas del pecado.

Durante nuestra estancia, el mayor foco de atención estaba en la develación de quién sería la sucesora de una de las sibilas más querida (y poderosa) de la comunidad, de una sibila curandera recién fallecida.
La sucesora la estableció la finada en su testamento, que sería leído en una ceremonia por siete sibilas cercanas junto a la conciliatum, guía encargada de la convivencia pacífica, quien funge como moderadora.

A efectos prácticos, ninguna norma obliga a los creyentes a seguir a la nueva guía, lo que sí los fuerza es toda la información que sobre ellos hereda. Poder sutil, le llaman.
En este caso, son tantas almas en juego, tanta la información confidencial, que su traspaso podría redefinir la estructura de poder de gran parte de la nación.

Confirmación crucial (#021<=//=>)

(índice)

Cuando lo pensé bien me pareció atemorizante que supieran tanto de mí y de mi vida, de mi familia. No es poca la información requerida para deducir los gustos y necesidades de alguien, a cada momento. 
¿Y en el caso de una sociedad entera? ¿Cómo se recopila toda esa información?, me pregunté mil veces al recordar aquella época.

Concluí que todo empieza desde antes del nacimiento, desde el conocimiento pleno de los progenitores y su entorno.
No tuve que indagar mucho para entrever que la guía espiritual de cada madre asume lo propio del nuevo fiel hasta que éste confirme su vocación, al finalizar la adolescencia, y escoja a quién seguir.

Desde la más tierna infancia los fieles son acostumbrados a entregar sus almas enteras a sus guías, todas sus sensaciones, todos sus pensamientos, por medio de confesiones periódicas. Nada puede quedar oculto.
Ello se da de forma directa salvo en el breve periodo de rebeldía que supone la adolescencia. Durante el cual recurren a medios indirectos: implantan modas por las que los fieles-rebeldes dan sus almas sólo por ser parte de un grupo.

Después de la “confirmación” un fiel puede cambiar de guía cuándo y cuántas veces quiera, pero con ello aumenta la incertidumbre de cuál sibila designó Dios para guiarle, alejándose cada vez más de Ella.
Por eso el proceso confirmatorio es tan importante. Por eso toda la educación de los infantes gira en torno al mismo, por ejemplo: se aprende a leer y escribir memorizando preguntas y respuestas relativas a la religión y las matemáticas se ilustran por medio de parábolas moralizantes.

Sobre todo se catequiza a quienes desean convertirse en sibilas.
Una sibila puede tener cuántas aprendices quiera pero sólo una de ellas heredará su cetro. No hay una edad preestablecida para el inicio formal de su formación. Lo usual es que se dé a partir de la confirmación pero ya desde mucho antes la sibila puede empezar a preparar a su aprendiz, dependiendo del apostolado que ha de seguir.

En especial las sibilas encargadas de mantener el orden social tienen muchas aprendices, al ser un servicio latente, que no siempre es requerido pero que cuando lo es, lo es a granel.

Acuerdos entre confidentes (#025<=//=>)

(índice)

El apostolado con menos aprendices es el jurídico, el encargado de dictar sentencia definitiva sobre cualquier conflicto, en pro del bien común.
Las sibilas encargadas de ello, mentadas conciliatum, sólo actúan cuando son convocadas por otra sibila, por lo que lo hacen poco, pero sus decisiones no tienen apelación posible, su poder es absoluto en dichos episodios (por lo que mi familia intenta mantener buenas relaciones con la mayoría de ellas).

Por lo general las disputas entre creyentes se resuelven por un acuerdo entre sus sibilas. Nadie sabe cuáles son los mecanismos internos. Los fieles dirían que Dios ilumina a sus enviadas para que coincidan en todo lo necesario pero yo diría, por el secretismo y la rapidez en las decisiones, que debe haber rangos o niveles de autoridad, tal vez regidos por el número de seguidores de cada cual o los años de servicio.
A mí, con el tiempo, se me ha hecho obvio que existe un mando central superior capaz de mantener coherencia entre tantas creencias, capaz de coordinar el procesamiento de toda la información obtenida del poder sutil intimidatorio.

Lo que más ayuda a evitar confictos es la amenaza creíble (para la mayoría) de una fuerza superior.
El mayor pecado es faltar a Dios, o a sus representantes, ocultarles una verdad. Si Dios quiere algo oculto, nadie lo debe develar; Si quiere algo develado, nadie lo debe ocultar.
Cada fiel debe confesar sus culpas con regularidad, por baladíes que sean (ante su sibila o la aprendiz que ésta le asigne), lo que hace que esclarecer conflictos suela ser simple.
Si el pecado es capital y el pecador tarda en confesarlo, se vuelve merecedor de una sanción, a ser fijada por su guía.

Cada sibila tiene sus propios dogmas, aunque suelen coincidir en lo fundamental, en ocasiones surgen grandes divergencias
Allí es cuando más poder puede llegar a acumular una conciliatum, al tener la potestad de cambiar los dogmas particulares e imponer uno general en pro del bien común, o no.

Convivencia entre dogmas (#030<=//==>)

(índice)

Si bien es considerada una nación gobernada por Dios, hay múltiples regímenes locales, de todo tipo y tamaño (aunque siempre débiles), encargados de los asuntos seculares. 
Las guías espirituales con más seguidores en una región supervisan el buen funcionamiento de tales regímenes, teniendo la última palabra en caso de controversias y pudiendo destituir funcionarios, bajo condiciones que varían según el caso.

Las diferencias entre los dogmas de las sibilas se hacen evidentes al ser aplicados sobre las susodichas autoridades seculares. Es común, y predecible, que las sibilas se aprovechen de tales potestades cuando logran la hegemonía espiritual en una región, pasando desapercibido a menos que intenten socavar la autoridad de alguna otra sibila. Entonces pueden llegar a ser declaradas herejes por las demás, quedando abierta la posibilidad de una guerra santa (si así Dios lo quiere).

Ha habido muchos intentos de secesión, varios exitosos, algunos sólo temporales. Hay quienes creen que es deber de toda sibila desenmascarar a las impostoras, que hay que luchar contra el pecado, que es una lucha a muerte, por la vida eterna. Esas naciones viven en guerra y tardaron en estabilizarse.
Hay otras naciones, las más tradicionalistas, que creen que el mismísimo Dios limitará el poder de las impostoras, dándole sabiduría a los creyentes para que sepan a quién seguir. Estos pueblos se consolidaron con rapidez como naciones.

En mi familia empezamos a indagar acerca de las diferencias entre dichas posturas filosóficas, surgiendo el mayor problema de vivir en una nación muy religiosa, así sea de manera temporal: En la medida que la gente se entera que no profesas ninguna religión, o al menos no con fervor, es inevitable que te quieran evangelizar.
Al principio con indirectas, en conversaciones que parecen casuales, tal vez con tintes académicos, pero poco a poco va aumentando la intensidad, desde todos los ángulos, en todos los ámbitos. Siempre encuentran la forma de traer el tema a colación.
Hasta que llega a parecer una competencia evangelización y no queda más remedio que huir.

