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A05-Monarcas m02 Cambios de gobierno Viaje

Traspaso de coronas

[Microrrelato (337 p.) parte de El viaje]
– De la importancia que se le da a los nietos entre monarcas

Ser rey en sí mismo no es demasiado pretendido: son muchas más las obligaciones, con respecto a ser duque, que los beneficios que trae consigo. Los duques dirigen la política económica y social de sus ducados, dejándole la jefatura de estado al rey.
Por eso los seis duques del reino no disputan el trono al séptimo, aunque siempre estén dispuestos a ocuparlo: Nunca dejará de ser un honor representar al reino, dicen.

Al morir el rey, sólo puede heredar el trono aquel vástago que tenga el hijo(a) mayor, es decir, se sigue la línea sucesoria que lleva al nieto(a) mayor del rey. Si el rey no tuvo nietos en vida asumirá el duque que tenga el hijo(a) con más descendientes, sin importar sus edades.
Igual pasa con el ducado con respecto a los marqueses. Cada ducado tiene 17 marquesados y 53 condados (los marquesados son condados fronterizos, por ello se les da mayor relevancia).

Por su parte, si un marqués o un conde no tiene nieto(a) en vida, la corona pasa al hermano(a) que más nietos tenga. Si ninguno tiene (lo cual ha ocurrido en un condado, a lo sumo, por generación), queda en manos del duque la designación, a menos que el rey decida que es un asunto primordial para la unidad del reino, y actúe en consecuencia. En todo caso dicha designación ha de recaer sobre un pariente con, al menos, tres nietos.

Igual pasa en la vida privada:
Los bienes de fortuna, cuantiosos o escasos, son heredados por el descendiente que haya dado el nieto(a) mayor. Si no hay nietos, las leyes y tradiciones en cada ramo establece los pasos a seguir. Pudiendo la monarquía gubernamental intervenir si avizora algún conflicto que comprometa al reino.

Un monarca puede abdicar de sus deberes, siempre en favor de quien cumpla con el susodicho principio, y con la venía del rey, o del consejo real de ser necesario.
Lo primordial siempre es mantener la estabilidad del reino. Todos los caminos siempre conducen al rey, a la (plaza de la) concordia.

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*Este escrito es la continuación de Arribo como monocéfalo (del Cap. 07)

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