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Índice. Capítulo 05
  1. Advenimiento bendecido
  2. A cada quien su carga
  3. Confirmación crucial
  4. Acuerdos entre confidentes
  5. Convivencia entre dogmas

(índice general)


Capítulo 06

Donde se describe una nación de prolíficos con una útil vocación religiosa
ir a Cap02

Llegada de las sucesiones (#011<=//=>)

(índice)

Nuestra nueva estancia fue en una de las naciones más grandes y densamente pobladas que existen.
Como en su nación madre, la supremacía política la tienen los abuelos (o las abuelas), por lo que la tasa de fecundidad es alta, demasiado alta.
Al crecer la población, el antiguo sistema dejó de ser operativo: Ningún abuelo puede ser tan prolífico como para influir en toda la nación; surgiendo una religión que mantuvo la cohesión social.

Fuimos invitados por un amigo de la familia que asumiría como obispo tras la muerte de su antecesor y cuñado. Nos explicó:
La tradición indica que cada abuelo, cualquiera sea el cargo que ostente, tiene derecho a designar un sucesor de entre quienes tienen el cargo inferior al suyo.
Dicho sucesor debe ser uno de sus cuñados, que suelen ser muchos, y además debe designar un suplente del sucesor, en caso de impedimento total de éste. El cual debe ser un cuñado en común, para evitar grandes disputas entre ellos.

En los cargos de gobierno, como el de nuestro amigo, cada sucesor se designa de entre aquellos que tengan mayor feligresía, que tengan más seguidores ganados entre el pueblo. Allí entra la religión, que se mezcla con la política en ceremonias públicas donde un pastor interpreta las sagradas escrituras, y decide y decreta en base a ellas. Además, en ocasiones se abren debates que el sacerdote modera pero sin emitir opinión.

El más alto cargo de gobierno es el de Pastor Mayor, éste designa a un sucesor entre los supervisores regionales, llamados obispos, y estos designan a sus propios sucesores entre los pastores locales. 
La influencia es a futuro, ninguno tiene derecho a remover del cargo a nadie ni a nombrar suplentes en caso de vacantes. Quien haya dejado la vacante ha de haber asignado su sucesor, a menos que haya sido por cometer algún delito. 
Nuestro amigo y anfitrión nos cuenta que hace no mucho un obispo fue defenestrado, quedando anulado su mando sucesorio. Debía asumir el pastor de esa provincia que tuviese más cuñados entre los obispos pero, al haber varios pastores con igual número, fue asignado el de mayor edad, que tuvo como principal misión designar a su sucesor. Era demasiado mayor.

Pacto entre tres abuelas (#026<=//=>)

(índice)

Dicen que las primeras sucesiones se dieron gracias a tres hermanas gemelas. Desde muy pequeñas juraron ser las matronas de tres familias distanciadas, que no hubieran competencias entre ellas.
En aquella época los conflictos eran comunes. Los abuelos venerables no tenían suficiente arraigo en toda la nación como para ser justos. La nación era demasiado grande, demasiado dispersa.

Hasta que llegaron las tres Catalinas
Las tres eran una.
Una voluntad, una astucia, una creatividad. La primera se unió a una familia ya establecida, ya con un abuelo con gran descendencia, con miras a convertirse en el líder de su comunidad. Logró unirse y dominarla gracias a su perseverancia.

La segunda esperó algunos años más. Se mudó a una comunidad pequeña pero de gran importancia geopolítica. Allí se unió a una familia con numerosas hijas, que abrigaba a quien sería por mucho el abuelo venerable del lugar.
La última en conformar una familia se había dedicado a las bellas artes en la capital de la nación, con ellas enamoraba a muchos jóvenes hasta que escogió a un bisnieto del venerable recién reconocido como líder para fundar su familia.

Décadas después, para cuando la primera hermana llegó al poder, la segunda ya regía en su familia, y en su comunidad, y la tercera ya tenía nietos. Se las ingeniaron para que otros ancianos no pudieran ejercer el liderazgo. A veces lo hicieron a la fuerza, otras manipulando situaciones y otras más creando incentivos difíciles de rechazar.

Lo que sí parece ser cierto es que las tres gobernaron por derecho una detrás de otra. Fue ajustado a derecho, repito, no se cambiaron las tradiciones ni las leyes en las transiciones, cual falsa revolución. Pero sí que fueron cambiando la mentalidad de la gente, el discurso político.
Era obvio que cada abuelo venerable era sucesor de su cuñado y ese de su cuñado. A las juristas les decían que, de hecho, les correspondía el liderazgo por el número de nietos y bisnietos, y sus fechas de nacimiento; pero a la gente decían que era una sucesión, que cada venerable escogió a su mejor cuñado. Fue la mayor operación propagandística de la antigüedad.

Por ello no hubo quejas cuando, en la regencia de la última hermana, decidieron cambiar las leyes. Por ello a nadie pareció importarle cuando le heredaron el poder al abuelo de los nietos de una cuarta hermana, con maneras no tan apegadas a la tradición.

El gobierno de las tres Catalinas, cuenta la leyenda, fue el más prosperó de la nación, el menos conflictivo en mucho tiempo.

Construcción del porvenir (#033<=//=>)

(índice)

Una de las tradiciones más emblemáticas entre prolíficos es la construcción de nuevas ciudades.
Desde la antigüedad es común entre ellos la migración a lugares desolados, tal vez es una forma de eludir sus conflictos, de mantener la paz general, de ser civilizados.

La mayoría de las metrópolis son autónomas en sus necesidades básicas. Gustan de comerciar sólo bienes exóticos, sólo aquello de lo que se puede prescindir.
Las ciudades son circulares, o más bien espirales, una vía principal describe una hélice, alejándose del centro en proporciones iguales al número áureo. En dicho centro están las residencias de las familias más grandes, de las estirpes más profusas.
Después de la zona residencial está la comercial, seguida de la industrial y de la agropecuaria.
En la medida que una urbe crece, cada zona le va quitando terreno a la siguiente y esa a la siguiente. Siempre con la autorización del abuelo (o familia) que esté velando por el bien común.

Cuando el benemérito se niega a ajustar la estructura de la ciudad en favor de familias menores, es una señal de que será necesario fundar una nueva. 
Así lo aceptan todos, sin lamentos ni rebeldía, incluso lo aceptan con optimismo, como la oportunidad de alcanzar una mejor posición en un mejor lugar, como una forma de mejorar lo hecho por los antepasados.

Desde hace mucho no se fundan nuevas ciudades, ya casi todo el territorio está ocupado. Ahora se reconstruyen.
Lo usual es que una gran familia se mude a una urbe pequeña (donde prevalezcan familias menores), invierta en nuevas infraestructuras e imponga su ley atrayendo a las mejores doncellas.
Ello se hace de manera recurrente, siempre habrá una ciudad menor que la otra; La que un día fue la más grande, eventualmente será la más chica.

Las familias más pequeñas también conservan el instinto migratorio. Suelen escoger ciudades gobernadas por quienes comparten sus ideales y principios, pero así mismo pueden migrar con libertad hacia otras naciones prolíficas con fundamentos distintos, ya sean más tradicionalistas o más sofisticadas, con votaciones censitarias por ejemplo.

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Índice. Capítulo 06
  1. Llegada de las sucesiones
  2. Pacto entre tres abuelas
  3. Construcción del porvenir

(índice general)


Capitulo 07

Donde se describe una nación de monarcas tradicionalistas

Arribo como monocéfalo (#013<=//=>)

(índice)

El recibimiento en la nación de los monarcas sí que fue majestuoso. Generación tras generación han perfeccionado el arte de capturar la imaginación de propios y extraños, enorgulleciendo a unos e impresionando a otros.
Al llegar, ante todo, nos preguntaron quién estaba a cargo de la familia. Para ellos cada tarea, por banal que sea, debe tener un solo líder, único y absoluto.

La capital tiene siete colinas, distinguibles con facilidad desde el centro de la ciudad. Cada colina está coronada por un castillo, residencia de la respectiva casa real de cada uno de los siete ducados que conforman el reino. Cada ducado se extiende desde la capital hasta la periferia de la nación, como el brazo de una espiral.
El centro de la ciudad es un gran espacio descubierto. Lo llaman plaza de la concordia pero en realidad es el lugar histórico de las grandes masacres. Por demás no pertenece a ninguno de los ducados, está bajo administración directa del reino.
Su alteza tiene poder absoluto para gobernar y legislar, o delegar funciones a los duques en sus territorios. Cuando llegamos la Madre Reina tenía más de 30 años en el trono con relativa paz y tranquilidad.

Los monarcas gubernamentales, a  la hora de tomar decisiones de estado, se consideran uno entre iguales, al menos simbólicamente. Se reúne en consejo, en una mesa redonda, junto a once caballeros o ministros. Los seis duques y cinco ministros más, de libre designación.
¿Libre designación?, pensé en aquel momento: Cada monarca ha de nombrar cinco vasallos fieles de su propio ducado. Nada más lejos de la realidad:
El rey hace sus nombramientos según las áreas que considere prioritarias, pero los liderazgos en dichas áreas ya están definidos por siglos de tradición. 

Esas áreas no conocen de fronteras internas, son transversales a todo el reino, son monarquías paralelas a la monarquía gubernamental y, así como en ésta, varias familias conviven y compiten por la supremacía.

Traspaso de coronas (#020<=//=>)

(índice)

Ser rey en sí mismo no es demasiado pretendido: son muchas más las obligaciones, con respecto a ser duque, que los beneficios que trae consigo. Los duques dirigen la política económica y social de sus ducados, dejándole la jefatura de estado al rey.
Por eso los seis duques del reino no disputan el trono al séptimo, aunque siempre estén dispuestos a ocuparlo: Nunca dejará de ser un honor representar al reino, dicen.

Al morir el rey, sólo puede heredar el trono aquel vástago que tenga el hijo(a) mayor, es decir, se sigue la línea sucesoria que lleva al nieto(a) mayor del rey. Si el rey no tuvo nietos en vida asumirá el duque que tenga el hijo(a) con más descendientes, sin importar sus edades.
Igual pasa con el ducado con respecto a los marqueses. Cada ducado tiene 17 marquesados y 53 condados (los marquesados son condados fronterizos, por ello se les da relevancia).

Por su parte, si un marqués o un conde no tiene nieto(a) en vida, la corona pasa al hermano(a) que más nietos tenga. Si ninguno tiene (lo cual ha ocurrido por generación, a lo sumo, en un condado), queda en manos del duque la designación, a menos que el rey decida que es un asunto primordial para la unidad del reino, y actúe en consecuencia. En todo caso dicha designación ha de recaer sobre un pariente con, al menos, tres nietos.

En lo privado aplican los mismos principios:
Los bienes de fortuna, cuantiosos o escasos, son heredados por el descendiente que haya dado el nieto(a) mayor. Si no hay nietos, las leyes y tradiciones en cada ramo establece los pasos a seguir. Pudiendo la monarquía gubernamental intervenir si avizora algún conflicto que comprometa al reino.

Un monarca puede abdicar siempre en favor de quien cumpla con el susodicho principio y con la venía del rey, o del consejo real de ser necesario.
Lo primordial siempre es mantener la estabilidad del reino. Todos los caminos siempre conducen al rey, a la (plaza de la) concordia.

De abuelos a nietos (#027<=//=>)

(índice)

Antes de encontrarnos con la Reina Madre, nos asesoraron en protocolo y urbanidad. Aproveché para preguntar el tipo de educación que se daba por aquellas tierras:

La mayor parte de la formación entre monarcas se hace en casa.
Hay escuelas encargadas de la instrucción básica, técnica: leer y escribir, sumar y multiplicar; pero la moral, la ética y la filosofía corresponde a la familia, así como el desarrollo de las habilidades relacionadas con la vocación heredada.
En especial los abuelos se encargan de la educación de sus nietos (mientras los padres trabajan).

Es común que un monarca delegue muchas de sus funciones más trabajosas en el vástago que primero le hubiese dado un nieto(a) para así poder dedicarse a la formación de toda la progenie, conservando sólo las labores más significativas y ejemplarizantes.
Entre los abuelos de familias relacionadas se suelen formar consejos educativos habiendo, como siempre entre monarcas, un solo líder a cargo de cada asunto. Desde la gerencia general pedagógica del conjunto de la descendencia, hasta la supervisión de los diferentes tópicos, pasando por un encargado para cada infante en particular.
La línea de mando es clara y concisa.

Al llegar a la adultez se puede cambiar de profesión pero sólo renunciando a la mayor parte de la herencia.
De hecho se promueve el cambio y la generación de nuevos campos por medio del matrimonio entre miembros distintos ramos del saber, en especial cuando hay suficiente descendientes para continuar la tradición de los linajes involucrados.

Como curiosidad cuentan que alguna vez un sacerdote, aspirando a ser santo, insinuó que ya todas las profesiones estaban hechas por Dios, que el ideal era sólo heredarlas y perfeccionarlas. 
Fue excomulgado.

Máximas absolutas (#032<==//=>)

(índice)

La principal prerrogativa del jefe de Estado es la justicia.
Aunque hay muchas familias dedicadas a la abogacía, la última palabra siempre recae en el rey, pues él debe velar por el bien común. 

La justicia debe ser más que una venganza legal y sistematizada. Ha de suponer la mejora continua de la sociedad. Cada decisión debe ser tal que haga deseable el cumplimiento universal y perpetuo de su máxima absoluta.
Debe ser tal que fortalezca la unidad del reino. Por ello el rey puede intervenir en cualquier decisión judicial que considere pertinente, sin necesidad de explicaciones.

Si bien el cargo de juez es hereditario, la tradición hace que la monarquía gubernamental deba intervenir con frecuencia.
Sólo puede heredar, y ejercer, el cargo quien tenga más de tres nietos en línea sucesoria. Si al fallecer un juez aún ninguno de sus hijos cumple tal condición, lo cual es usual, le corresponde al rey designar a un asistente tribunalicio que sí la cumpla.

Los hijos de un juez tienen gran influencia en éste, no sólo en su nombramiento (al decidir si darle nietos o no al aspirante a juez), sino  durante toda su carrera: Para ser juez es necesario que los padres de al menos tres de sus nietos sean asistentes en algún tribunal.
Así, es posible que si un hijo no apoya una máxima de su padre-juez puede, por ejemplo, retirarse de los tribunales el tiempo necesario para que éste no puede ejercer más, o al menos para que cambie de opinión.
(Estas posturas son consideradas por el rey al hacer sus nombramientos.)

Cada juez es autoridad única en su distrito judicial, estando sobre él sólo la corte suprema y el rey mismo. Para ejercer sus funciones debe seleccionar asistentes entre los hijos, que ya tengan herederos adultos, de otros jueces. El número de asistentes depende del tamaño de la población de cada distrito.
La corte suprema está constituida por siete magistrados, uno por ducado. El cargo es heredado por el hijo que primero haya tenido tres nietos o, de no haber, por el juez de su ducado que más nietos tenga en ese momento.

Si el rey decide nombrar un ministro de justicia, será el magistrado de la corte suprema más joven (o menos anciano).

Leyendas y profecías (#038<==//=>)

(índice)

Fuimos invitados a una gran celebración vernal.
En el camino me explicaron que estaría dirigida por un bardo, una persona encargada de mantener desde las crónicas y genealogías del reino hasta las tradiciones y costumbres en general.

Los bardos son grandes historiadores, filósofos y analistas políticos, aunque lo velan con un manto místico, con leyendas y profecías que atraen a las masas y se propagan con facilidad para luego ser de nuevo recopiladas, llenas de verdad.
Cada uno tiene su propio seminario, donde desarrolla su escuela, y cuya dirección hereda a su vástago más prolífico. Además suelen ser llamados como asesores, pero dichos cargos no son siquiera vitalicios.

La ceremonia a la que nos invitaron es la más importante del reino, la dirige el bardo elegido como consejero de estado por el monarca gobernante.
Empezó con un hermoso poema épico, conocido por todos, al que poco a poco el declamador le fue agregando pequeñas dosis de actualidad hasta que terminó dando sus más temerarias predicciones.
Manejó a la audiencia a placer, manteniéndola expectante, haciéndole interpretar verso por verso, cada quien según su consciencia, y vislumbrar sus implicaciones tanto en el devenir del reino en general como en los avatares de sus propias vidas privadas

Recuerdo que mis padres me hicieron notar cómo, al final de sus palabras, el bardo recalcó que lo más importante siempre será mantener la unidad del reino, que la buena voluntad debe imperar, que la providencia bendice a quienes hacen sacrificios personales por el bien colectivo.
Era una religión al servicio del estado, aunque no se le diera un nombre oficial.

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*Nota: Hasta aquí había creído en la honorabilidad de los monarcas pero en este aspecto se parecieron demasiado a los tiranos que dicen ser religiosos (Cap08), a quienes volveré en el escrito #039.

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Índice. Capítulo 07
  1. Arribo monocéfalo
  2. Traspaso de coronas
  3. De abuelos a nietos
  4. Máximas absolutas
  5. Leyendas y profecías

(índice general)


Capítulo 08

Donde se describe una nación de tiranos con una falsa vocación religiosa
ir a Cap03

Con una fe conveniente (#017<=//=>)

(índice)

Apenas me enteré de nuestro próximo destino me pareció de lo más natural y hasta predecible:
Una nación tiránica con tintes religiosos. ¿Qué herramienta más útil puede tener un tirano que la religión? En ella encuentra toda justificación necesaria sin mayor demostración. Todo puede ser un dogma de fe.

La religión que (dicen) siempre han profesado es una extraña mezcla de las principales creencias de la población autóctona y de los pueblos vecinos, que van modificando poco a poco con cada nueva moda.
A pesar de que todos los habitantes participan en los rituales religiosos, nadie parece creer. Nadie vive acordé a la religión, pero todo se justifica según sus preceptos (cuando es conveniente).

Hay estrictas normas morales que nadie cumple, que sólo son recordadas cuando un poderoso desea vengarse o quitar del camino a alguien más.
Dicen hacer todo por el bien común, por la comunidad, pero son de los más individualistas. Nadie confía en nadie, como es usual entre tiranos, pero en lugar de usar la confrontación directa para resolver sus conflictos, usan las instituciones religiosas, manteniéndose cierta estabilidad social.

El tirano más poderoso de la nación es el sumo sacerdote, o pontífice, que tiene la última palabra sobre cualquier diatriba. Con lo que puede acallar a sus enemigos políticos con facilidad.
Además el tirano-pontífice nombra sacerdotes y regentes, estos últimos se encargan de los gobiernos locales bajo la supervisión de los primeros. Más importante aún, de entre los sacerdotes el pontífice escoge a su sucesor, debiendo ratificarlo, o cambiarlo, en una ceromonia anual.
Ese sistema de sucesión le ha dado estabilidad a la nación, convirtiéndola en la más grande de las tiranías.

Los sacerdotes tienen una larga formación eclesiástica, saben teología y se comunican en una lengua antigua. Todas sus decisiones las basan en escritos sagrados. El pontífice designa a cada sacerdote o como supervisor de los gobiernos locales de una región o como funcionario administrativo en el gobierno central. Todos forman parte del Consejo sacro, cuyo único fin es la interpretación fundamental de las escrituras junto al “representante de Dios en la tierra”, quien siempre tiene la última palabra.

Rebelión purificadora (#028<=//=>)

(índice)

Si bien no son devotos practicantes, los tiranos religiosos tienen la convicción de que descienden de seres celestiales, que provienen de una raza superior, que los hace más astutos, más sagaces.

En esa convicción se fundamenta la religión profesada, la unión nacional que logró su más grande líder.
Cuenta la historia que antes de Él todo era pobreza y desesperanza, que había habido una gran guerra que dejó a la población viviendo en condiciones deplorables. Comiendo alimentos de animales y con dinero que valía la mitad tras unos pocos días de haberse ganado.

Se cuenta muy poco de la vida del gran líder en aquella época (tal vez no fue muy halagüeña), se cuenta poco hasta que intentó hacerse del poder a la fuerza para socorrer a su pueblo.
No lo logró, pero quedó en la conciencia colectiva que alguien estaba dispuesto a luchar por mejorar la condición de los suyos.

Estuvo encerrado por algún tiempo, pero entre tiranos la ambición no es delito.
Al salir de prisión entró de lleno en política, se volvió líder de un partido y dio grandes discursos, pero esos discursos tenían una fuerte connotación religiosa, mesiánica. No lo decía pero dejaba entrever que él era el único que podía realizar los cambios necesarios, que Dios mismo lo había enviado.
Culpó de todo mal pasado a los infieles, a los impuros que no eran parte de su pueblo, de su raza, que manipulaban la economía en beneficio propio, que hicieron perder la última gran guerra, que conspiraban sin descanso para debilitar a la nación.

Alcanzó el poder por medio de engaños, formó un gobierno fuerte, capaz de garantizar la felicidad de los suyos, e inició una guerra para expandir los territorios, y hacerse del espacio vital necesario para el desarrollo de su pueblo.
Mientras tanto crecía la religión basada en su palabra, en su visión. Muchos lo adoraban como a un dios, obedeciendo sus órdenes sin chistar. Acabó con las instituciones preexistentes, todo pasó a depender de sus designios.
Instauró un sistema eugenésico para volver a una raza pura y otro de expulsión y exterminio de los impuros, esa la consideraba su mayor legado.

Murió en batalla, sabía que moriría, que era un sacrificio necesario. Designó un sucesor. Expresó ante miles su deseo absoluto, pleno, de que la sucesión fuese limpia, sin trabas ni disputas.
Desde entonces así ha sido.

(Auto)engaño continuo (#039<=//=>)

(índice)

El tirano-pontífice puede nombrar nuevos sacerdotes cuando lo desee, y también puede removerlos, pero no es usual. Aunque tiene la potestad, es muy mal visto, demuestra debilidad, demuestra un conflicto con Dios (dice la sentencia más reiterada).
Tal vez la costumbre de no remover a los sacerdotes nombrados por pontífices anteriores, más que el sistema sucesorio en sí mismo, fue lo que le dio estabilidad a la nación. Le añadió un nivel más de planificación, un espacio para engañar y manipular el entorno, para escalar sin tener que confrontar.

Es curioso cómo todos aparentan creer en dicha farsa, cómo aparentan actuar según la religión suprema, seguir sus preceptos aunque les cueste la vida. Parece inevitable para ellos, gustan de las tramas complejas, de los engaños sofisticados, gustan ser los más astutos del lugar, o al menos aparentarlo.

Es más admirable persistir o unirse a un engaño, por tonto que sea, que (parecer) admitir haber sido engañado. Más vale persistir, pues siempre cabe la duda de cuál será el movimiento final: Tal vez todo es parte de un plan mayor, oyen decir, y sólo aparentó ser engañado para distraer la atención.
El autoengaño también es inevitable.

Todo ello lo entendí mucho después, no sé cuándo con exactitud, sólo sé que lo he ido verificando con el tiempo (quizá lo logre dejar ordenado aquí). Cada nación tiránica vive su propia farsa, su civismo, cada cual cuenta con un relato artificial de fondo, con una moralidad falsa que todos siguen pero en la que nadie cree, desde restablecer la justicia social por medio de rebeliones populares hasta oír la voz del pueblo en consultas electorales, pasando por sucesiones basadas en la gracia divina, por supuesto.

Lo importante es siempre tener algo en lo cual (parecer) creer, algo en lo que basar la retórica y la faena. Lo importante es que sea firme y consistente, tanto como para poder asumirlo a plenitud, tal vez sin aparentar.

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*Nota: Por momentos pienso en la similitudes entre tiranos y déspotas,  en la crueldad y crudeza de ambos, y se me hizo imposible evitar volver a donde dejé la última nación de déspotas que estaba describiendo (#040).

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Índice. Capítulo 08
  1. Con una fe conveniente
  2. Rebelión purificadora
  3. (Auto)engaño continuo

(índice general)


Capítulo 09

Donde se describe una nación de déspotas que dividen para controlar
ir a Cap01 o Cap04

Como quiera su reducto (#019<=//=>)

(índice)

Tienen la noción de que sus connacionales son rebeldes por naturaleza, que sólo contradicen la voluntad del más fuerte por instinto, casi por entretenimiento, como un mero pasatiempo.
Es natural que siempre haya alguna rebelión, dicen despreocupados, Si aplastas una surge otra de inmediato, como un cuero seco cuando lo pisas por un lado y se levanta por el otro.

Solución: Si no se puede controlar todo el territorio como conjunto, hay que hacerlo por pedazos.
Así, quien se hace llamar presidente deja que déspotas locales se hagan del control informal de pequeñas parcelas y nombra protectores en cada región para que le informe cuándo alguno intente expandirse más de lo debido.

Sólo en ocasiones hace demostraciones de poder en contra de quien considere más peligroso, cuidándose de no gastar demasiadas fuerzas en ello. Por lo general deja que cada quien actúe como quiera en su reducto… que defienda su posición de quienes se sublevasen, que divida su territorio en parcelas más pequeñas, como es tradición, haciendo demostraciones de fuerza ocasionales contra quienes considera más peligrosos pero dejando a cada quien que actúe como quiera en su reducto…

Así pasa en cada nivel, con cada individuo, residencia, vecindario, distrito o provincia, cada cual gana su posición, define su territorio según su fuerza y, sobre todo, según su crueldad. Es la ley de la selva, no sólo el deseo de imponerse por la fuerza bruta a todos cuantos pueda sino, más aún, el deseo de que nadie en particular mande por debajo suyo, que no haya paz.

Esta libertad aglomeró una gran variedad de gobiernos locales, cada cual con sus propias políticas económicas y sociales, con fortalezas y debilidades, haciendo que siempre haya algún polo de desarrollo, que siempre haya alguna región lista para prosperar ante un cambio brusco del entorno, de la situación geopolítica internacional.
Después de que se hace manifiesta esas fortalezas prexistentes, el déspota-presidente la toma a la fuerza antes de que se desarrolle demasiado y quiera la independencia. La toma y saquea sus riquezas en nombre del bien mayor, en nombre de la patria.

Vacuna del desprecio (#035<=//=>)

(índice)

Parte de ser déspota está en demostrar que lo eres, que puedes someter a quienes están en tu territorio.
La forma más simple, y beneficiosa, de demostrarlo es imponer el pago de un tributo: La vacuna (conocida así porque mantiene al lacayo inmune de los arrebatos coléricos del déspota).

Este tributo se aplica a discreción en todas las naciones despóticas, desde las más tradicionalistas hasta aquellas con votaciones populares recurrentes. El mismo no está descrito en ninguna ley, no se aplica de manera coherente ni constante, sólo surge al capricho del déspota.
En una ocasión vi de cerca cómo fue cobrado por simple desprecio a los trabajos productivos. Ese déspota en particular parecía tener entre envidia, por no poder producir por sí mismo lo que tomaba, y desdén por la incapacidad del lacayo para defender lo propio.

La vacuna se suele cobrar en bienes tangibles. Los déspotas no confían en dinero ni en promesas de pago.
Cada quien extorsiona o saquea a quien puede, a quien le produce más rédito con un menor esfuerzo. Desde el déspota nacional, que tiene los medios para extorsionar a los jefes de cada provincia, hasta la matrona en su residencia o el abusador de una calle, que saquea y vandaliza comercios y residencias hasta que es linchado.
Es usual que haya migraciones en las que se huye de un déspota local demasiado agresivo, en las que cada quien se establece donde estén las condiciones que está dispuesto a tolerar.

Hay tantas políticas de vacunas como regímenes locales, como déspotas con ambiciones. Algunas vacunas son crueles y despiadadas, otras más crónicas y recurrentes.
Si bien el objetivo principal es demostrar poderío, más vale hacerlo con un mínimo de disimulo. Si un déspota superior conoce de las ganancias obtenidas…
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*Nota: Ya que había estado escribiendo de cobrar y de dinero, en el próximo escrito #036 volví con los mercaderes.

Relación de obediencia (#048<==//=>)

(índice)

El coronel llama a alguien. Le da una orden.
No se oye respuesta, se siente la duda.
El coronel, con ira contenida dice: No me importa cómo lo hagas, sólo hazlo.

Esa escena la presencié una y otra vez durante nuestra estadía.
Ocurría en toda clase de situaciones y horarios. A veces era convocado algún soldado raso, otras quizá un teniente, siendo invariable que la orden dada parecía estar fuera del alcance del subordinado, que éste iba a tener que ir más allá de sus atribuciones para conseguir lo deseado.
Esa escena retrata la estructura de poder entre déspotas, sin consensos, sin alianzas, sin estrategias. Sin relaciones filiales ni partidistas, sólo presente el mando y la sumisión.
Se es enemigo o subordinado. Se es de izquierda o de derecha según a quién se obedezca o a quién se haya traicionado. Querer ser independiente es convertirse en paria, es traicionar al sistema.

Entre déspotas no se permiten opiniones. Ni siquiera existe el ámbito, mucho menos los medios, para expresarla.
Sólo existen órdenes. Lo único que se puede hacer para mostrar desacuerdo es negarse a cumplirlas, pero nadie preguntará por qué y el rebelde deberá huir o aceptar el castigo correspondiente.
Las opiniones parecen intrascendentes. Las políticas públicas, por ejemplo, surgen del capricho (diríase del instinto) del déspota que las pueda hacer cumplir, sin razonamientos, dogmas, objetivos ni excusas.

El susodicho coronel estaba a cargo del fuerte donde residíamos. Era un hombre ya mayor, aguerrido pero campechano, en ocasiones, con tendencia a referir sus vivencias. Pero sólo eso y nada más, no hablaba de política ni emitía opiniones: sólo refería sus historias, sus decisiones, sin especificar motivos ni permitir preguntas.
Según él, las decisiones deben ser tomadas por instinto. Si una orden recibida no aclaraba cómo, cuándo o dónde debía ser ejecutada, dejaba que actuara su intuición: Sin pensarlo mucho, decía.
Al único planteamiento que nos respondió fue:
-Si cada quien sólo ejecuta órdenes de un superior ¿Quién ordena al presidente?
-Sus circunstancias -fue todo lo que dijo, ensimismado.
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*Nota: Tal vez sea momento de contar un poco sobre una nueva nación, sobre la segunda nación de monarcas que visitamos (#041, en la Parte ii).

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Índice. Capítulo 09
  1. Como quiera su reducto
  2. Vacuna del desprecio
  3. Relación de obediencia

(índice general)


Capítulo 10

Donde se describe una nación de religiosos con una creencia unificadora
ir a Cap05

Advenimiento mesiánico (#023<=//=>)

(índice)

La nación se consolidó gracias a Dios. A Dios en carne y hueso, fruto de un vientre humano.
Narran las escrituras que antes sólo había falsedad, impostoras e imposturas. Fue una era sombría, sin certezas, sin esperanzas.

La mayoría de las almas estaban perdidas. No sabían en qué creer, ni por qué. No sabían diferenciar el bien del mal.
Hasta que Dios encarnó en una pequeña niña de apariencia débil y mirada calma. Las profecías hablaban de su advenimiento, fue fácil reconocerla. Era capaz de guiar sin necesidad de trucos ni de supuesto poder sutil.
Nadie la guio, nadie se atrevió, pero muchos la siguieron. Al crecer fue aclamada por miles pero no fue aceptada por las guías más poderosas. Desatándose una rebelión pacífica cuando no la consagraron como Sibila. Fue la última en merecerlo.

En su lugar la acusaron de herejía, de querer desestabilizar la nación: Proponía cambiar el sistema, proponía que se unificaran los dogmas de la nación en una sola religión, con una sola líder.
Ante la inminencia de su muerte (sacrificio necesario) nombró a sus doce aprendices más cercanas como apóstoles y las envió a cada región de la nación a difundir y consolidar su visión. 

Así lo hicieron todas menos una: En la región capital la apóstol designada negó lo aprendido y entregó a su guía por treinta anillos dorados que nunca llegaría a usar.
Traición triste pero necesaria pues consolidó la separación de las dos naciones con dos sistemas políticos distintos y excluyentes.

Caso curioso: La nación que se separó fue la más grande. Lo hizo sin mayor violencia: Dios lo puede todo, dirían.

Dogma de albedrío de Fe (#034<=//=>)

(índice)

Es una nación bendita, dicen sus habitantes.
Una nación unida y uniforme, con una sola religión, con una sola guía.
Así se ha mantenido por siglos 

Tuvo una rápida consolidación, que puso en evidencia las ventajas de un mando único superior. Una persona lejana pero presente a quien agradecer o suplicar.
Pero lo que más atrajo a los fieles fue el dogma liberal que eliminó la obligación de elegir, por miedo al descrédito, una guía directa y definitiva para sus vidas.

Tal régimen produjo cambios en muchos aspectos: desde el educativo, con la minimización del proceso confirmatorio, hasta la mismísima confesión  de las culpas, que desde entonces puede hacerse cuándo y con la sibila que se desee, sin ninguna restricción o amonestación, al menos no directa

Dicho dogma se conoce como Albedrío de Fe, en esencia sostiene que:
Tener fe o no es la única libertad posible pues: Siempre ha de pasar lo que Dios desee que pase, para bien o para mal. Creer esto o no, es lo único que está en manos de un fiel, es lo único que puede decidir. Volviéndose creyente o impostor en el proceso.

Así, cuando alguien cree decidir revelarse al no confesar sus culpas, por ejemplo, es Dios quien está decidiendo por él. Lo hace a sabiendas de todas las consecuencias que acarrearía, pues “Todo lo que ocurre, acciones y reacciones, es parte de una consciencia superior; así como lo fue la triste  traición por treinta anillos dorados que dio paso a la fundación de la nación”

Cualquiera podría pensar que los creyentes son menos religiosos, que son menos atentos a las ceremonias sagradas. Es todo lo contrario, son mucho más devotos, pues lo son por convencimiento, tal vez por civismo. 
La gran mayoría decide ofrendar sus vidas, decide creer y Dios, por medio de su iglesia, recompensa a los que más.

Entre el cielo y la tierra (#049<=//=>)

(índice)

Llegamos a una de las provincias más poderosas de la nación. Mi familia ha cultivado muy buenas relaciones en ella, durante siglos.

Si bien hay una sola guía suprema, o pontífice, las provincias disfrutan de una gran autonomía, en especial respecto a los asuntos terrenales.
Todas siguen los mismos preceptos religiosos pero se han desarrollado gran variedad de sistemas de gobierno que sólo tienen en común que la autoridad máxima reside en una (sibila) regente y el método con que ésta es elegida.
En dicho método, la pontífice sólo participa en la elección final, sólo escoge entre tres candidatas nominadas por dos tercios de las sibilas de la provincia, en un cónclave.

Cabría suponer que para alcanzar la nominación se debe tener un gran compromiso con la provincia, no con el mando pontificio, al menos no más que cualquier creyente. Esto la convierte en la nación religiosa más federada, incluso a nivel provincial, en donde la regente es quien ordena a las nuevas sibilas pero lo hace de entre las candidatas propuestas por una mayoría fuerte de las propias aprendices de cada congregación.

La regente, conocida de mis padres, no nos pudo recibir hasta mucho después de nuestra llegada, estaba en la capital.
Las doce regentes (once de las provincias y una de la capital) se reúnen al menos una vez al mes con la guía suprema.
Según la tradición oficial sólo son celebraciones rituales. No consideran necesario realizar reuniones de gobierno, las sibilas siempre actúan de manera autónoma, sólo guiadas por Dios, cada cual en su ámbito.

Parte de la labor que se atribuyen las regentes es ayudar a la pontífice a centrarse en el desarrollo espiritual de la nación, que es lo que más importa (pues conlleva a la vida eterna), encargándose ellas del desarrollo material de sus provincias.
Tal vez lo hagan por intereses no muy sacros pero a fin de cuentas contribuyen a mantener el equilibrio de poderes en una sociedad donde las creencias lo pueden todo.
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*Nota: Es notable lo maleables que son los sistemas federales. En el siguiente escrito (#044) volveré a la nación federalista por antonomasia, la de los nativos tradicionalistas (en la Parte II).

Sólo por resarcir el mal (#051<=//=>)

(índice)

Al volver a su provincia la regente, amiga de mis padres, nos recibió brevemente. Nos comentó que estaba retrasada con sus deberes, en particular tenía muchas confesiones por oír.
Al menos una vez al mes se dedica a confesar a las sibilas de la región. Todas las funciones del estado giran en torno al poder confesional, desde la justicia hasta los impuestos. Como en cualquier nación religiosa, el mayor pecado (delito) es «ocultar lo que Dios quiere que sea develado».

Se podría pensar que llama a cuentas a sus subalternas, pues las sibilas son las encargadas de la recopilación de información y del cobro de los impuestos o, mejor dicho, de establecer el monto a pagar por cada fiel.
Dicho monto depende de la gravedad de los pecados, de qué tanto mal se ha hecho a la sociedad, de cuánto se requiere para resarcir ese mal y desincentivar la reincidencia.

La regenta nos explica que los impuestos no dependen de la riqueza de los fieles pero es común que a mayor opulencia se cometan pecados más graves y con menor consciencia de ello.
Se acepta que quienes hacen fortuna la hacen por la gracia de Dios pero hay que cuidar que no se envilezcan y que repartan los dones enviados por Ella entre todos sus hijos. Por demás, para desalentar la reincidencia se hace necesario que el impuesto sea mayor para quienes lo pueden pagar con facilidad.

Según la naturaleza del régimen el poder confesional final recae en entidades con distintos grados de centralización.
Por ejemplo en esta nación, donde la religión fue unificada a costa de ceder poder secular, las regentes provinciales son quienes administran la mayor parte de los fondos y se hacen cargo de los gastos del estado en general, incluyendo los relacionados a la guía suprema, quien debe dedicarse de lleno a mantener la unidad espiritual de la iglesia.

En esta nación en particular, confesarse es un acto voluntario pero no hacerlo es muy mal visto, es una señal de culpabilidad. Las encargadas de ello deben estar a disposición, los fieles y subalternas no deben tener excusas para evadir la confesión y, con ello, sus obligaciones legales, incluyendo las tributarias.
Sólo hay un pecado más grave que ocultar lo que Dios quiere que sea develado, y es que ese ocultamiento se haga como parte de una confabulación, de un acuerdo malicioso entre pecadores.
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*Nota: Es increíble el poder del dinero, cómo lo intentan controlar en esta nación y cómo conllevó a un cisma y una secesión (que espero poder describir más adelante). Entre mercaderes intentan aprovechar ese poder, en él se fundamenta su cohesión social como lo refleja el siguiente escrito (#051).

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Índice. Capítulo 10
  1. Advenimiento mesiánico
  2. Dogma de albedrío de Fe
  3. Entre el cielo y la tierra
  4. Sólo por resarcir el mal

(índice general)


Capítulo 11

Donde se describe una nación de mercaderes tradicionalistas

Afluencia por intererés (#029<=//=>)

(índice)

Mi familia siempre ha tenido muchos amigos entre mercaderes, con ellos es fácil conservar las cuentas claras.
A nuestra llegada no hubo recibimiento oficial, su gobierno no es muy protocolario, pero ni siquiera lo notamos, nuestros amigos nos atendieron desde el primer momento de nuestra estancia. Tenían planes para varias semanas, cada cual según sus gustos particulares.

Desde el primer instante me quedó claro el concepto más extendido entre ellos:
El dinero es sólo una herramienta para medir la inclinación de ánimo, o interés, de la sociedad hacía un bien, entidad o servicio.
Así, al invertir más en algo, o en alguien, se demuestra un mayor apreció. Claro está, cada quien según sus posibilidades y sumando a la cuenta el tiempo invertido, pues el mismo vale oro, en algunos casos de manera literal.

Dicho principio también se aplica en la formación de los gobiernos de cada nivel de poder.
Cualquier interesado que esté dispuesto a invertir en los servicios y en la infraestructura pública puede ingresar al consejo ejecutivo que le convenga (a uno solo). Le bastará con el apoyo de un cuarto de los miembros del mismo y pagar una membresía, en la medida de su interés en participar.

Las presidencias de los consejos se asignan entre quienes aportan más al respectivo presupuesto quinquenal. Es como una subasta a sobre sellado, pero no gana quien oferte más, gana quien se acerque más (por debajo) al promedio de las 23 posturas mayores.
El monto aportado por cada miembro define el poder que cada quien tendrá en las decisiones del consejo. Excepto aquellos que aportaron más que el presidente, ellos tendrán el mismo poder de voto que el mandatario.
Los aportes acordados son compromisos que se deben cumplir incluso si se deja de ser parte del consejo.

Contratos necesarios (#036<=//==>)

(índice)

Gobierna el libre mercado, y como tal se va ajustando poco a poco.
Los puestos en el consejo ejecutivo no son vitalicios, mucho menos hereditarios. Todos los años debe salir al menos el 7% de sus miembros, pudiendo ingresar un número indefinido.
Si tal proporción no es removida (por mayoría de dos tercios) ni hay renuncias suficientes, saldrán aquellos miembros que hayan ejercido durante más tiempo.

Aunque es conocido como consejo ejecutivo, es un ente deliberativo cuya principal función es aprobar presupuestos y velar por su cumplimiento.
De su seno se elige un presidente y éste nombra una junta directiva (ente ejecutivo) de entre quienes hayan estado más cerca de alcanzar la presidencia. Dicha junta se debe renovar cada vez que cambie la composición del consejo en un 29%.

El consejo no hace leyes, sólo se encarga de registrar los contratos entre particulares para que exista una referencia clara. Existe todo tipo de contratos, desde comerciales hasta matrimoniales, pasando por los laborales y residenciales. Se registra no sólo el documento en sí, si no todas las modificaciones hechas y los motivos que las hicieron necesarias (vacíos legales que produjeron algún conflicto).
No hay leyes de convivencia ciudadana, los susodichos contratos y la creencia general en el dinero como mediador parecen ser suficiente entre ellos.

Para entrar al consejo se requiere el respaldo público de, al menos, un cuarto de los miembros. Se ve como algo natural la compra de los puestos (demuestra el interés que tiene el oferente).
Además hay miembros de segundo grado, encargados de abogar por intereses colectivos ajenos, que son conocidos como representantes. No pueden formar parte de la directiva y en lugar de requerir respaldo de otros miembros del consejo lo requieren de 1,31% de los contribuyentes de la entidad dada, junto al pago de la membresía, por supuesto.

Se firman contratos para que dichos representantes mantengan una postura determinada ante tópicos específicos (pudiendo mercar con los demás tópicos). Esos contratos suelen incluir reuniones, o asambleas, de rendición de cuentas y definición de objetivos, además de estipular el pago a realizarse según lo que se logre alcanzar.
Los más afamados representantes están entre los llamados sofistas. Dominan la retórica pero no creen en la moral, siento capaces de defender un argumento dado por falso sin el menor remordimiento: Pues todo, si se le detalla bien, puede ser definido como «falso con apariencia de verdad».
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*Nota: Ya que tenía mucho tiempo sin escribir sobre una nueva parada en nuestro vieje, en el próximo escrito #037 (en la Parte II) inicié con los nativos.

Financiación educativa (#040<=//==>)

(índice)

Fuimos a visitar a una de las mejores maestras de la nación y, por extensión, una de sus personalidades más prestigiosas.
Es experta en finanzas. Enseña, a niños de todas las edades, desde precios de equilibrio hasta elasticidad de demanda y de oferta, pasando por costo de oportunidad y externalidades.

Antes de ir a visitarla, mis padres me comentaron que allí la educación básica es gratuita pero no pública: El estado da bonos, que sólo pueden ser gastados en servicios educativos, para que los padres decidan cuál de estos usar, para que decidan cómo desean que sus hijos sean formados.
En particular, la amiga de mis padres ofrece tres modalidades: directa, presencial y delegada; con lo que cubre toda la gama de posibles beneficiarios.
La modalidad más básica, y barata, está regida por un contrato mínimo estándar con el visto bueno de una mayoría calificada del consejo ejecutivo. (No es una ley, es el contrato mínimo aconsejado a los ciudadanos.)
Obtiene sus mayores ingresos como consejera, los obtiene de su capacidad para ver el potencial de sus alumnos, de sentar las bases para una productiva carrera profesional. En los contratos establece que los estudiantes pagarán una proporción ínfima (menos del 0,1%) de lo que declaren fisco por el resto de sus vidas.

La educación superior funciona bajo un principio similar pero financiado por el sector privado.
Las empresas reclutan a los estudiantes aptos y financian su formación en las áreas específicas que necesitan (¿quién mejor para ello?), pudiendo hacerse traspasos de los empleados entre empresas siguiendo las clausulas correspondientes, que van desde mantener la residencia en una ciudad en específico hasta el aumento del salario en una proporción determina con cada traspaso.

Hay fondos benéficos que reparten becas con la única condición de recibir una fracción (no más de 7%) de los ingresos brutos generados por trabajar en áreas relacionadas durante un tiempo determinado (no más de quince años).
En aquel momento me llamaron la atención los fondos dedicados al arte: Los pocos artistas que logran vivir de sus obras, y hacer fortuna, son los que financian los primeros años de los noveles.
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*Nota: Estos modelos educativos pueden ser distorcionados con facilidad, en especial por alguno de los tiranos de la decimoquinta nación que visitamos y que describiré en la Parte ii de estos escritos (#043).

Descubrimiento de leyes (#050<=//=>)

(índice)

Para los mercaderes la justicia está en hacer honor a los acuerdos suscritos, sin importar si estos parecen ser maliciosos o ventajista.

Al surgir un conflicto se debe rediseñar el contrato de origen, ya sea en el comité ejecutivo local, provincial o nacional. Se inicia un debate en el comité con la participación de los involucrados, o de sus representantes.
Se debate cuál es «el espíritu del conflicto», cuál su fundamento, bajo que principios actuaron las partes, cómo pueden regularse esos principios y hacerlos tangibles, predecibles.
En ocasiones, si alguien sufrió un daño o perjuicio, el comité puede dar una compensación. Pero ello sólo si se usó un contrato de los recomendados por el comité ejecutivo consultado.

En el proceso no se espera hallar un culpable ni mucho menos hacerle pagar una pena. El único objetivo es perfeccionar el contrato vulnerado, evitar que vuelva a surgir un conflicto similar.
Al fin y al cabo, para ellos, la justicia se encarga de descubrir las leyes intrínsecas presentes en una sociedad en una época dada.

Tales debates son protagonizados por profesionales dedicados a ello. Ya sea uno de los representantes electos para estar en el comité ejecutivo pertinente o por un orador externo.
Si el proceso es de alto perfil es común que contraten sofistas y, en ocasiones, ello se hace en subastas públicas. Es un espectáculo fascinante, es un debate a una sola voz:

Se inicia con el sofista puesto a prueba por una de las partes interesadas. Convence a todos. Quienes asisten creen que ya se acabó, que no es posible rebatir tales argumentos, es entonces cuando surge la magia: La contraparte (en la subasta) ofrece una puja mayor y el sofista, sin pudor ni duda, empieza su alegato desdiciendo todo lo expuesto con anterioridad. Convenciendo a los asistentes de su nueva posición, hablando hasta que todos creen que ya se acabó, que no es posible rebatir tales argumentos, y entonces vuelve a surgir la magia: Alguien más aumenta la oferta por sus servicios, el sofista analiza la situación y empieza a esgrimir tantos argumentos como sean necesarios… Con cada nueva oferta se está más cerca de la verdad, de la ley.

La subasta continúa hasta que una de las parte detecta, o cree detectar, algún error y deja de ofertar. Siempre queda la duda si el sofista erró o si sólo simuló errar, ellos también tienen corazón en el pecho, y a veces lo sienten latir.
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*Nota: En el siguiente escrito (#050) volví con los religiosos, comentando sobre sus impuestos más destacados, y después finalicé la Parte I con lo que mantiene la cohesión social entre mercaderes.

La supremacía bursátil (#052<=//==>)

(índice)

El dinero es sólo una herramienta para medir la inclinación de ánimo, o interés, de la sociedad hacía un bien, entidad o servicio.
Por eso las instituciones más importantes entre mercaderes, incluso más que las estatales, son las bolsas de valores. Allí se determina el interés que tiene sociedad sobre cualquier materia o concepto imaginable, desde bienes y servicios hasta el funcionamiento de un gobierno.

El conjunto de edificios del complejo bursátil es alucinante. Fue el primer lugar al que nos llevaron a visitar (y al que más fuimos en general).
Me sorprendió la cantidad de jóvenes que había haciendo trámites.
A todo mercader, de cualquiera de las naciones, al cumplir 19 años, se le asigna una cuenta bursátil para operar instrumentos financieros básicos y con montos bajos. En la medida que demuestra entender los mecanismos de descubrimiento de precios, y ya cumplidos los 23, el corredor puede transar derivados y hacer operaciones apalancadas.
A partir de los 29, o con más de 11 años de experiencia, no hay restricciones más allá de las que dictan la lógica básica y las cláusulas contractuales que previenen el fraude, el monopolio y el abuso de información y/o autoridad

Las salas de operaciones son menos movidas de lo que imaginaba. Se siente una suave tensión, una tensión casi sacra.
La mayoría de la gente actúa con calma y parsimonia, sólo usan la bolsa como medio de cobertura, como una herramienta para hacer más eficiente su actividad productiva. Al menos así lo expresaron todos los lugareños que conocí.
No hay demasiado espacio para el arbitraje pues todos saben de finanzas. Todos gustan de mercar lo que producen así sea poco eficiente, lo hacen como pasatiempo. Por ello no hay espacio para la reventa, casi nadie se dedica en exclusiva al comercio.

Una práctica destacable es en torno a las empresas relacionadas a monopolios naturales pues la asignación, o retiro, de concesiones depende de la capitalización bursátil de cada cual.
Los usuarios determinan esa capitalización. De manera periódica se emiten nuevas acciones, entregándose la mitad a los usuarios (por lo general siete acciones cada año) y dándoles plena libertad de mercar con ellas. Así, sus expectativas sobre el valor futuro de las empresas, basados en el desempeño actual, hace que el precio por acción fluctúe y con él la capitalización y probabilidad de obtener nuevas concesiones (y con ello más usuarios y mayor capitalización…)
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*Nota: Si aquí hablé sobre algunas herramientas para alcanzar acuerdos sociales, a continuación hablaré sobre otra más para fomentar la unión de naciones disparejas (#052, en la Parte II).

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Índice. Capítulo 11
  1. Afluencia por interés
  2. Contratos necesarios
  3. Financiación educativa
  4. Descubrimiento de leyes
  5. La supremacía bursátil

(índice general)


Índice
(en construcción según el itinerario de viaje)
  • Parte I
    • Cap01. De donde impera la fuerza bruta
    • Cap02. De donde impera la prolificidad
    • Cap03. De donde imperan las artimañas
    • Cap04. De donde impera la fuerza bruta de los abuelos
    • Cap05. De donde imperan las creencias
    • Cap06. De donde imperan la prolificidad de religiosos
    • Cap07. De donde impera el mando único
    • Cap08. De donde imperan las artimañas cuasireligiosas
    • Cap09. De donde impera la fuerza bruta subdividida
    • Cap10. De donde imperan las creencias bien unificadas
    • Cap11. De donde impera el libre mercado

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